28 jun 2010

Stop the world, I wanna get off

Teléfono. Del otro lado se escuchaba una voz que podía reconocer fácilmente, con la diferencia de que no sonaba como estaba acostumbrado. Se sentía como ahogada y sus palabras estaban más cerca de parecer un llanto que de formar oraciones entendibles. A duras penas podía decodificar algunas palabras, entre las que interpretaba que estaba muy mal y que me necesitaba, urgente. Esa era toda la información que tenía, ya que no podía entender lo que me quería decir y antes de darme cuenta, corta. Pruebo llamarla nuevamente, pero no atiende. No tenía otra forma de contactarla.

Salí corriendo de casa. Literalmente corriendo, ya que era de noche y no tenía tiempo de esperar ningún taxi o colectivo, y esas cerca de veinte cuadras que separaban mi casa de la suya de repente se hacían eternas en la desesperación por llegar lo antes posible. Toqué el timbre, me hicieron pasar sin problemas ya que en esa época pasaba más tiempo ahí que en mi propia casa, pero era la primera vez que llegaba súbitamente de noche y sin aviso. Evidentemente, algo había pasado, pero nadie estaba al tanto. Subo las escaleras para ir a buscarla, ya que suponía que iba a estar en su cuarto, pero en el camino la encuentro tirada en el medio de uno de los pasillos interiores… La imagen era demasiado fuerte como para ser real. No reaccionaba.

La nena se había tomado un cóctel de medicamentos, incluyendo muchos valium. Obviamente, no los había tomado por equivocación. Gritos, preguntas, culpas, llanto… Mucho huevo en la garganta y frases trilladas relacionadas con “vas a estar bien”, pero estaba a la vista que no estaba nada bien (es más, ni siquiera sabíamos si nos escuchaba). No sé cuánto habrá tardado en llegar la ambulancia, pero a mí me parecieron siglos. Lo único que se cruzaba por mi cabeza era desear que no fuera demasiado tarde. Aparentemente, yo no había sido al único a quien ella le había pedido ayuda: un amigo suyo también llegó más o menos cuando vino la ambulancia, y vaya uno a saber a cuanta gente más le habrá pedido sutilmente ayuda también (pero jamás aparecieron).

Hospital. Nadie decía nada, pero las caras de preocupación decían todo. Con el correr de los meses, se había transformado en una parte muy importante de mi vida como para siquiera considerar el hecho de que le pasara algo, pero lo que realmente me aterrorizaba era la idea de perderla. El simple hecho de separarnos por un rato por momentos se tornaba una eternidad, por lo que era impensable la idea de que no estuviera más, para siempre. Por suerte habíamos llegado a tiempo. Parecía que la nena iba a estar bien, lo cual me dejaba levemente más tranquilo. Vaya uno a saber qué hubiera pasado si no hubiera salido de casa a buscarla…

Iba a estar bien. Bien. Bien es relativo a veces. Bien, para el resto, era que pudiera contar la historia después, pero realmente ella no estaba bien. La historia la iba a poder contar, pero los días siguientes no quería siquiera salir de su cuarto salvo ocasiones que lo ameritasen, llegando al punto que más de una vez la madre llegó a llamarme por por teléfono para que la convenciera de salir de su cuarto para comer o bañarse. La carga de ser “la única persona a la que quería ver” era, de repente, una mochila muy pesada de cargar, incluso en el caso de que solamente quisiera llamar la atención. Afortunadamente para ella, la quería demasiado como para no hacerme cargo de lo que necesitaba.

Con el correr de los días, a simple vista uno podía ver sus brazos con pequeñas cicatrices de cortes. Ninguna era considerable o lo suficientemente profunda como para considerarla una herida, pero esos raspones de todas formas eran una clara muestra de su protesta en contra de la vida y su pedido a gritos de atención, que para su suerte, la mayoría de su gente cercana le podíamos brindar. Con un cutter en la cartera siempre listo, no tenía inconvenientes en amenazar con cortarse los brazos si no se hacía o decía lo que ella quería.

Por momentos, el aire de su habitación se hacía impenetrable, era demasiada la tensión para un solo lugar. La nena lentamente dejaba las malas costumbres de lastimarse, para empezar de a poco a estar mejor. Era algo impulsivo y esporádico, algo momentáneo que no se iba a extender en el tiempo (o al menos, eso creía su psicóloga, considerándolo simplemente un “acting out” para desviar la atención de todos hacia ella). Todos pensaban en las secuelas que eso podía acarrearle más adelante, esperando que estuviera bien. Lamentablemente, nadie pensó en las secuelas que podía tener todo esto en mí a futuro, y lo que es aún peor, es el día de hoy que creo que nadie siquiera atinó a preguntármelo... y sin embargo, mucho tiempo después, es el día de hoy que todavía por momentos se siente.

1 comentario:

  1. Pelu, no comento en todos, no entro a diario, pero cuando entro leo lo nuevo que hayas posteado, y me lleva a otro, a otro... Muy bueno.

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