26 sept. 2010

Don´t look back in anger

La excusa para que fuera a su casa era juntarnos a estudiar. Ni hacía falta que nos juntáramos, es más, yo ya había rendido bien la materia, y justamente esa era la causa por la que iba a ir a darle una mano con el estudio. Me tomé el 98 y casi una hora después, estaba en un recóndito y desconocido (al menos para mí) lugar de zona sur, intentando localizar mi destino. Una vez ahí, hicimos de todo menos estudiar: salimos a dar una vuelta, compramos un par de cosas y hasta recuerdo que inesperadamente me vacuné contra la rubeola en un puestito sanitario en la calle. Claro, todo era más divertido que estudiar, especialmente para mí que realmente no lo necesitaba…

Lo más divertido de la tarde fue una guerra de agua y jabón que empezó de la nada. Con una esponja, jabón, detergente y un cepillo como armas terminamos inevitablemente enchastrados. Me encantaban esas cosas, y con ella la pasaba siempre bien. La química que había se notaba a distancia (o al menos, eso decían todos los que nos conocían). Teníamos demasiada confianza para lo que realmente éramos: simplemente compañeros de facultad, que sabían que se tenían ganas, pero siempre se postergaba que pasara algo. Quizás ese hecho de que sabíamos que en algún momento iba a pasar, pero ninguno de los dos quería hacerse cargo, lo hacía aún más emocionante y divertido.

Vale decir que el "pequeño detalle" de que ella tenía novio influía bastante en nuestra situación, especialmente considerando lo estructurado que soy y lo mucho que me cuestan esas cosas. Sin embargo, por momentos me olvidaba de eso y me dejaba llevar un poco en la vorágine de esa amistad confusa que ambos sabíamos que tarde o temprano iba a terminar en desastre. En realidad, con el novio tenía una relación rara, donde su situación era una mezcla de “tengo miedo” y “a esta altura, estoy por estar” con una buena dosis de “no puedo estar sola”. Por mi parte, no quería problemas, y era muchísimo más cómodo esperar a que su relación terminara por decantación, para que yo tuviera libertad de hacer lo que quisiera sin culpas, remordimientos ni limitación alguna.

Toda estructura tiene un punto flojo, y toda regla tiene su excepción. Yo no quería engancharme, y mucho menos, siendo consciente de estos detalles. Fue inevitable... en su casa tenía un piano grande, muy lindo. Le pregunté si sabía tocar, y me dijo que sabía muy poco, que había aprendido de chiquita, pero casi ni se acordaba. Obviamente, quise que tocara algo… se resistió un poco, pero al final accedió. Hasta canchereó preguntándome qué quería que tocara, pero yo no tenía muchas pretensiones, simplemente matar mi curiosidad de ver como tocaba. Finalmente eligió ella, “Don´t look back in anger” de Oasis. Ese tema me encanta, y creo que me gusta mucho más después que la escuché tocarlo mientras cantaba.

Quizás si lo veía y escuchaba cualquier otro, diría que no era nada del otro mundo, pero a mí me puso la piel de gallina y me revolvió la panza, al punto tal que me dijo que la acompañara cantando pero ni siquiera podía hablar para decir algo coherente para excusarme. Ahí se cayó toda mi estructura, haciendo la excepción a la regla. En ese momento me di cuenta que esa mina me encantaba más de lo que pensaba, y que iba a ser un dolor de cabeza la situación: en un mes me tocaba irme a Estados Unidos por un largo tiempo, y claro está, también ella tenía novio. Ambas situaciones tenían tiempo de caducidad, y curiosamente, se dieron juntas: ella cortó son su novio en el mismo momento que yo me subía al avión, mientras leía su carta que decía claramente “no leer hasta no estar volando”.



20 sept. 2010

Diablita

A veces arranco a contar historias o anécdotas sin arrancar por el principio. De ahora en más, voy a empezar a usar las etiquetas en el blog y empezar a escribir con algo de linealidad en mis relatos, para que de esta forma pueda continuar mis escritos sin hacer posts kilométricos que probablemente espanten a cualquier lector desprevenido. De paso, también voy a empezar a agregar nombres (no reales) como para poder ir siguiendo el hilo de todo. Cualquier similitud con la realidad, no es pura coincidencia. Están avisados…

Voy a arrancar contando el principio del principio (valga la redundancia) de lo último que conté (“manos frías”). Un día como cualquier otro, veo que me agrega una desconocida en facebook, por lo que como hacen casi todos, me puse a chusmear fotos. Lo primero que hacen casi todos los hombres (por más que pocos lo admitan) es ir a las fotos del verano a ver las fotos en malla… sisi, esas fotos donde no hay mucho que esconder. Salvo casos muy atípicos, no suelo aceptar gente que no conozco salvo que tenga gente en común o al menos sepa de su existencia física.

Retomando, me agregó, teniendo dos personas en común (de la facultad). Me bastaron un par de fotos para aceptarla, ya que me parecían muy interesantes… la gran mayoría tenían mucha producción encima, y se notaba que no eran fotos caseras. Es más, hubiera apostado a que eran fotos profesionales en su mayoría. Claramente, esta chica tenía que vivir de algo relacionado con eso, no podía ser un simple hobby. La curiosidad mató al gato. La acepté y la dejé ahí en “stand by” por meses, pasando a ser una más del montón de amigos virtuales de facebook.

Tres meses después, subió fotos nuevas, de alguna producción al azar. Chusmeé así al pasar, y ví que algunas eran en un lugar conocido… ¡Era mi facultad, la gloriosa facultad de derecho de la UBA! Era muy posible que estudiara conmigo, por la gente en común y por las fotos. Por las dudas, no vaya a ser cosa que me estuviera confundiendo de lugar, me puse a mirar más detalladamente las fotos. Detalladamente en serio… ¡al punto tal que descubrí que en una de sus fotos había una chica disfrazada de diablita que se veía muy a lo lejos! Eran fotos en serio, probablemente usadas para alguna publicidad gráfica o similar… ¿Cómo se las podía haber escapado un detalle así? Muy poco serio… Claro, nadie miraba el fondo, sino simplemente las piernas de la fotografiada.

Me animé, y le comenté la foto, contándole mi curioso descubrimiento. Ni siquiera esperaba una respuesta. De todas formas la tuve, y fue mucho más simpática de lo que suponía. Ahora sí que me daba más curiosidad ésta chica… no solamente era linda, sino que además era simpática y hasta me había agregado al facebook por alguna razón. Necesitaba saber un poco más, era inevitable. Así fue como intercambiamos MSN´s y empezamos a hablar. Fue instantáneo. Natubel era un amor. A los dos o tres días, ya moríamos de ganas de vernos.

Nuestro primer encuentro iba a ser simplemente que yo la acompañe al molesto martirio de tramitar el pasaporte, haciéndole realizar los trámites acompañada para que fuera levemente más tolerables. Le encantó la idea, por lo que fuimos a tramitar el pasaporte tal cual lo planeado… esa fue nuestra segunda “salida”. La primera, fue la del McDonald´s del centro, que se alargó hasta la noche donde tenía las manos frías… el resto, es una historia demasiado larga como para contar en este post.

14 sept. 2010

Manos frías

Una casualidad fue llevando a la otra, hasta que quedamos en encontrarnos en un McDonald´s sobre una peatonal del microcentro. Ella tenía que hacer tiempo mientras repasaba las líneas de una obra de teatro importante que ensayaba más tarde, yo tenía un hueco en mi mediodía/tarde y andaba por la zona. Llegué a las corridas, saltando los charcos dejados por el día lluvioso. Me esperaba sentada en una mesa, apenas subiendo las escaleras. La ví, e instantáneamente tuve esa sensación de que iba a ser un encuentro muy interesante. El tiempo me hizo ver que esa sensación se quedaba corta…

Recuerdo que ese día tenía unos ojos gigantes, llenos de brillo. Si fuera un poco más ganso, diría que eran como dos luceros que alumbraban mi camino… pero soy solamente un poco ganso, así que me limito a decir que me llamaron muchísimo la atención. Su sonrisa era casi medida, a tal punto que sabía exactamente cómo usarla para comprarse a quien quisiera. Tan medida era, que al rato de hablar me confesó que desde chiquita había pasado horas practicándola frente al espejo, porque de grande quería llegar a ser alguien importante y la sonrisa iba a ser fundamental (y vale decir, que el resultado valía la pena, porque estaba milimétricamente perfeccionada).

La charla se dio como si nos conociéramos hace mucho tiempo, llegando a formar una confianza extrañamente placentera, al punto tal que casi sin siquiera mencionarlo la terminé acompañando hasta la noche. Habíamos pasado horas juntos, pero nos parecía solamente un ratito, quedándonos con ganas de más en todo momento. Era como un vicio, un impulso que no se podía frenar, que se generó velozmente sin buscarlo. Sin darme cuenta, ya era una pequeña parte de su vida, y casi sin quererlo, ella también de la mía. Me encantaba su actitud, las ganas que le ponía a todo, y cómo no disimulaba cuando realmente quería algo. El mediodía lluvioso se había transformado en una noche fría, y ya era hora de volver a casa.

En un momento me toca el brazo, con las manos congeladas, a lo que instintivamente le dije “tenés las manos frías”. Su respuesta simplemente fue “dicen que a manos frías, amor de un día”, mientras me miraba fijamente. Jamás lo había escuchado antes, pero me quedó grabado, vaya uno a saber por qué. Después de saludarla, mientras volvía a casa me quedé pensando en eso de amor de un día… ¿Amor de un día? Qué raro, para mí parecía como que daba para largo. Por suerte, a ella le pareció lo mismo… No me equivoqué.



13 sept. 2010

Cruzados

Por momentos se tornaba incómodo andar con ella. Una vez, en un trayecto de veinte cuadras que caminamos juntos, le tocaron bocina cuatro veces, dos autos pasaron excesivamente lento nada más que para mirarla sacando la cabeza por la ventana, una multitud se dio vuelta disimuladamente para apreciarla y hasta un loco incluso tuvo el coraje de venir a decirme "con todo respeto, tu chica es muy linda", mientras me daba la mano como felicitándome. Ella ni se inmutaba... es más, creo que ni debía ser del todo consciente de todo lo que generaba.

Lo curioso del caso, es que andaba de jeans y zapatillas. No tenía un escote pronunciado, ni tacos llamativos, ni pollera corta. Nada. Dicho así, hasta uno podría pensar que era más de un montón, pero no lo era. A su caminata le sobraba elegancia, se movía como si estuviera en un desfile de alta costura, pero con la naturalidad con la que cualquier otra va a comprar el diario a la esquina.

Un día como cualquier otro, estábamos caminando por ahí (con todo lo que eso generaba alrededor) hasta que ví en la distancia una cara conocida. Sí, más que conocida, diría que en algún momento había sido demasiado cercana, por no decir íntima... y venía acompañada. Me vio, la vi. No había más chances de hacernos los tontos, nos vimos al mismo tiempo. Nos cruzamos, pero ni me miró. Yo hice lo mismo... ni un hola, ni un gesto, nada.

Pasó. Momento raro, pero pasó por al lado mío como si no fuera ella la que tiempo atrás me daba besos y abrazos que me dejaban sin aliento. En ese momento, fuimos dos fantasmas, y ni siquiera atiné a mirar para atrás al pasar (ni sé si ella hizo lo mismo tampoco). Segundos después, quién me acompañaba me dijo "¿qué le pasa a esa chica que me miró así? no sé, como con bronca, algo". "Vaya uno a saber..." fueron las palabras que pude decir, y seguí caminando como si nada, esperando el próximo bocinazo mientras a escondidas esbozaba una sonrisita pícara.



7 sept. 2010

Escribir

Tengo ganas de contar mis cosas, pero no sé a quién le puede llegar a interesar. ¿Acaso hay alguien a quien realmente le interese mis historias de amores fallidos o de conquistas exitosas, mis peleas con gente querida o mis meteduras de pata?De todas formas, en definitiva, son cosas del pasado, que se fueron para no volver. Por momentos recuerdo un montón de cosas lindas, y me quedo fantaseando por un rato. Por ahí esa es la causa por la cual no escribo, porque al hacerlo estaría indirectamente reviviendo un poco más nítidamente las cosas que no voy a volver a tener por más que me lo proponga.

Soy muy perfeccionista, y si quiero algo hago todo lo posible para tenerlo. Incluso, más de una vez intenté lo imposible para lograrlo, sorprendiéndome más de una vez, pero si hay algo que jamás voy a poder hacer es volver el tiempo atrás, o cambiar las cosas que no dependen exclusivamente de mí. La gente cambia, evoluciona, y uno tiene que seguir el ritmo porque sino se queda estancado en un mundo que se mueve demasiado rápido a veces como para seguirle el ritmo. Escribir, darle vueltas a asuntos imposibles de resolver, sería un sinsentido.

Insisto, tengo mil cosas que contar, pero simplemente no me largo a contarlas. A veces, ni a las personas más cercanas de mi vida se las cuento… mucho menos me voy a poner a divagar en este blog sobre esas cosas. Además, cuando escribo soy detallista, y si nadie tiene ganas de leer historias ajenas menos ganas van a tener de leer las que son demasiado largas. Quizás pueda escribir por capítulos, relatando todo con detalles, si es que la gente no se aburre. ¿La gente? ¿Cuántos leerán este blog? Pocos. ¿A cuántos le interesarán mis pavadas? Quizás a alguno, con suerte.

En definitiva, no soy especial, soy uno más del montón. Me pasaron algunas cosas geniales, y otras sorprendentemente decepcionantes, pero aún así soy uno más. No hay nada que me haga merecedor de que el resto pierda su tiempo en leerme, demasiado tienen con su propia vida e historias como para compenetrarse un poco con las mías (especialmente, si no me conocen). Qué se yo… quizás, de todas formas, me largue a escribir… quién sabe, quizás le llego al menos a una persona, y le cambio el día. En ese caso, creo, habrá valido la pena entonces…