8 dic. 2010

Citas

"Soledad era independencia, yo me la había deseado, y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas."
(El lobo estepario. Herman Hesse).

"El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos."
(El lobo estepario. Herman Hesse)

Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."
(Demian. Herman Hesse)

Veronika decide morir

-No sé lo que es un loco -susurró Veronika-, pero yo no lo soy. Soy una suicida frustrada.

-Loco es quien vive en un mundo propio. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.

-¿Como tú?

-Sin embargo -continuó Zedka, fingiendo no haber oído el comentario-, ya debes de haber oído hablar de Einstein, que afirmaba que nó había tiempo ni espacio, sino una fusión de ambos. O de Colón, que aseguraba que al otro lado del mar no había un abismo, sino un continente. O de Edmund Hillary, que confirmaba que un hombre podía llegar a la cumbre del Everest. O de los Beatles, que crearon una música diferente y se vestían de manera totalmente innovadora. Tódas estas personas, y millares de otras, también vivían en su mundo.

Esta demente está diciendo cosas con sentido , pensó Veronika, acordándose de las historias que su madre le contaba acerca de santos que afirmaban hablar con Jesús o con la Virgen María. ¿Vivían en un mundo aparte?

-Una vez vi a una mujer con un vestido rojo, escotado, con los ojos vidriosos, andando por las calles de Ljubljana cuando el termómetro marcaba cinco grados bajo cero. Pensé que estaría borracha y fui a ayudarla, pero ella rechazó mi abrigo.

-Quizás en su mundo fuese verano, y su cuerpo estuviera caliente por el deseo de alguien a quien esperaba. Y aunque esa otra persona existiese apenas en su delirio, ella tiene el derecho de vivir y morir como quiera, ¿no crees?

Veronika no sabía qué decir, pero las palabras de aquella loca tenían sentido. ¿Quién sabe si no era la misma mujer que había visto semidesnuda en las calles de Ljubljana?

-Te contaré una historia -dijo Zedka-. Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino colocó una poción mágica en un pozo del que todos sus habitantes bebían. Quien tomase aquella agua, se volvería loco.

A la mañana siguiente, toda la población bebió y todos enloquecieron, menos el rey, que tenía un pozo privado para él y su familia, donde el hechicero no había conseguido entrar El monarca, preocupado, intentó controlar a la población ordenando una serie de medidas de seguridad y de salud pública, pero los policías e inspectores habían bebido el agua envenenada, y juzgando absurdas las disposiciones reales, decidieron no respetarlas de manera alguna.

Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron del contenido de los decretos, quedaron convencidos de que el soberano había enloquecido y por eso disponía cosas sin sentido. A gritos fueron hasta el castillo exigiendo que renunciase.

Desesperado, el rey se declaró dispuesto a dejar el trono, pero la reina lo impidió diciendo: Vayamos ahora hasta la fuente y bebamos también. Así nos volveremos iguales a ellos.

Y así se hizo: el rey y la reina bebieron el agua de la locura y empezaron inmediatamente a decir cosas sin sentido. Al momento sus súbditos se arrepintieron: ahora que el rey estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejarle gobernar?

El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportasen de manera muy diferente a sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el fin de sus días.

Veronika se rió.

-Tú no pareces loca -dijo.

-Pero lo soy, aunque esté siendo curada, porque mi caso es simple: basta recolocar en el organismo una determinada sustancia química. Sin embargo, espero que esa sustancia se limite tan sólo a resolver mi problema de depresión crónica; quiero continuar loca viviendo mi vida de la manera que yo sueño y no de la manera en que otros desean. ¿Sabes lo que hay allá afuera, detrás de los muros de Villete?

-Gente que bebió del mismo pozo. -Exactamente -dijo Zedka-. Creen que son normales porque todos hacen lo mismo. Voy a fingir que también bebí de aquella agua.

(Paulo Coelho)

25 oct. 2010

Uccidi a Beatrice, Dante

Dante Alighieri fue un gran poeta, que incluso al día de hoy, es impactante leer. En algunas de sus obras más importantes como “La Divina Comedia” o “Vida Nueva” no solamente es capaz de deleitar a cualquier lector sino que, además, también cuenta muchos de su vida. Además de ser un gran poeta y escritor, Dante también fue un amante empedernido. A la tierna edad de 9 años conoció a Beatrice Pontinari, de quien se enamoró perdidamente, sin condicionamientos. Curiosamente, este amor fue más bien unilateral… pero Dante, contra viento y marea, juró y perjuró su amor por Beatrice, incluso, dedicándole muchos de los mejores versos jamás escritos a una mujer, y que incluso hoy cerca de setecientos años después, se siguen leyendo en todos los idiomas.

Tal fue la importancia de Beatrice que fue casi la razón de su vida… pero lamentablemente, no solamente jamás pudo corresponder su amor, sino que además desgracidamente Beatrice falleció a los 25 años. Al año siguiente, Dante se casó con otra mujer, con quien tuvo cuatro hijos… pero eso no quitaría que, incluso decenas de años después, su amor siguiera siendo Beatrice. Incondicional. Eso era Dante… y quizás para más de una mujer, un romántico incurable, ese tipo ideal para agarrar y no soltar más. Beatrice evidentemente no pensaba lo mismo. Ni siquiera “La Divina Comedia” escrita para ella pudo hacer que la situación cambie.

Dante tiene que matar a Beatrice. Sí, leyeron bien. La tiene que matar, de una vez por todas. No puede ser que le siga jorobando la existencia muchísimos años después de haber dejado de existir en su vida. De hecho, en algún punto, ni siquiera se podría decir que alguna vez realmente “existió” en su vida, más que en su imaginario que derrochaba amor a granel mientras a Beatrice le daba igual. Ojalá se hubiera enamorado en serio de otra, especialmente, de su esposa y madre de sus hijos… pero lamentablemente, si así hubiera sido, jamás hubiéramos tenido “Divina Comedia”, ni mucho menos, estaríamos pensando en él y sus cosas. No es tan fácil matar a Beatrice… pero quizás, sólo quizás, si la mataba realmente (en su mente) hubiera sido mucho más feliz.



3 oct. 2010

Amor

Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única. (Borges)

En un beso, sabrás todo lo que he callado. (Neruda)

Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. (Sam Keen)

El hombre y la mujer han nacido para amarse, pero no para vivir juntos. Los amantes célebres de la historia vivieron siempre separados.(Clarasó)

Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho. (Rousseau)

Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad. (Leibniz)

Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto. (Claraso)

Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado. (Shakespeare)

Los besos son como pepitas de oro o de plata, halladas en tierra y sin un gran valor, pero preciosas porque revelan que cerca hay una mina.

Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.(Nietzche)

El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.(Benavente)

Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva. (Mark Twain)

El amor puede esperar todavía cuando la razón desespera. (Lyttelton)





26 sept. 2010

Don´t look back in anger

La excusa para que fuera a su casa era juntarnos a estudiar. Ni hacía falta que nos juntáramos, es más, yo ya había rendido bien la materia, y justamente esa era la causa por la que iba a ir a darle una mano con el estudio. Me tomé el 98 y casi una hora después, estaba en un recóndito y desconocido (al menos para mí) lugar de zona sur, intentando localizar mi destino. Una vez ahí, hicimos de todo menos estudiar: salimos a dar una vuelta, compramos un par de cosas y hasta recuerdo que inesperadamente me vacuné contra la rubeola en un puestito sanitario en la calle. Claro, todo era más divertido que estudiar, especialmente para mí que realmente no lo necesitaba…

Lo más divertido de la tarde fue una guerra de agua y jabón que empezó de la nada. Con una esponja, jabón, detergente y un cepillo como armas terminamos inevitablemente enchastrados. Me encantaban esas cosas, y con ella la pasaba siempre bien. La química que había se notaba a distancia (o al menos, eso decían todos los que nos conocían). Teníamos demasiada confianza para lo que realmente éramos: simplemente compañeros de facultad, que sabían que se tenían ganas, pero siempre se postergaba que pasara algo. Quizás ese hecho de que sabíamos que en algún momento iba a pasar, pero ninguno de los dos quería hacerse cargo, lo hacía aún más emocionante y divertido.

Vale decir que el "pequeño detalle" de que ella tenía novio influía bastante en nuestra situación, especialmente considerando lo estructurado que soy y lo mucho que me cuestan esas cosas. Sin embargo, por momentos me olvidaba de eso y me dejaba llevar un poco en la vorágine de esa amistad confusa que ambos sabíamos que tarde o temprano iba a terminar en desastre. En realidad, con el novio tenía una relación rara, donde su situación era una mezcla de “tengo miedo” y “a esta altura, estoy por estar” con una buena dosis de “no puedo estar sola”. Por mi parte, no quería problemas, y era muchísimo más cómodo esperar a que su relación terminara por decantación, para que yo tuviera libertad de hacer lo que quisiera sin culpas, remordimientos ni limitación alguna.

Toda estructura tiene un punto flojo, y toda regla tiene su excepción. Yo no quería engancharme, y mucho menos, siendo consciente de estos detalles. Fue inevitable... en su casa tenía un piano grande, muy lindo. Le pregunté si sabía tocar, y me dijo que sabía muy poco, que había aprendido de chiquita, pero casi ni se acordaba. Obviamente, quise que tocara algo… se resistió un poco, pero al final accedió. Hasta canchereó preguntándome qué quería que tocara, pero yo no tenía muchas pretensiones, simplemente matar mi curiosidad de ver como tocaba. Finalmente eligió ella, “Don´t look back in anger” de Oasis. Ese tema me encanta, y creo que me gusta mucho más después que la escuché tocarlo mientras cantaba.

Quizás si lo veía y escuchaba cualquier otro, diría que no era nada del otro mundo, pero a mí me puso la piel de gallina y me revolvió la panza, al punto tal que me dijo que la acompañara cantando pero ni siquiera podía hablar para decir algo coherente para excusarme. Ahí se cayó toda mi estructura, haciendo la excepción a la regla. En ese momento me di cuenta que esa mina me encantaba más de lo que pensaba, y que iba a ser un dolor de cabeza la situación: en un mes me tocaba irme a Estados Unidos por un largo tiempo, y claro está, también ella tenía novio. Ambas situaciones tenían tiempo de caducidad, y curiosamente, se dieron juntas: ella cortó son su novio en el mismo momento que yo me subía al avión, mientras leía su carta que decía claramente “no leer hasta no estar volando”.



20 sept. 2010

Diablita

A veces arranco a contar historias o anécdotas sin arrancar por el principio. De ahora en más, voy a empezar a usar las etiquetas en el blog y empezar a escribir con algo de linealidad en mis relatos, para que de esta forma pueda continuar mis escritos sin hacer posts kilométricos que probablemente espanten a cualquier lector desprevenido. De paso, también voy a empezar a agregar nombres (no reales) como para poder ir siguiendo el hilo de todo. Cualquier similitud con la realidad, no es pura coincidencia. Están avisados…

Voy a arrancar contando el principio del principio (valga la redundancia) de lo último que conté (“manos frías”). Un día como cualquier otro, veo que me agrega una desconocida en facebook, por lo que como hacen casi todos, me puse a chusmear fotos. Lo primero que hacen casi todos los hombres (por más que pocos lo admitan) es ir a las fotos del verano a ver las fotos en malla… sisi, esas fotos donde no hay mucho que esconder. Salvo casos muy atípicos, no suelo aceptar gente que no conozco salvo que tenga gente en común o al menos sepa de su existencia física.

Retomando, me agregó, teniendo dos personas en común (de la facultad). Me bastaron un par de fotos para aceptarla, ya que me parecían muy interesantes… la gran mayoría tenían mucha producción encima, y se notaba que no eran fotos caseras. Es más, hubiera apostado a que eran fotos profesionales en su mayoría. Claramente, esta chica tenía que vivir de algo relacionado con eso, no podía ser un simple hobby. La curiosidad mató al gato. La acepté y la dejé ahí en “stand by” por meses, pasando a ser una más del montón de amigos virtuales de facebook.

Tres meses después, subió fotos nuevas, de alguna producción al azar. Chusmeé así al pasar, y ví que algunas eran en un lugar conocido… ¡Era mi facultad, la gloriosa facultad de derecho de la UBA! Era muy posible que estudiara conmigo, por la gente en común y por las fotos. Por las dudas, no vaya a ser cosa que me estuviera confundiendo de lugar, me puse a mirar más detalladamente las fotos. Detalladamente en serio… ¡al punto tal que descubrí que en una de sus fotos había una chica disfrazada de diablita que se veía muy a lo lejos! Eran fotos en serio, probablemente usadas para alguna publicidad gráfica o similar… ¿Cómo se las podía haber escapado un detalle así? Muy poco serio… Claro, nadie miraba el fondo, sino simplemente las piernas de la fotografiada.

Me animé, y le comenté la foto, contándole mi curioso descubrimiento. Ni siquiera esperaba una respuesta. De todas formas la tuve, y fue mucho más simpática de lo que suponía. Ahora sí que me daba más curiosidad ésta chica… no solamente era linda, sino que además era simpática y hasta me había agregado al facebook por alguna razón. Necesitaba saber un poco más, era inevitable. Así fue como intercambiamos MSN´s y empezamos a hablar. Fue instantáneo. Natubel era un amor. A los dos o tres días, ya moríamos de ganas de vernos.

Nuestro primer encuentro iba a ser simplemente que yo la acompañe al molesto martirio de tramitar el pasaporte, haciéndole realizar los trámites acompañada para que fuera levemente más tolerables. Le encantó la idea, por lo que fuimos a tramitar el pasaporte tal cual lo planeado… esa fue nuestra segunda “salida”. La primera, fue la del McDonald´s del centro, que se alargó hasta la noche donde tenía las manos frías… el resto, es una historia demasiado larga como para contar en este post.

14 sept. 2010

Manos frías

Una casualidad fue llevando a la otra, hasta que quedamos en encontrarnos en un McDonald´s sobre una peatonal del microcentro. Ella tenía que hacer tiempo mientras repasaba las líneas de una obra de teatro importante que ensayaba más tarde, yo tenía un hueco en mi mediodía/tarde y andaba por la zona. Llegué a las corridas, saltando los charcos dejados por el día lluvioso. Me esperaba sentada en una mesa, apenas subiendo las escaleras. La ví, e instantáneamente tuve esa sensación de que iba a ser un encuentro muy interesante. El tiempo me hizo ver que esa sensación se quedaba corta…

Recuerdo que ese día tenía unos ojos gigantes, llenos de brillo. Si fuera un poco más ganso, diría que eran como dos luceros que alumbraban mi camino… pero soy solamente un poco ganso, así que me limito a decir que me llamaron muchísimo la atención. Su sonrisa era casi medida, a tal punto que sabía exactamente cómo usarla para comprarse a quien quisiera. Tan medida era, que al rato de hablar me confesó que desde chiquita había pasado horas practicándola frente al espejo, porque de grande quería llegar a ser alguien importante y la sonrisa iba a ser fundamental (y vale decir, que el resultado valía la pena, porque estaba milimétricamente perfeccionada).

La charla se dio como si nos conociéramos hace mucho tiempo, llegando a formar una confianza extrañamente placentera, al punto tal que casi sin siquiera mencionarlo la terminé acompañando hasta la noche. Habíamos pasado horas juntos, pero nos parecía solamente un ratito, quedándonos con ganas de más en todo momento. Era como un vicio, un impulso que no se podía frenar, que se generó velozmente sin buscarlo. Sin darme cuenta, ya era una pequeña parte de su vida, y casi sin quererlo, ella también de la mía. Me encantaba su actitud, las ganas que le ponía a todo, y cómo no disimulaba cuando realmente quería algo. El mediodía lluvioso se había transformado en una noche fría, y ya era hora de volver a casa.

En un momento me toca el brazo, con las manos congeladas, a lo que instintivamente le dije “tenés las manos frías”. Su respuesta simplemente fue “dicen que a manos frías, amor de un día”, mientras me miraba fijamente. Jamás lo había escuchado antes, pero me quedó grabado, vaya uno a saber por qué. Después de saludarla, mientras volvía a casa me quedé pensando en eso de amor de un día… ¿Amor de un día? Qué raro, para mí parecía como que daba para largo. Por suerte, a ella le pareció lo mismo… No me equivoqué.



13 sept. 2010

Cruzados

Por momentos se tornaba incómodo andar con ella. Una vez, en un trayecto de veinte cuadras que caminamos juntos, le tocaron bocina cuatro veces, dos autos pasaron excesivamente lento nada más que para mirarla sacando la cabeza por la ventana, una multitud se dio vuelta disimuladamente para apreciarla y hasta un loco incluso tuvo el coraje de venir a decirme "con todo respeto, tu chica es muy linda", mientras me daba la mano como felicitándome. Ella ni se inmutaba... es más, creo que ni debía ser del todo consciente de todo lo que generaba.

Lo curioso del caso, es que andaba de jeans y zapatillas. No tenía un escote pronunciado, ni tacos llamativos, ni pollera corta. Nada. Dicho así, hasta uno podría pensar que era más de un montón, pero no lo era. A su caminata le sobraba elegancia, se movía como si estuviera en un desfile de alta costura, pero con la naturalidad con la que cualquier otra va a comprar el diario a la esquina.

Un día como cualquier otro, estábamos caminando por ahí (con todo lo que eso generaba alrededor) hasta que ví en la distancia una cara conocida. Sí, más que conocida, diría que en algún momento había sido demasiado cercana, por no decir íntima... y venía acompañada. Me vio, la vi. No había más chances de hacernos los tontos, nos vimos al mismo tiempo. Nos cruzamos, pero ni me miró. Yo hice lo mismo... ni un hola, ni un gesto, nada.

Pasó. Momento raro, pero pasó por al lado mío como si no fuera ella la que tiempo atrás me daba besos y abrazos que me dejaban sin aliento. En ese momento, fuimos dos fantasmas, y ni siquiera atiné a mirar para atrás al pasar (ni sé si ella hizo lo mismo tampoco). Segundos después, quién me acompañaba me dijo "¿qué le pasa a esa chica que me miró así? no sé, como con bronca, algo". "Vaya uno a saber..." fueron las palabras que pude decir, y seguí caminando como si nada, esperando el próximo bocinazo mientras a escondidas esbozaba una sonrisita pícara.



7 sept. 2010

Escribir

Tengo ganas de contar mis cosas, pero no sé a quién le puede llegar a interesar. ¿Acaso hay alguien a quien realmente le interese mis historias de amores fallidos o de conquistas exitosas, mis peleas con gente querida o mis meteduras de pata?De todas formas, en definitiva, son cosas del pasado, que se fueron para no volver. Por momentos recuerdo un montón de cosas lindas, y me quedo fantaseando por un rato. Por ahí esa es la causa por la cual no escribo, porque al hacerlo estaría indirectamente reviviendo un poco más nítidamente las cosas que no voy a volver a tener por más que me lo proponga.

Soy muy perfeccionista, y si quiero algo hago todo lo posible para tenerlo. Incluso, más de una vez intenté lo imposible para lograrlo, sorprendiéndome más de una vez, pero si hay algo que jamás voy a poder hacer es volver el tiempo atrás, o cambiar las cosas que no dependen exclusivamente de mí. La gente cambia, evoluciona, y uno tiene que seguir el ritmo porque sino se queda estancado en un mundo que se mueve demasiado rápido a veces como para seguirle el ritmo. Escribir, darle vueltas a asuntos imposibles de resolver, sería un sinsentido.

Insisto, tengo mil cosas que contar, pero simplemente no me largo a contarlas. A veces, ni a las personas más cercanas de mi vida se las cuento… mucho menos me voy a poner a divagar en este blog sobre esas cosas. Además, cuando escribo soy detallista, y si nadie tiene ganas de leer historias ajenas menos ganas van a tener de leer las que son demasiado largas. Quizás pueda escribir por capítulos, relatando todo con detalles, si es que la gente no se aburre. ¿La gente? ¿Cuántos leerán este blog? Pocos. ¿A cuántos le interesarán mis pavadas? Quizás a alguno, con suerte.

En definitiva, no soy especial, soy uno más del montón. Me pasaron algunas cosas geniales, y otras sorprendentemente decepcionantes, pero aún así soy uno más. No hay nada que me haga merecedor de que el resto pierda su tiempo en leerme, demasiado tienen con su propia vida e historias como para compenetrarse un poco con las mías (especialmente, si no me conocen). Qué se yo… quizás, de todas formas, me largue a escribir… quién sabe, quizás le llego al menos a una persona, y le cambio el día. En ese caso, creo, habrá valido la pena entonces…



24 ago. 2010

De paradigmas, monos y tragos de boliche

Muchas veces, uno hace las cosas por costumbre, o simplemente porque siempre se hizo de esa forma, sin ponerse a pensar un poco en la causa, el desencadenador o la esencia que lleva a que uno actúe así. Siempre es más fácil hacer las cosas como un robot que ponerse a buscar el objetivo final a lo que hacemos, y si los medios que usamos para alcanzarlo son los más aptos. Al escribir estas palabras aparece gratamente en mi mente una historia interesante sobre un experimento psicológico que tuve la grata suerte de releer en el libro de Adrián Paenza “Matemática, ¿estas ahí?”.

Leído con una mente abierta y objetiva, es un claro ejemplo de la realidad que a veces encontramos en nuestra vida diaria sin darnos cuenta. A partir de este llamado al pensamiento abstracto - y aclarando que cualquier error, falta, omisión, defecto o supresión de virtud que vislumbren en ustedes mismos a partir de esta nota es de tácita inclusión e incumbencia de quien escribe -, los invito a seguir leyendo:

"Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula. En el centro de la misma, colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cada vez que un mono intentaba subir la escalera para agarrar las frutas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de cierto lapso de tiempo, cuando un mono pretendía subirse a la escalera, sus pares lo molían a palos.

Pasado algún tiempo más, ningún mono siquiera soñaba con treparse a la escalera, a pesar de la constante tentación de las bananas. En esa instancia, los científicos sustituyeron a uno de los monos. Por supuesto, por simple reflejo, lo primero que intentó el animal “nuevo” fue subir la escalera. Resultado esperable: de inmediato fue bajado y convenientemente surtido por los otros cuatro. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no volvió a intentar trepar.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Lo mismo ocurrió con el cuarto, hasta que el único que quedaba de la inicial camada de cinco monos abandonó la jaula también.

Los científicos estudiaron el comportamiento del nuevo grupo de animales que, aún cuando nunca habían recibido un baño de agua helada, continuaban golpeando con saña a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible hacer hablar a algunos de los monos, y se le preguntara acerca del motivo por el cual castigaban al que intentara subir la escalera, con certeza la respuesta habría de ser algo como: «No sé, las cosas siempre se han hecho así aquí...»" ¿Les resulta reconocible la circunstancia?

Esta historia es claramente otra metáfora de lo que pasa en la vida cotidiana. ¿Alguno se puso a pensar, por ejemplo, en lo estúpido que suena invitarle un trago a una mujer para levantársela? No conozco a nadie (literalmente) que alguna vez se haya levantado a una mina por invitarle un trago, o al menos, no que esa haya sido la principal causa de su éxito. Si se la levantan es siempre por otros atributos fuera de la “generosidad” de la invitación, o por méritos varios, pero no por invitar el trago.

El simple hecho de pagarle un trago trago a una extraña con ese objetivo denota, más bien, un comportamiento lamentable donde se intenta casi sobornar a la otra persona. Es más: pensar en esa situación hace que se me haga casi inevitable relacionarlo con la prostitución… ¿qué mujer, en su sano juicio, intercambiaría favores a cambio de un trago? Si la respuesta es ninguna, sería lógica. Si la respuesta es alguna, en ese caso le recomendaría a quien le invita el trago que vaya a un cabaret, porque entre entrada al boliche, invitaciones varias de trago y pernocte en un hotelucho de mala muerte termina costando más que una mujer que trabaja por la noche.

Vale agregar, además, que el porcentaje de éxito de invitarle un trago a alguien es casi nula, porque nos hace ver casi desesperados mostrando como única cualidad visible que invitamos el trago porque nos hace falta algo ya que con nosotros mismos no alcanza. Invitar un trago es decir, indirectamente, “hey, no veas todo esto que soy y no vale la pena, te invito este trago mejor”. Cualquier mujer decente, no dudaría en preguntarse que, siendo extraños, no es racional que alguien esté invitándole un trago sin sentido, salvo por la convención social que dicta que si se hace de esa forma hay un interés sexual de parte de quién lo ofrece. Sin embargo, definitivamente, no tiene razón de ser.

Teniendo en cuenta estos puntos, de todas formas nadie se detiene a pensalo, y cada vez que salgo veo como hombres sin demasiado criterio invitan un trago y piensan que si la mujer acepta tienen medio juego ganado, y hasta es casi la obligación de ellas después de la aceptación el hecho de concretar algo más. Wrong again. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Probablemente, al final de la noche se vuelvan solos a su casa y con la billetera muchísimo más flaca, y sin embargo, no se preguntarán por qué no funcionó su táctica que repiten hasta el cansancio todos los fines de semana.

PD: Cualquier similitud de estos hombres con los monos de la historia, es mera coincidencia.

17 ago. 2010

Somebody to love

“Can anybody find me somebody to love?”, decía Freddy Mercury en uno de los temas más significativos de Queen. Es un temazo, pero pensándolo un poco mejor, no comparto ni un poquito. Esas cosas no se buscan, ni mucho menos, uno espera que otro las busque por uno… esas cosas, simplemente, suceden. Más de una persona busca que sucedan y hasta las fuerza para que pasen, y es en todo este proceso que aparecen un montón de “te quiero” irreales.

Hay algunos verbos que son muy fuertes. Te quiero, te amo, te odio. No deberían ser usados así como al pasar. Algunos dicen te quiero tan fácil como se aburren de lo que quieren. Para decir “te quiero” hay que estar seguros, y ser capaces de soportar las consecuencias considerando que la otra persona también sabe del valor que tienen estas palabras. En algún punto, decirlo indirectamente tiene la responsabilidad de hacerse cargo. Freddy, mejor que no te encuentren nadie a quien querer, porque cuando veas lo que es querer en serio vas a ver que no es tan lindo a veces, especialmente, cuando no es recíproco.



14 ago. 2010

Dualidades


Sábado a la noche, el mejor día de la semana. Veo a mis amigos, salgo, la paso bien. Conozco gente, tengo anécdotas para contar. Espero conocer alguna mina que me vuele la cabeza, por más que lo ideal no sería conocerla un sábado a la noche sino alguna tarde como por casualidad en un colectivo o en bar de la facultad. Sea como sea, seguro sea una buena noche. Hoy la rompo.

Sábado a la noche. A veces pega un poco melancólico. Me siento raro, me siento solo, me falta algo. Basta Nicolás, sabés que sos lindo, simpático. Sabés que no te falta nada, y si te falta lo hacés de la nada. A veces no alcanza, ya que no sos omnipotente… y dejá de hablarte a vos mismo, porque parecés esquizofrénico. Tengo que salir a cambiarle un poco la cara a la semana, me pongo las pilas. No voy a dejar en banda a los chicos tampoco…

Llegamos. Lugar top, gente de plata, taco aguja y cartera Louis Vuitton. Me siento cómodo, salvo con eso de la cartera Louis Vuitton, no por la cartera en sí, sino por mi puta costumbre de ser detallista, y para colmo, entender esos detalles que cualquier hombre heterosexual no debería. Esto me hace ser distinto, y por eso cuando tengo ganas hago desastres con ellas. Desastres en el buen sentido. Pulserita, VIP, y a jugar. El juego es el mismo de siempre, y por suerte, juego bien.

Llegamos. Lugar careta si los hay. Tanta superficialidad me abruma. Seguro que esa mina que estoy mirando, estuvo toda la semana pensando qué ponerse para lucir lo mucho que se mató comiendo esa lechuguita todos los almuerzos y cenas. No me va. Me hubiera quedado en casa leyendo un buen libro… pero ya estoy acá, y tampoco quiero bajonear la noche. Al menos por mis amigos, le voy a poner un poco de onda a ver qué sale.

Morocha, metro setenta, piernas eternas. Hermosa, pero no me intimida. Está con dos amigas y un amigo, el grupo ideal. Me mando. Le digo a un amigo, guiñando un ojo y canchereando “It´s showtime”, y abro la conversación derrochando confianza. Conozco la mecánica de memoria: arranco hablando con las amigas sobre alguna trivialidad y rápidamente paso a hablar sobre algo interesante. Una vez que tengo su atención, recién ahí empiezo a jugar. Mi objetivo no recibirá casi nada de atención, es más, probablemente sea su amigo con quien más hable. Una vez que pique el anzuelo, sigo.

Morocha, metro setenta, piernas eternas. Una diva, out of my league. Más por los demás que por mí, me mando. Le guiño un ojo a un amigo, y le digo “It´s showtime”, y me mando. Soy un tarado, no sé que me hago el banana diciendo esas cosas y guiñando el ojo, ¿no ves que sos un idiota Nicolás? ¿No ves que aparte de idiota, te seguís hablando a vos mismo? No importa, la morocha jamás lo va a saber, es más, tampoco va a saber que es mi víctima hasta que sea demasiado tarde. Mejor dicho, se va a dar cuenta demasiado tarde de que soy así de idiota.

“¿Viste la pelea recién? Se tiraron de los pelos, fue un desastre. ¿Podés creer que se peleaban por un pelado bajito que no hacía más que reírse de la situación mientras disfrutaba como se arrancaban los mechones?”. Así empezó la conversación, pero podía haber sido cualquier otra. La morocha no entendió nada, pero cuando se dio cuenta de lo que pasaba ya el amigo gay que la acompañaba sabía todo de mí, y su amiga no paraba de hacerle señas como diciendo “mirá que suerte, te tocó lo que esperabas”. Me creo el rey del mundo.

“¿Viste la pelea recién? Bla bla bla”. Siempre lo mismo. Lo hago porque sé exactamente qué me pueden responder, porque lo hice un millón de veces. Es efectivo, es como cuando juego al ajedrez y arranco con una defensa siciliana. Imposible que salga mal, porque ya es mecánico. Al menos, no voy a pasar un papelón frente a mis amigos, la careteo un rato con que le puse onda y me voy a dormir temprano. Curiosamente, la charla se pone interesante. Su amigo gay le pone onda, y sus amigas escuchan atentamente cualquier historia que me ponga a contar. Mierda que hay gente aburrida en este lugar eh…

Para cuando me doy cuenta, ya estoy jugando con todo su grupo de amigas a ver si son mejores amigas al preguntarle si usan el mismo shampoo. Ese tipo de tests a las mujeres les encanta… Es como que ya esquivé varios jugadores, quedé solo frente al arquero y falta definir nada más. La aíslo del grupo, después de miraditas cómplices con las amigas. No puede salir mal, y si sale mal es solamente un juego, no tan diferente de cualquier arcade donde después del “Game Over” ponés una fichita más y seguís jugando otra vez.

De a poco me engancho en la conversación, y cuando me doy cuenta, casi sin quererlo ya estoy donde quería estar. La que era mi objetivo está claramente interesada, por lo que me la llevo a un lugar más aislado. Es súper acartonado este ritual: lo que supuestamente es original, realmente es todo meticulosamente planificado. ¿Dónde quedó mi creatividad y originalidad?. Lo peor del caso es que ni me interesa, soy como el depredador que mata por placer más que por hambre.

Me cuenta su vida, entramos en confianza. La escucho atentamente, me parece interesante. No denota inteligencia… ¡pero qué buena que está! Es perfecta. Más blabla, y me toca a mí. Le cuento un poco de mí, se sorprende. Le gusta lo que escucha, ya la tengo en el bolsillo. Creo tensión sexual, para que sepa que se viene el beso. No digo nada, se da cuenta sola, como tiene que ser. Le miro la boca, me mira. Concreto. Barrilete cósmico…

Me cuenta su vida, es parte del proceso. Modelo y bailarina, recorrió Europa el año pasado y le encantó, está contenta porque mami y papi le van a comprar un auto. Bla. Es interesante pero me aburre, no vine a buscar eso. No me interesa que tenés un cocker que se llama Fido. Tanta superficialidad me abruma. No me gusta la noche, no me gusta estar con una mina solamente porque tiene buenas piernas y carita de ángel. No me alcanza, no soy así, y sin embargo acá estoy de nuevo.  Le quiero dar un beso, le miro la boca y se da.

Tiene mucha onda. En pocas palabras, me calienta. Esa lengua puede hacer cosas increíbles. No es nada excepcional, pero la paso bien. Vaya uno a saber donde están los chicos… espero que no se vayan sin mí, porque por más que me crea el rey del mundo no me iría con ninguna mina, porque haría que pierda toda la magia si realmente me interesa. Lo mejor va a ser sacarle el celu, encontrarnos otro día y conocerla un poco más. Vuelvo, con cara de campeón mundial, a mis amigos. Les cuento todo, haciéndome el banana nuevamente. Ganador, genio. Delirio, carnaval.

No tiene gusto a nada, es como chupar un clavo (o eso imagino, ya que jamás chupé un clavo). La miro, es hermosa. Es inteligente, es simpática… pero tiene gusto a nada, y no sé porqué. Bah, sé porqué, y sabía que iba a tener gusto a nada, pero lo hice igual. Nuevamente caí en el error de pensar que el hecho de sentirme que puedo tener a la mujer que quiero iba a hacerme sentir un poco mejor. No se parece a ella, no habla igual, no tiene su perfume, no tiene esos ojos gigantes que en algún momento me miraban con amor. Me aburro, me excuso y me voy, no sin antes sacarle el teléfono por si quién sabe qué.. Vuelvo con mis amigos, con cara de feliz cumpleaños simulada. Es egoísta de mi parte que el resto piense que ganaste cuando en realidad perdiste, y decirlo no haría más que ser un desagradecido con la vida. No siempre las cosas fueron fáciles, lo sé mejor que nadie… No importa, el mundo por fuera parece color de rosa. Me vuelvo a casa más vacío de lo que salí. ¿Al menos gané algo, no? Peor es nada.



13 ago. 2010

Alguna vez te preguntaste qué duele más?

Have you ever wondered which hurts the most: saying something and wishing you had not, or saying nothing, and wishing you had?

Love is giving someone the power to destroy you...but trusting them not to.

Do you want me to tell you something really subversive? Love is everything it's cracked up to be. That's why people are so cynical about it. . . . It really is worth fighting for, being brave for, risking everything for. And the trouble is, if you don't risk anything, you risk even more.

Falling for someone the first time is easy...it's the second time around, after you have fallen and trusted someone to catch you and they didn't...when it becomes difficult to let yourself fall again.

There seems to be a kind of order in the universe…in the movement of the stars and the turning of the Earth and the changing of the seasons. But human life is almost pure chaos. Everyone takes his stance, asserts his own right and feelings, mistaking the motives of others, and his own.

Do you ever wonder if we make the moments in our lives or if the moments in our lives make us?

If you could go back and change one thing about your life, would you? And if you did, would that change make your life better? Or would that change ultimately break your heart? Or break the heart of another? Or would you choose an entirely different path? Or would you change just one thing, just one moment? One moment, that you've always wanted back.

Our biggest regrets are not for the things we did -- but, for the things we didn't do. Things we didn't say that could've save someone that we care about. Especially when we can see the dark storm that's headed their way.

Sometimes when you're young, you think nothing can hurt you. It's like being invincible. Your whole life is ahead of you, and you have big plans. Big plans. To find your perfect match. The one that completes you. But as you get older, you realize it's not always that easy. It's not until the end of your life that you realize how the plans you made were simply plans. At the end, when you're looking back instead of forward, you want to believe that you made the most of what life gave you. You want to believe that you're leaving something good behind. You want it all to have mattered.

Do you know what hurts the most about a broken heart? Not being able to remember how you felt before.

I guess you’re right; I’m afraid. I’m afraid to put my guard down. I’m afraid that if you know who I am, you won’t feel the same. And I’m afraid that once my barrier is defeated and I’m comfortable, that you’ll walk away. Because that’s what everyone’s done anyway.

I miss you when something really good happens, because you are the one I want to share it with. I miss you when something is troubling me, because you are the one who understands me so well. I miss you when I laugh and cry because I know that you are the one that makes my laughter grow and my tears disappear. I miss you all the time, but I miss you most when I lay awake at night and think of all the wonderful times we spent with each other.

At this moment, there are 6 billion, 4 hundred, 71 million, 8 hundred, 18 thousand, 6 hundred, 71 people in the world. Some are running scared.. some are coming home. Some tell lies to make it through the day.. others are just now facing the truth. Some are evil men at war with good, and some are good.. struggling with evil. 6 billion people in the world, 6 billion souls -- and sometimes.. all you need is 1.



11 ago. 2010

Sin límites

Lo que importa no es el tamaño del perro en la pelea, sino el tamaño de la pelea en el perro. Frase conocida, pero muy real. La realidad, es que al final, casi todo se define por la actitud que uno tenga frente a lo que se le presenta. No hay limitaciones de ningún tipo, no hay excusas, no hay peros. La vida me hizo darme cuenta que somos lo que generamos. Muchas veces, la vida es totalmente injusta, pero uno a la larga tiende a recibir lo que da, y cuando me refiero a dar, me refiero a darse a uno mismo.

Tal como aprendimos de chiquitos con el cuento de la cigarra y la hormiga, donde la cigarra trabaja durante todo el verano para sobrevivir el invierno mientras la cigarra se rasca, en la vida hay que ser hormiga. A pesar de que “al que madruga Dios lo ayuda”, también “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Sin saber cómo llegar donde queremos estar, no tiene sentido esforzarnos en vano ya que esos esfuerzos podrían ser con otros medios más útiles como para llegar donde queremos.

Los indios creían que eran capaces de hacer que llueva si hacían un ritual con una danza para que llueva. Curiosamente, siempre que danzaban terminaba lloviendo. Definitivamente, su esfuerzo para ellos valía la pena… Por ahí se pasaban ocho meses bailando y cuando finalmente llovía estaban convencidos de que lo habían logrado con la danza, cuando realmente no había ningún tipo de relación entre su danza y la lluvia.

Hace poco le conté a un amigo que me había levantado a las 5 de la mañana para ir a correr antes de ir al trabajo. Su respuesta fue que ni loco lo haría, hasta que recordó que esa mañana había llovido muchísimo. Ahí me dijo que estaba loco, estaba obsesionado. Yo le dije que confundía mi dedicación con obsesión, y que justamente por aplicar eso mismo a todos los aspectos de mi vida en general se me daba todo lo que busco mientras el resto se limita a protestar por lo que no tiene.

No soy perfecto, no soy omnipotente. De hecho, lejos estoy de ambas, pero si hay algo en lo que probablemente me destaque es en el esfuerzo y en la persistencia. Nadie me regaló nada, y justamente eso lo hace más meritorio. No nací siendo el mejor en nada… Puedo ser menos inteligente, menos lindo, menos rápido, menos fuerte o menos culto que otra gente, pero se requiere algo excepcional para laburar más que yo, y si de casualidad llego a ser el mejor en algo, es obvio que es por todo el laburo que hay detrás. Me gustan los desafíos, y no me voy a quedar con los brazos cruzados mirando.

Un día, me dijeron que tenía cáncer… bah, me dijeron que hacía tiempo tenía cáncer, y estaba muy avanzado. Pregunté si alguna vez iba a volver a jugar al rugby, y mi doctora me dijo que, con suerte, me iba a poder curar. Estadísticamente, tenía ínfimas probabilidades de supervivencia a 2 años, por lo que pensar en jugar al rugby era irrisorio. El otro día, me volví a poner los botines y debuté con un try…

Voy a seguir logrando cosas. Si la vida me caga a palos, vuelvo más fuerte, pero vuelvo. Si me dicen que tengo que ir caminando hasta el polo norte, no me pongo mal porque queda lejos, sino que empiezo a caminar y me pongo contento porque cada vez estoy más cerca. Lo mejor de todo, es que algún día, voy a llegar…



9 ago. 2010

Conversaciones...

- ¿Justo con ella?
- De qué me hablás?
- Sabés bien de qué te hablo. Sabés que la odio, a ella y a toda su perfección.
- No te sigo...
- Te olvidaste rápido de mí... de nosotros. No daba que anduvieras con ella.
- ¿Quien te dijo que anduve con ella?
- Veo que cuando te hablé al principio, te hiciste el tonto, pero ahora sabés bien de quién te hablo. Vamos mejor… o peor, ya no sé.
- Estás enloqueciendo
- La odio, te juro. Vos eras mío, y viene esta hija de puta de la nada, te pinta un mundo de arcoiris de colores con sus piernas largas y su culo parado, y vos comprás. Así, fácil.
- ¿De donde sacás éstas cosas? Estoy acá, con vos. Te extraño… Hice una hora y media de viaje para verte... a vos. Compré las golosinas que te gustan, te traje estas pelis para que miremos, y ni hola que ya me saltás con esto, así de la nada. Insisto, no sé de donde lo sacás.
- Primero, no me eches en cara lo que hacés por mí, lo sé muy bien. Siempre lo supe, por más que no te lo demuestre nunca. Después, es obvio que andás con ella. De hecho, por más que me cueste admitirlo, es todo lo que vos buscás. Te conozco demasiado. Estás en todo tu derecho, no te digo que no, hacé lo que quieras, pero me parece cualquiera. Pensé que eras diferente al resto, que ibas a poder estar sólo por respeto a mí y lo que fuimos, así como yo ando sola por respeto a vos, y porque no me hace falta estar con nadie. A pesar de que no estamos juntos, suponía que íbamos a estar bien de nuevo con el tiempo. Una lástima que pensemos diferente.
- O sea, vos suponés algo, de lo cual no tenés ni idea... y me decís que estoy en todo mi derecho, que está bien... pero te jode y me decís estas cosas.
- Me jode, porque esperaba otra cosa. Me jode que sea con ella. Me jode que tenga todas esas cosas que alguna vez me dijiste a mí que me faltaban. Me jode que se la hagas tan fácil.
- No ando con ella...
- No te creo. Me lo hubieras dicho antes. Si no andás con ella, ¿entonces andás con otra?. No aclares que oscurece.
- No te tengo que decir nada, yo hago mi vida, no sos mi dueña.
- Está bien, quedate tranquilo, yo voy a hacer lo mismo que vos. Vas a ver como se siente. Al menos respondeme esto: ¿coje mejor que yo?
- Jajaja te vas al carajo eh. Descarrilaste totalmente.
- ¿Qué te reís? Respondeme eso, nada más.
- Sabés que no te voy a responder eso... basta.
- Ok, hacé tu vida entonces. No me jodas más. Yo te voy a hacer lo mismo, vas a ver.
- ¿En qué te jodo?
- En que no te puedo tener, y en algún momento eras mío. Me acompañabas a cada entrevista, a cada evento... y no existía nada más que nosotros. Me hacías sentir especial. Estabas conmigo, siempre. En eso me jodés, y que al resto se la hacés fácil.
- No se puede hablar con vos. No me escuchás. ¿Al menos escuchaste que te extraño? ¿Te das cuenta que estoy acá por vos, no?

7 ago. 2010

Ando ganas...

No sé si estará bien, pero tengo ganas. Quiero saber cómo estás, que me cuentes pavadas y nos riamos un rato. Quiero que me mires con esa mirada cómplice, entenderte, y que el resto del mundo no importe por un rato. Eso nada más, y creo que no estoy pidiendo demasiado. Lo curioso, es que quiero eso más que otras cosas. En este momento, prefiero un abrazo a una noche de lujuria (incluso sabiendo que puede ser genial).

Tengo ganas de que dejemos el orgullo de lado, que los caprichos anticuados le cedan el lugar a algo nuevo e interesante. Me encantaría explorar un poco hasta donde podemos llegar, pero aún más me gustaría que me dejes jugar libremente para sacarme la duda. Ambos sabemos que podemos hacer cosas increíbles, pero yo necesito al menos un poco de libertad como para poder hacerlo. Se tendría que ir dando solo, nada más falta el primer paso.

Te conozco bien, sé que cosas hacer para cambiarte el mundo en un ratito. Es más, tan bien te conozco que sé que te morís de ganas porque llegue y te genere todo eso que te encanta. Vos también me conocés bien, y sabés que no vas a caer tan fácil porque tu orgullo puede más, incluso sabiendo que te morís de ganas, sabiendo que te puedo.

Por momentos incluso fantaseo un poco, y se me ocurren cosas geniales. Sí, son fantasía, porque todavía no sé ni gatear y ya quiero correr maratones, pero igual me ilusiono fácil divagando con eso. Lo frustrante es cuando caigo en la realidad, y empiezo a razonar de que es una utopía. No me interesa, me encantan los desafíos, y soy la persona más persistente que existe. Tendré mil errores, pero no me rindo fácil. No me conforma la palabra “imposible”.

El único problema, es que todavía estoy viendo cómo. Perdón, el único problema además de que me está costando horrores volver a aprender a gatear…



1 ago. 2010

Rayuela

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse.
A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

(Julio Cortazar)



28 jul. 2010

Dr. House

Cameron: I’m not expecting you to be someone you’re not.
House: We’re in a restaurant, we’re dressed up, we’re eating. If not small talk, what is there?
Cameron: According to Freud, and I’m paraphrasing, instinct of love toward an object demands a mastery to obtain it, and if a person feels they can’t control the object or feel threatened by it, they act negatively toward it. Like an eighth-grade boy punching a girl.
House: I treat you like garbage, so I must really like you. Given your Freudian theory, what does it mean if I start being nice to you?
Cameron: That you’re getting in touch with your feelings.
House: Hmm. So there’s absolutely nothing I can do to make you think that I don’t like you.
Cameron: Sorry, no. I have one evening with you, one chance, and I don’t want to waste it talking about what wines you like or what movies you hate. I want to know how you feel about me.
House: You live under the delusion that you can fix everything that isn’t perfect. That’s why you married a man who was dying of cancer. You don’t love, you need. And now that your husband is dead, you’re looking for your new charity case. That’s why you’re going out with me. I’m twice your age, I’m not great looking, I’m not charming, I’m not even nice. What I am is what you need. I’m damaged.

Conejo Pepito

Era una situación difícil, pero teníamos que defenderlo. Nos juntamos a tomar algo en el Village Recoleta para ver cuáles serían las estrategias a seguir, pero parecía bastante complicado. Hacía un año que veníamos preparándonos. Todo indicaba que nuestro cliente había sido el asesino, ya que había estado en el lugar del hecho poco antes de que sucediese, y no lograba recordar bien qué había pasado ese día. Lo que sí recordaba era que, casi como en un sueño, había tomado del cuello a la víctima hasta dejarla sin aire y posteriormente salió corriendo.

Se me vino a la mente una historia que había escuchado hace tiempo, que sin dudas compartí con el resto. Todos se rieron, pensando que era poco serio. Era obvio que no daba contarla durante el juicio, pero aún así, me animé a contarla. Las caras de pánico de mis compañeros lo decían todo. La historia era sobre un conejo… sí, un conejo… llamado Pepito. ¿Poco serio? Quizás. Pepito era el conejo favorito de la familia vecina, lo trataban casi como a un hijo. Era blanco como un copo de nieve, y tenía una cara inocente que daban ganas de abrazarlo hasta el cansancio. Mi amigo, en cambio, tenía un perro con bastante mala fama. Su ladrido hacía enojar a todo el barrio, y de vez en cuando se lo veía revolviendo la basura, manchando todo a su paso. Nadie lo quería, salvo él

Un día más del montón, el perro apareció con Pepito ensangrentado en su boca, moviendo la cola como si nada. Su dueño, espantado, sabía que el perro se había mandado una grande. Su mala fama lo condenaba, y esto no lo ayudaba en lo absoluto. En un acto desesperado, agarró el cadáver de Pepito y le sacó todo el barro, la mugre y la sangre minuciosamente. Sin que sus vecinos se dieran cuenta, sigilosamente puso a Pepito en su jaula esperando que nadie se diera cuenta de lo que había hecho su perro.

Pasaron un par de días sin noticias. Posiblemente, los dueños de Pepito pensaban que el pobre conejo había padecido alguna enfermedad terminal que lo había dejado en ese estado. El perro estaba a salvo, pero aún así, la curiosidad lo estaba consumiendo, por lo que no tuvo mejor idea que ir a preguntar por Pepito para asegurarse que efectivamente estaba todo bien. Necesitaba reconfirmar que estaba todo bien, por más que en el fondo sabía cómo eran las cosas. Un hombre con un reloj siempre sabe la hora, pero un hombre con dos relojes nunca puede estar seguro...

El vecino, con cara triste, le dijo que Pepito había fallecido. Hasta acá, no había ninguna noticia nueva, pero lo que contó después le puso la piel de gallina. En su relato, detalló que Pepito había fallecido después de un largo padecimiento cardíaco que todos sabían que era inevitable, pero lo curioso había sido que, después de enterrarlo, algún loco morboso lo había desenterrado, lavado y vuelto a poner en su jaula. No lo podía creer… el desquiciado era él. El perro no tenía nada que ver.

Jamás siquiera había considerado la opción de que su perro, por más mala fama que tuviera, era realmente bueno como él pensaba. Por más que parecía claro que se había mandado una cagada, jamás confió en que podía ser diferente a lo que parecía… en el fondo, el perro era revoltoso, pero jamás había hecho maldades. Desde ese día se decidió por dejar de prejuzgar, y empezar a ver las cosas diferente. La historia era entretenida, pero fue ideal para que la querella y la fiscalía salieran con los tapones de punta a rebatir nuestros argumentos con furia. Mis compañeros me querían matar, pero no me importaba, ya que mi historia “poco seria” había plasmado clarísimamente mi idea. Con nuestro cliente pasaba lo mismo que con el perro y Pepito: él no la había matado, por más que todos los argumentos estaban en su contra. Finalmente, quedó absuelto… ganamos el juicio, y fuimos a festejar, contentos.

20 jul. 2010

De sentimientos y momentos

Creo que una de las peores cosas que te puede pasar es querer a alguien y haberte olvidado por qué. En el fondo, sabés que esa persona te produce un montón de sensaciones, pero ya no te acordás qué es lo que las estimula. Querer a alguien pero perder el sentido, la causa, la razón… es horrible. Cuando me pasa con pavadas me río: voy a la cocina a buscar algo, en el camino me olvido qué era, vuelvo a mi cuarto y digo “¿para qué había bajado? Ahhh sí…” vuelvo a bajar, me vuelvo a olvidar, vuelvo a mi cuarto y pienso que soy un idiota total. Es como si de repente, no me acuerdo porqué iba a la cocina, simplemente se mueven mis pies y van. Cuando hay sentimientos, deja de ser gracioso y pasa a ser frustrante.

Cuando uno intenta recordar las razones de por qué quiere a alguien, se vienen vagas ideas a la cabeza de cosas lindas que fueron pasando. Es increíble poder recordar, más que los lindos momentos, lo que uno sentía en cada momento ya que es lo más importante y sin embargo, también lo que generalmente uno olvida. Todo lo que nos produce la otra persona internamente es lo que nos lleva a quererla, más que los momentos en sí.

Al momento de querer a otra persona, es como una montaña rusa de sentimientos alocados e inexplicables que nos inundan y nos hacen querer pasar todo el tiempo con ella, sin importar la excusa. Hacer algo tan aburrido como matar el tiempo en un consultorio médico haciéndole compañía a esa persona puede valer más en nuestra cabeza que una noche entera con la supermodelo top del momento. En estos casos lo mejor sería anotar puntualmente como uno se siente en esas situaciones, porque al leerlo mucho tiempo después uno se termina sorprendiendo…

Lamentablemente, una vez que todo ese sentimiento lindo pasó, muchas veces nos olvidamos por completo. Por más que querramos congelar el tiempo y mantenernos por siempre en esa situación, es inevitable que siempre cambie, y jamás vamos a poder tener el momento de nuevo. Es como ir por la ruta y que los momentos pasen fugazmente como pasan las casas cuando miramos por la ventana. El otro día me pasó y me dije “concentrate, Nico, acordate de todo esto porque se siente muy bien”, pero uno se acuerda el momento como si lo viviera, pero es casi imposible poder revivir el sentimiento frente a eso.

18 jul. 2010

Estar bien

Días como hoy pienso que me salen todas las cosas bien. Lo malo de cuando uno se siente así, es que generalmente no se extiende eternamente en el tiempo, y uno no se da cuenta de lo bien que estaba hasta que deja de estarlo. Hace un par de semanas que se me vienen dando un montón de cosas, y estoy muy contento... sin embargo no me olvido que estos momentos suelen ser efímeros. Dure lo que dure, esta vez lo voy a disfrutar. Hakuna matata.

Voy a hacer ese viaje increíble que planeamos, voy a seguir divirtiéndome en el trabajo, voy a seguir conociendo a esa gente que tanto quiero conocer, voy a seguir saliendo los días de semana aprovechando mis vacaciones por más que al otro día me arrepienta, y también voy a disfrutar poder jugar al mejor deporte del mundo una vez más por más que me duela hasta el alma la mañana siguiente. Estoy bien, y pocas veces uno dice esas palabras sin un "pero" que la arruine. Esta vez, estoy bien, y no pienso en nada más que eso. Espero que esta tranquilidad no sea la calma que antecede al huracán... pero si viene, al menos estos días, fueron increíbles.

14 jul. 2010

Discusiones lindas

- Basta, la tenés toda vos...
- No, mirá lo que tengo...
- ¡Ves que sí! ¡Mirá lo que tengo yo!
- Tenés más que yo...
- ¿Tengo frío, me das un poco más? Dale
- No
- Ahhh no, sos un tramposo, te vi... ¡la doblaste para parecer que tenías menos! ¡sos el peor!
- Mentiraaa
- Dale, compartí, no seas así
- Bueno un poquito nada más...
- ¿Tan generoso ibas a ser?
- Ves, ya te zarpaste, ahora no tengo nada yo
- Jodete por tramposo... ahhh no, esto es colmo, aparte te hacés el que tenés escalosfríos, ¡caradura!
- Jajaja daaale
- Bueno, tomá un poquito... nono, eso no es poquito, devolvé
- Egoísta
- Te odio
- Mentira. Te encanta.
- No, te odio
- Andá a dormir al puff entonces
- Sí, mentira, no te odio pero devolveme la sábana
- Nada, me dormí, chau
- Dormí, pero si te levantás sin sábana yo no fui ehh
- Jajaja bueno

11 jul. 2010

Fragmentos

"Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. "

Edgar Allan Poe, El gato negro


“Puede ser un niño que lo venció en una pelea en su infancia, la noviecita que lo dejó a los once años, el profesor que le llamaba burro. Cuando está cansado, le guerrero se acuerda de que él aún no vio su coraje. No piensa en venganza, porque el enemigo oculto no forma ya parte de su historia. Piensa solamente en mejorar su habilidad, para que sus hazañas corran por el mundo y lleguen a los oídos de quien lo hirió en el pasado. El dolor de ayer es la fuerza del guerrero de la luz.”

Paulo Coelho, Manual del guerrero de la luz

“Es solo que contigo me siento menos absurdo. Tú eres una de las cosas que no entiendo, pero la única que me gusta no entender”

Santiago Roncagliolo, Abril rojo

"Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible."

A. Pizarnik, La Condesa Sangrienta

Casita de naipes

Cuando uno es honesto y hace las cosas bien, la gente no lo reconoce, sino que simplemente, da por sentado que debe ser así sin valorar el esfuerzo que uno pone en hacer las cosas bien. Se puede pasar meses o años haciendo las cosas bien que jamás va a recibir un cumplido por eso. Cuando uno hace las cosas mal es diferente, una sola cagada importante basta para derribar todo tan fácil como se derriba una casita de naipes al soplarla. Es lo mismo que pasa con la mentira o con la fidelidad en la pareja: un solo desliz basta para pasar a una persona de la cual desconfiar. También pasa con los profesores, cuando te quieren cagar y te hacen una pregunta para ver si te pueden encajar una mala nota, y si les respondés bien, es como si jamás hubiera pasado (cuando realmente, te deberían poner una buena nota como corresponde).

Yo solamente tuve un mal día. No puede ser que si tuve cientos de días buenos, y algunos hasta espectaculares, de repente se borre todo y valga solo el mal día. Si el profesor me pregunta mil veces, y respondo bien todas salvo la última, no me puede clavar un uno... Con esto pasa lo mismo, yo sé que estuve mal, pero tampoco voy a pasar mi vida pidiendo disculpas. El de ese día no era yo, o al menos no era quien yo realmente soy, pero por momentos me lo creo… mirá como será, que cuando lo cuento lo hago en tercera persona, como si hubiera sido la historia de alguien ajeno a mí. Creo que, incluso más grave, es que cuando lo cuento, generalmente lo hago con mi psicóloga porque ni siquiera a mis amigos se los quiero decir. Un maldito día fue nada más.

Cuando pasó el momento, tenía la mano llena de sangre vaya uno a saber por qué, y sentía mucha impotencia. La gente miraba, y caminaba más rápido, como sin querer hacerse cargo. Alguien me vino a preguntar si estaba bien. Curiosamente, cambió un poco mi mal momento. No me iba a solucionar la vida que ya de por sí demasiado desarreglada estaba, pero solamente necesitaba que preguntaran si estaba bien. No, no estaba bien, estaba a la vista. Por suerte, a veces la vida nos cruza con ese tipo de personas. Sé cuanto valen, y por eso no pierdo el contacto. Si no fuera por quien en ese momento era una persona desconocida más, creo que no hubiera llegado a mi casa…

10 jul. 2010

Juguemos al cíclope...

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Rayuela, Julio Cortázar, 1963.

7 jul. 2010

Living a movie

A veces no entiendo lo que venden las películas que buena parte de las mujeres adora. Mejor dicho, entiendo pero no me gusta. En casi todas, hay un momento rondando la mitad en el que está todo bien, hasta que llega un quiebre y todo se pone un poco más dramático. El galancete o príncipe azul de turno, en ese momento, contra viento y marea, arregla todo mientras ella corre contenta a darle un abrazo, un beso y recordarle lo mucho que lo ama.

Uno a veces se piensa que puede vivir una película, que todo en la vida tiene que ser emoción y euforia. Esas ganas de vivir una película por momentos nos hacen llegar al punto donde un buen momento, tranquilo, estable y feliz pasa a ser molesto o incluso incómodo. Esas situaciones, sin darnos cuenta, nos llevan a autoboicotearnos para tener algún problema que resolver o algún drama que vivir, porque lo más lindo de todo es el momento que viene después del drama.

Las películas buscan que nuestra vida sea una montaña rusa emocional. Cuando la montaña rusa va tranquila y sin vueltas, no tenemos miedo pero en el fondo sabemos que queremos un poco de adrenalina, que obtenemos en las subidas y bajadas bruscas. Las subidas y bajadas bruscas dan miedo, pero uno en el fondo sabe que no hay peligro, es parte del juego. Eso pasa en las películas nada más, porque en la vida real subirse a una montaña rusa emocional puede costar demasiado caro.

Siempre que haya un problema, incluso provocado inconscientemente, en mi caso siempre busco la solución. Sea cual sea el drama, me calzo el traje azul y me doy vuelta al mundo en globo en su búsqueda. Después de una odisea, llego y la espero bajo una lluvia torrencial sin paraguas. En las pelis nunca falla, así que no puede salir mal, es el momento justo donde ella sale con cara de sorpresa, súper feliz, y me da un beso apasionado bajo la lluvia. Lo hace el actor, y es un romántico… lo hago yo, y soy un salame.

Mi caso es distinto. "Ah, sos vos... ¿qué pasa?". Sin beso, sin abrazo apasionado bajo la lluvia, sin siquiera un “estás mojado, mirá como llueve… ¿querés pasar?”. No sé para qué me pongo el traje azul, es evidente que me queda grande. Quizás me queda bien, pero pareciera que lo uso para aparentar... flaco, ya te recorriste el mundo en globo, ¿hacía falta caer vestido de azul y con cara de feliz cumpleaños también? Nono, definitivamente algo raro hay, y si no lo hay con la sospecha alcanza. Es fija: tengo que dejar de mirar películas, y especialmente, pensar que puedo vivir como si estuviera dentro de una.

5 jul. 2010

Te miro, no te miro...

No soy fácil, en general necesito que la gente me demuestre con sus actos que es especial para que yo me sienta cómodo, me libere un poco y me acerque más. Esta quizás es la causa por la cual suelo pensar mucho (a veces demasiado) las cosas, pero sin embargo esta vez, quien sabe por qué, me sentía diferente. El sentimiento era raro, ya que no había hecho más que leerla y sin embargo aún así estaba seguro que me gustaba. Sin darme cuenta se había vuelto una adicción, y desde la primer palabra que cruzamos sentí que necesitaba cada vez un poquitito más.

La llamé. Tenía todas las ganas de verla, para darme cuenta que no estaba tan loco por pensar que una persona que ni conocía podía ser especial. Si, especial, de esas que se cuentan con los dedos de una mano. Propuse encontrarnos en un bar por su barrio, ya que nos quedaba cómodo a ambos, pero ella no estaba tan segura como yo. Supongo que, en el fondo, no se debía sentir tan diferente a mí, y a pesar de la curiosidad y las ganas de vernos también se sentía rara la situación. Finalmente, después de un poco de insistencia bastante atípica en mí, accedió a encontrarnos.

No sabía qué podía esperar, pero sabía que si la charla en persona llegaba a ser la mitad que lo que era por escrito, yo estaba feliz. Llegué puntual donde nos íbamos a encontrar, pero ella iba a llegar un poco tarde. No había problema, hacía días que estaba esperando verla, no me iban a matar unos minutos más o menos. Miré para un costado y la vi venir. Me bastó un segundo reconocerla, e incluso distinguir a la distancia que caminaba con unos tacos considerables. Vaya uno a saber porqué, el impulso pudo más y como si fuera un nene chiquito no pude seguir mirando. Hacía años que no me ponía nervioso la presencia de una mujer…

Como si nada hubiera pasado, la saludé y me puse a hablar como si la conociera de toda la vida. Me di cuenta rápido que era una chica bastante tímida, y para el deleite de mis ojos, parte de su timidez la demostraba sonriendo casi sin interrupción. Si no fuera por el hecho de que tiene una sonrisa que enamora, quizás ni me hubiera dado cuenta de esos detalles, ya que con lo bien que la pasaba probablemente no hubiera tenido ni tiempo de prestarles atención. Imagino que ella también la habrá pasado bien, ya que además de la sonrisa, también se terminó yendo más tarde de lo que pensaba.

La acompañé hasta lo de una amiga y volví contento a casa al darme cuenta que tan loco no estaba, esta chica definitivamente era especial. Lo verdaderamente loco, quizás, era considerarla especial sin siquiera haberle dado un beso. Sabiendo todo esto, no me parece tan irrisorio ponerme nervioso al verla, pero me cuesta admitirlo. Al otro día, me comentó así como al pasar que no la había reconocido al venir. No supe bien qué responder, y desvié un poco el tema, pero creo que jamás hubiera admitido fácilmente que me habían temblado un poco las patitas al verla, y no me quedó otra que mirar para otro lado.

Cuando juego, en los amistosos soy el goleador, con lujos y magia. Me sirve a mí para subir mi ego, y para darle que hablar a mis amigos. Cuando juego en serio, en una final, me pesa la camiseta desde el momento que sé que no es un partido más del montón. En este caso me pasa lo mismo, y soy demasiado orgulloso para admitir que, a veces, todavía me pasan estas cosas. Mejor dicho, soy demasiado orgulloso para admitir que, incluso sin conocerla demasiado, desde el hola ya me tenía en el bolsillo y con ella jamás sentí que jugaba amistoso, y mucho menos hubiera querido tirar un lujo innecesario.

La conspiración de las mujeres hermosas

Cuando Jorge Allen, el poeta, se cruzaba con alguna mujer hermosa, caia en el mas hondo desasosiego. Esta muchacha no será para mi, pensaba, mientras la veia doblar para siempre la esquina. Es que cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretará nunca. Y ya se sabe que los hombres de corazón sueñan con vivir todas las vidas. En ocasiones especiales, Allen usurpaba el tranco de las más buenas mozas para decirles algo.

-Vea: si no me conoce, no podrá usted darse el lujo de olvidarme.

Pero casi siempre ocurría lo mismo. Las pibas de Flores no mostraban el menor interés en olvidar o recordar al poeta. Cabe ahora mismo salir al paso de la suspicacia general, aclarando que Allen era un joven de grata y recia figura. Además era muy versado en amorosas cuestiones. En verdad, casi no se ocupaba de otra cosa. Una tarde, envenenado por la fráa mirada de una morocha en la calle Bacacay, el hombre tuvo una inspiración: sospechó que la indiferencia de las hembras más notables no era casual. Adivinó una intencion común en todas ellas. Y decidió que tenía que existir una conjura, una conspiracion.

El la llamo La Conspiración de las Mujeres Hermosas. Allen nunca fue un sujeto de pensamientos ordenados. Pero su idea interesó muchisimo a las personas mas reflexivas del barrio de Flores. El primer fruto que se recuerda de estas inquietudes fue la memorable conferencia en el cine San Martin pronunciada por el polígrafo Manuel Mandeb. Su título fue "De las mujeres mejor no hay que hablar" vale la pena transcribir algunos parrrafos conservados en la dudosa memoria de supuestos asistentes.

"...Nadie puede negar el poder diabólico de la belleza. Se trata en realidad de una fuerza mucho mas irresistible que la del dinero o la prepotencia. Cualquiera puede despreciar a quien lo sojuzga mediante el soborno o el temor. Por el contrario uno no tiene mas remedio que amar a quien le impone humillaciones en virtud de su encanto. Y esta es una trágica paradoja.
"...Las mujeres hermosas de este barrio conocen perfectamente la calidad de sus armas y las utilizan con el único fin de provocar el sufrimiento de los hombres sensibles. Ostentan su belleza y sin embargo no permiten que uno la disfrute. Cuentan dinero delante de los pobres. Esta perversa conducta no puede ser inconsciente. Obedece, sin duda a un plan minuciosamente pensado.
"...Cada vez que me acerco a una señorita para presentarle mi respeto.
no recibo otra cosa que gestos de desagrado, gambetas ampulosas y aun amenazas de escandalo. Ya no se puede ceder el paso a una dama sin que se sospeche que esta por permitido perpetrarse una violacion."

Desde la cuarta fila, un grupo de colegialas le retruco al conferenciante, llamando su atencion acerca del comportamiento de los conductores de camionetas. Opinaban las niñas que estos profesionales, mas que requerirlas de amores parecían proponerse insultarlas. Este que escribe opina que la objecion es interesante. Con toda frecuencia se ven por las calles individuos que lejos de postularse como admiradores de las señoritas que se les cruzan, proceden a agraviarlas con frases puercas.

Aqui surge un tema polémico. En que consiste el piropo? Cual es su objeto y escencia? Algunos sostienen que se trata de un género artístico: Un hombre ve a una mujer, se inspira y suelta parrafos. No existe la esperanza de una recompensa, basta con la satisfacción de haber cumplido con los duendes interiores.
Si este es el criterio correcto, la actitud de los conductores de camionetas es perfectamente comprensible. Tal vez quepan reparos de índole académica. Se puede opinar que es artísticamente superior un madrigal que un manotazo, pero ambas expresiones se encuadran rigurosamente en la definicion que se ha sugerido anteriormente.

Otra corriente -menos desinteresada- piensa que todo piropo manifiesta la intención de comenzar un romance. Vale decir que se espera de la dama que lo recibe una respuesta alentadora. Dificil sera -por cierto- que alguien obtenga una sonrisa a cambio de uan groseria. El asunto es apasionante y fue desarrollado por el propio Mandeb, mucho despues, en un libro que se llamó "La objecion de las colegialas", título que despertó un equivocado entusiasmo entre los conductores de camionetas.
Pero volvamos a la conferencia.

Manuel Mandeb presentó durante su exposicion a un italiano y a un brasilero, quienes -dificultosamente-expresaron que, en sus países, los idilios se concertaban en forma rápida entre personas desconocidas y que muchas veces bastaba con leves gestos para entenderse bien. Curiosamente, el propio conferencista desautorizó a sus invitados.

"...Está muy bien reclamar la tolerancia de las señoritas. Pero todo amorio debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo."

La conferencia terminó en un tumulto. Varias conspiradoras asistentes empezaron a quejarse de recibir propuestas indecorosas de los caballeros vecinos. Probablemente se trataba de conductores de camionetas. Los Refutadores de Leyendas hicieron oír su voz algunos días más tarde. En una de sus habituales reuniones manifestaron que no creian en la posibilidad de la conspiracion. El argumento de los racionalistas merece consideracion: segun ellos las mujeres hermosas se odian entre sí y es inconcebible cualquier tipo de acuerdo. Declararon tambien que es falso que esta estirpe no haga caso de lso hombres: todos los dias uno ve hermosas muchachas acompañadas por algun señor.

Ya en el colmo de la locura, los Hombres Sensibles contestaron que allí estaba el punto: el señor que acompaña a las mujeres hermosas es siempre otro y esto provoca aún más tristeza que cuando uno las ve solas. No sería extraño que estas damas y sus acompañanates no fueran sino íncubos y súcubos que recorren el mundo para der dique a las almas sencillas. Ives Castagnino, el musico de Palermo, razonaba de este modo: si el propósito de las mujeres terribles es hacer sufrir a los hombres, tienen dos maneras de lograrlo: 1) No viviendo un romance con ellos. 2) Viviéndolo.

Segun parece, al músico lo aterrorizaba mucho más la segunda posibilidad. Como puede suponerse, las muujeres hermosas consultadas negaron siempre la existencia de la conjura,.De cualquier modo, hay que reconocer que la encuesta no fue demasiado amplia. En primer lugar, las señoritas entrevistadas desconfiaban de los encuestadores y pensaban -con toda razon- que trataban de seducirlas. Y por otra parte resulta una verdadera ingenuidad que, quienes son capaces de una gesta tan oscura, se presten a revelar el secreto precisamente a sus victimas.
Como suele ocurrir en estos casos, el tema de discusion se bifurcó innumerables veces y tomó el rumbo de los tomates.

Hubo quienes pidieron que se aclararan los limites de la hermosura para saber cabalmente quienes eran las mujeres que alcanzaban esa categoria.
La cuestion es ardua, como todo juicio estético. Se pueden tener en cuenta -quiza- algunos indicios. Se dice que si una dama es muy linda, las demas la tendrán por tonta. Pero no puede tomarse este lugar comun como precepto, pues es cosa evidente que existen mujeres que, siendo tontas, son al mismo tiempo feas. Inclusive hay gente que sostiene haber conocido señoritas hermosas e inteligentes, lo cual para mi gusto es demasiado.

El asunto se torna todavía más complejo a causa de la acción de los Agrandadores de Loros, unos caballeros más bien babosos, que con halagos y falsedades consiguen que ciertos bagayos se crean la reina del corso. Así, los hombres de corazon llegan a padecer la violencia de verse rechazados por damas que jamás pensaron seducir. La tarea de los Agrandadores ha ido muy lejos y ha llegado incluso a las tapas de las revistas y avisos de publicidad, donde se proponen a la admiracion de la gente de toda clase de pescados con disfraz de Colombina.

Pero los Hombres Sensibles siempre supieron cuando se hallaban ante la presencia de una mujer hermosa. Sentian lo que Mandeb describia como una patada en el corazón. Y no se equivocaban nunca. A decir verdad, jamás se alcanzaron a reunir pruebas convincentes sobre la existencia de la conspiracion. Pero sus efectos se siguieron padeciendo. Pese a todo, Allen, Mandeb y todos sus amigos siguieron recorriendo las esquinas haciendo fuerza para creer que detrás de alguna puerta iba a aparecer la mujer que les salvaría la vida.

Por suerte para los muchachos, hubo siempre entre las damas conjuradas algunas Traidoras Adorables. Naturalmente toda traición tiene su precio y muchas veces la exigencia era el amor eterno. Los Hombres de Flores pagaban una y otra vez este arancel. La denuncia de Jorge Allen ya ha sido olvidada en el barrio del Angel Gris. Pero aunque nadie converse sobre el asunto, basta con asomarse a la puerta para comprobar que las cosas siguen como entonces.

Allí están las mujeres hermosas, en Flores y en toda la ciudad, gritando con sus miradas de hielo que no estan en nuestro futuro ni en nuestro pasado. Allí esta la abominable secta de las Chicas con Novio, poniéndonos ante la espantosa verdad de que siempre hay un hombre mejor que uno. El camino para derrotar a esta muralla es largo y penoso, pero seguirlo es deber de los criollos arremetedores.

No hay más remedio que quererlas a pesar de todo. Y más todavía, tratar de que a uno lo quieran. Esta segunda labor es especialmente complicada y puede llevar la vida eterna. Consiste -por ejemplo- en ser bueno, aprender a tocar el piano, convertirse en heroe o en santo, estudiar las ciencias, comprarse una tricota nueva, lavarse los dientes, ser considerado y tierno y renunciar a los empleos nacionales. Una vez hecho todo esto, ya puede el hombre enamorado, pararse en la calle y esperar el paso de la primera mujer hermosa para decirle bien fuerte:
-He sufrido mucho nada mas que para saber su nombre.

Seguramente, la tipa fingira no haber oido, mirara al horizonte y seguira su camino.
Pero será injusto.

(Alejandro Dolina)

30 jun. 2010

Juguemos a que no nos conocemos

Hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos. Estaría bueno poder robarte el msn buscando alguna casualidad para empezar poco a poco a conocerte, incluso sabiendo que vos me buscaste primero. Casi como por casualidad podrías darme tu celular, para combinar por mensajito de texto encontrarnos una tarde lluviosa en un McDonalds del centro con la excusa de que tenés que hacer tiempo, pero termine finalmente acompañándote hasta bien entrada la noche. Ojalá nuestra primer salida sea tan embolante como ir a tramitar el pasaporte juntos pero aún así pasarla genial.

En la segunda salida quizás yo te mire tu cara súper ilusionada pero igualmente me anime a decirte que te están mintiendo descaradamente. Me gustaría explicarte todo lo que veo cuando te digo que te mienten, y que me escuches atentamente, pero también estar ahí cuando necesites con quien llorar y descargarte porque finalmente no se te dio, y que todo ese gran proyecto que te vendía ese idiota eran espejitos de colores que jamás te iban a llevar lo lejos que te merecés llegar.

Me gustaría ser parte de tu vida poco a poco, sumergirme en tu mundo como si no lo conociera y sorprenderme como el primer día de tus contagiosas ganas de vivir, de tus proyectos utópicos y de tus ganas de superarte permanentemente, aunque todavía más me gustaría estar ahí para ver que incluso tus ideas más locas finalmente se te terminan cumpliendo porque sea como sea obtenés todo lo que te proponés. Incluso, me gustaría que te propusieras estar conmigo, y que me busques, mientras yo me hago que pienso que planeaste todo cuando realmente yo tenía aún más ganas que vos de estar juntos, pero jamás te lo confesaría.

Tengo ganas de que al verte se me revuelva la panza pensando en lo mucho que me gustás, y que el primer beso se haga esperar un poco pero que venga con un montón de adrenalina. Sería genial avanzar de a poco, pero a nuestro ritmo, haciendo de cuenta que jamás hubiéramos pasado infinitas noches juntos. Me gustaría mirarte a los ojos y ver todas las ganas que tenés de verme, cómo te ilusionás con cada palabra y siempre proponés algo más a todo lo que yo te propongo. Me enamoraría que en vos no existan los no, o al menos, que no existan para los no dirigidos hacia mí. También me encantaría descubrir tus miedos e inseguridades, y hacerte saber que estoy ahí para contenerte y acompañarte.

Quisiera olvidarme de los reproches, de los llantos y de las cicatrices, e incluso olvidarme de las risas y los buenos momentos, para poder vivirlas como si fueran algo nuevo que me sorprende por lo mucho que me encanta. Podría estallar de risa al leer tus mensajes inoportunos a cualquier hora, y que con originalidad me digas lo mucho que me extrañás, sorprendiéndome con tus ocurrencias como las de "mandá vampiresa al 2020 y teneme en unos minutos en la puerta de tu casa". Me gustaría que me asuste verte tan seguido y que seas una parte muy importante de mi vida, que cualquier excusa sea buena para que nos crucemos sin importar que tengamos como dos horas de viaje nada más que para compartir unos minutos. Me gustaría especialmente que, lo que más me asuste, sea que vos te sientas igual que yo...

Insisto, hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos... la verdad que sería genial, ¿no te parece?. Levantaría el teléfono, respiraría muy profundo, tomaría coraje y te llamaría para proponértelo, y si por una de esas casualidades te animaras a atender, te lo diría solamente una vez, y en esa complicidad que tan bien sé que tenemos, esperaría que te sumes aceptando tácitamente mientras empezás a jugar antes que yo (y súbitamente, me olvide de toda esa complicidad para empezar a descubrirla yo mismo, en el medio del juego). Me encantaría poder jugar a todo esto con vos... aunque en el fondo, creo, que lo que más me gustaría es que no fuera un juego, y que realmente no nos conociéramos ni un poquito, pero que de todas formas aún así la vida se las rebusque para cruzarnos por casualidad y que nos demos cuenta solitos de que esto puede ser especial.

28 jun. 2010

Stop the world, I wanna get off

Teléfono. Del otro lado se escuchaba una voz que podía reconocer fácilmente, con la diferencia de que no sonaba como estaba acostumbrado. Se sentía como ahogada y sus palabras estaban más cerca de parecer un llanto que de formar oraciones entendibles. A duras penas podía decodificar algunas palabras, entre las que interpretaba que estaba muy mal y que me necesitaba, urgente. Esa era toda la información que tenía, ya que no podía entender lo que me quería decir y antes de darme cuenta, corta. Pruebo llamarla nuevamente, pero no atiende. No tenía otra forma de contactarla.

Salí corriendo de casa. Literalmente corriendo, ya que era de noche y no tenía tiempo de esperar ningún taxi o colectivo, y esas cerca de veinte cuadras que separaban mi casa de la suya de repente se hacían eternas en la desesperación por llegar lo antes posible. Toqué el timbre, me hicieron pasar sin problemas ya que en esa época pasaba más tiempo ahí que en mi propia casa, pero era la primera vez que llegaba súbitamente de noche y sin aviso. Evidentemente, algo había pasado, pero nadie estaba al tanto. Subo las escaleras para ir a buscarla, ya que suponía que iba a estar en su cuarto, pero en el camino la encuentro tirada en el medio de uno de los pasillos interiores… La imagen era demasiado fuerte como para ser real. No reaccionaba.

La nena se había tomado un cóctel de medicamentos, incluyendo muchos valium. Obviamente, no los había tomado por equivocación. Gritos, preguntas, culpas, llanto… Mucho huevo en la garganta y frases trilladas relacionadas con “vas a estar bien”, pero estaba a la vista que no estaba nada bien (es más, ni siquiera sabíamos si nos escuchaba). No sé cuánto habrá tardado en llegar la ambulancia, pero a mí me parecieron siglos. Lo único que se cruzaba por mi cabeza era desear que no fuera demasiado tarde. Aparentemente, yo no había sido al único a quien ella le había pedido ayuda: un amigo suyo también llegó más o menos cuando vino la ambulancia, y vaya uno a saber a cuanta gente más le habrá pedido sutilmente ayuda también (pero jamás aparecieron).

Hospital. Nadie decía nada, pero las caras de preocupación decían todo. Con el correr de los meses, se había transformado en una parte muy importante de mi vida como para siquiera considerar el hecho de que le pasara algo, pero lo que realmente me aterrorizaba era la idea de perderla. El simple hecho de separarnos por un rato por momentos se tornaba una eternidad, por lo que era impensable la idea de que no estuviera más, para siempre. Por suerte habíamos llegado a tiempo. Parecía que la nena iba a estar bien, lo cual me dejaba levemente más tranquilo. Vaya uno a saber qué hubiera pasado si no hubiera salido de casa a buscarla…

Iba a estar bien. Bien. Bien es relativo a veces. Bien, para el resto, era que pudiera contar la historia después, pero realmente ella no estaba bien. La historia la iba a poder contar, pero los días siguientes no quería siquiera salir de su cuarto salvo ocasiones que lo ameritasen, llegando al punto que más de una vez la madre llegó a llamarme por por teléfono para que la convenciera de salir de su cuarto para comer o bañarse. La carga de ser “la única persona a la que quería ver” era, de repente, una mochila muy pesada de cargar, incluso en el caso de que solamente quisiera llamar la atención. Afortunadamente para ella, la quería demasiado como para no hacerme cargo de lo que necesitaba.

Con el correr de los días, a simple vista uno podía ver sus brazos con pequeñas cicatrices de cortes. Ninguna era considerable o lo suficientemente profunda como para considerarla una herida, pero esos raspones de todas formas eran una clara muestra de su protesta en contra de la vida y su pedido a gritos de atención, que para su suerte, la mayoría de su gente cercana le podíamos brindar. Con un cutter en la cartera siempre listo, no tenía inconvenientes en amenazar con cortarse los brazos si no se hacía o decía lo que ella quería.

Por momentos, el aire de su habitación se hacía impenetrable, era demasiada la tensión para un solo lugar. La nena lentamente dejaba las malas costumbres de lastimarse, para empezar de a poco a estar mejor. Era algo impulsivo y esporádico, algo momentáneo que no se iba a extender en el tiempo (o al menos, eso creía su psicóloga, considerándolo simplemente un “acting out” para desviar la atención de todos hacia ella). Todos pensaban en las secuelas que eso podía acarrearle más adelante, esperando que estuviera bien. Lamentablemente, nadie pensó en las secuelas que podía tener todo esto en mí a futuro, y lo que es aún peor, es el día de hoy que creo que nadie siquiera atinó a preguntármelo... y sin embargo, mucho tiempo después, es el día de hoy que todavía por momentos se siente.

27 jun. 2010

De sapos y príncipes

Les encanta el drama, admitámoslo. Son histéricas. Incluso cuando uno hace las cosas bien, ellas le encuentran algún defecto. Piensan que, si realmente nos interesa y nos preocupamos, lo hacemos de compromiso porque queremos ponerla. Si nos alejamos, somos unos desconsiderados y mentirosos, porque si tanto la queríamos no nos alejaríamos tan fácil y tan rápido. ¿Tan rápido se nos fue el amor? Seguro éramos un mentiroso más del montón… Si decimos que las queremos, es más que posible que se lo digamos a todas. ¿Qué las hace ser especiales para nosotros? Se lo preguntan un par de veces, y es motivo de sospecha. Ninguna piensa haber hecho nada como para merecer eso, cuando en realidad, los te quiero no son por merecimiento, simplemente se sienten y no se explican. A pesar de que lo que digamos sea sincero, más de una vez no ven eso sino que buscan la estrategia en lo que decimos.

Algunas hasta están seguras que esa amiga cercana, o esa mina que nosotros decimos que no nos interesa, debe ser nuestro garch´n´go o bien en el fondo nos interesa más de lo que le contamos (porque sí, a veces somos tan pelotudos que incluso les contamos esas cosas). La otra posiblemente es más linda, más flaca, más alta, más atrevida o desinhibida... y si no lo ven así, lo imaginan. Se contentan pensando que seguramente es un gato, una mina fácil, entregada… pero incluso en ese caso, su autoestima las hace pensar que son mejores que ellas a nuestros ojos, y cuando les decimos cosas lindas a ellas no somos del todo sinceros.

La mayoría de las mujeres se cruzó en su vida con un tarado que alguna vez les mintió, que les dibujó una cosa cuando realmente era otra, y las lastimó demasiado. Pasar por eso las hace reticentes a pensar que un hombre cualquiera pueda decir las cosas sinceramente, sin demasiada vuelta, sin significado oculto, sin peros, sin objetivos en concreto. Más de un buen pibe paga los platos rotos de los demás, sin protestar. Las mujeres son mucho más complejas que los hombres, les encanta dar mensajes ambiguos. El hombre es un poco más simple (y pelotudo), pero la mujer intenta entendernos desde su perspectiva, y no les cierra.

Sacando esos salames que se cruzaron en sus vidas, algunos de nosotros no le regalamos un “te quiero” a cualquiera, pero más de una no se cree merecedora de esas palabras. La vida a veces es más fácil de lo que la entendemos, y si va todo bien, es porque realmente va todo bien. Bien no necesariamente es perfecto. Algunos príncipes se confunden el traje a veces, y en vez de azul se visten de otros colores… es un detalle nada más, pero no, ellas siempre piensan que es otro sapo disfrazado. Es más fácil protestar porque hay muchos sapos, que besar sapos hasta encontrar al príncipe.

La mejor forma de obtener resultados diferentes, es simplemente hacer las cosas de forma diferente. Suena tonto y hasta redundante, pero cuando uno hace lo mismo de siempre, no puede esperar resultados que no sean más de lo obtuvieron hasta ese momento. Probar algo nuevo y confiar, no es más de lo mismo y por eso da miedo… Les cuesta entender que no todos pensamos con la cabeza de abajo, y que incluso si una mina linda nos tiene ganas podemos no interesarnos… es más, el hecho de tener opciones justamente puede hacer que más de uno tienda a elegir mejor, haciendo aún más especial recibir alguna palabra que la haga sentir diferente al resto. Jamás se sienten diferentes. Jamás se creen tampoco que nosotros podemos ser diferentes. Cuando les toca uno diferente tienen miedo, y después salen a gritar a viva voz que somos todos iguales…