28 jul. 2010

Dr. House

Cameron: I’m not expecting you to be someone you’re not.
House: We’re in a restaurant, we’re dressed up, we’re eating. If not small talk, what is there?
Cameron: According to Freud, and I’m paraphrasing, instinct of love toward an object demands a mastery to obtain it, and if a person feels they can’t control the object or feel threatened by it, they act negatively toward it. Like an eighth-grade boy punching a girl.
House: I treat you like garbage, so I must really like you. Given your Freudian theory, what does it mean if I start being nice to you?
Cameron: That you’re getting in touch with your feelings.
House: Hmm. So there’s absolutely nothing I can do to make you think that I don’t like you.
Cameron: Sorry, no. I have one evening with you, one chance, and I don’t want to waste it talking about what wines you like or what movies you hate. I want to know how you feel about me.
House: You live under the delusion that you can fix everything that isn’t perfect. That’s why you married a man who was dying of cancer. You don’t love, you need. And now that your husband is dead, you’re looking for your new charity case. That’s why you’re going out with me. I’m twice your age, I’m not great looking, I’m not charming, I’m not even nice. What I am is what you need. I’m damaged.

Conejo Pepito

Era una situación difícil, pero teníamos que defenderlo. Nos juntamos a tomar algo en el Village Recoleta para ver cuáles serían las estrategias a seguir, pero parecía bastante complicado. Hacía un año que veníamos preparándonos. Todo indicaba que nuestro cliente había sido el asesino, ya que había estado en el lugar del hecho poco antes de que sucediese, y no lograba recordar bien qué había pasado ese día. Lo que sí recordaba era que, casi como en un sueño, había tomado del cuello a la víctima hasta dejarla sin aire y posteriormente salió corriendo.

Se me vino a la mente una historia que había escuchado hace tiempo, que sin dudas compartí con el resto. Todos se rieron, pensando que era poco serio. Era obvio que no daba contarla durante el juicio, pero aún así, me animé a contarla. Las caras de pánico de mis compañeros lo decían todo. La historia era sobre un conejo… sí, un conejo… llamado Pepito. ¿Poco serio? Quizás. Pepito era el conejo favorito de la familia vecina, lo trataban casi como a un hijo. Era blanco como un copo de nieve, y tenía una cara inocente que daban ganas de abrazarlo hasta el cansancio. Mi amigo, en cambio, tenía un perro con bastante mala fama. Su ladrido hacía enojar a todo el barrio, y de vez en cuando se lo veía revolviendo la basura, manchando todo a su paso. Nadie lo quería, salvo él

Un día más del montón, el perro apareció con Pepito ensangrentado en su boca, moviendo la cola como si nada. Su dueño, espantado, sabía que el perro se había mandado una grande. Su mala fama lo condenaba, y esto no lo ayudaba en lo absoluto. En un acto desesperado, agarró el cadáver de Pepito y le sacó todo el barro, la mugre y la sangre minuciosamente. Sin que sus vecinos se dieran cuenta, sigilosamente puso a Pepito en su jaula esperando que nadie se diera cuenta de lo que había hecho su perro.

Pasaron un par de días sin noticias. Posiblemente, los dueños de Pepito pensaban que el pobre conejo había padecido alguna enfermedad terminal que lo había dejado en ese estado. El perro estaba a salvo, pero aún así, la curiosidad lo estaba consumiendo, por lo que no tuvo mejor idea que ir a preguntar por Pepito para asegurarse que efectivamente estaba todo bien. Necesitaba reconfirmar que estaba todo bien, por más que en el fondo sabía cómo eran las cosas. Un hombre con un reloj siempre sabe la hora, pero un hombre con dos relojes nunca puede estar seguro...

El vecino, con cara triste, le dijo que Pepito había fallecido. Hasta acá, no había ninguna noticia nueva, pero lo que contó después le puso la piel de gallina. En su relato, detalló que Pepito había fallecido después de un largo padecimiento cardíaco que todos sabían que era inevitable, pero lo curioso había sido que, después de enterrarlo, algún loco morboso lo había desenterrado, lavado y vuelto a poner en su jaula. No lo podía creer… el desquiciado era él. El perro no tenía nada que ver.

Jamás siquiera había considerado la opción de que su perro, por más mala fama que tuviera, era realmente bueno como él pensaba. Por más que parecía claro que se había mandado una cagada, jamás confió en que podía ser diferente a lo que parecía… en el fondo, el perro era revoltoso, pero jamás había hecho maldades. Desde ese día se decidió por dejar de prejuzgar, y empezar a ver las cosas diferente. La historia era entretenida, pero fue ideal para que la querella y la fiscalía salieran con los tapones de punta a rebatir nuestros argumentos con furia. Mis compañeros me querían matar, pero no me importaba, ya que mi historia “poco seria” había plasmado clarísimamente mi idea. Con nuestro cliente pasaba lo mismo que con el perro y Pepito: él no la había matado, por más que todos los argumentos estaban en su contra. Finalmente, quedó absuelto… ganamos el juicio, y fuimos a festejar, contentos.

20 jul. 2010

De sentimientos y momentos

Creo que una de las peores cosas que te puede pasar es querer a alguien y haberte olvidado por qué. En el fondo, sabés que esa persona te produce un montón de sensaciones, pero ya no te acordás qué es lo que las estimula. Querer a alguien pero perder el sentido, la causa, la razón… es horrible. Cuando me pasa con pavadas me río: voy a la cocina a buscar algo, en el camino me olvido qué era, vuelvo a mi cuarto y digo “¿para qué había bajado? Ahhh sí…” vuelvo a bajar, me vuelvo a olvidar, vuelvo a mi cuarto y pienso que soy un idiota total. Es como si de repente, no me acuerdo porqué iba a la cocina, simplemente se mueven mis pies y van. Cuando hay sentimientos, deja de ser gracioso y pasa a ser frustrante.

Cuando uno intenta recordar las razones de por qué quiere a alguien, se vienen vagas ideas a la cabeza de cosas lindas que fueron pasando. Es increíble poder recordar, más que los lindos momentos, lo que uno sentía en cada momento ya que es lo más importante y sin embargo, también lo que generalmente uno olvida. Todo lo que nos produce la otra persona internamente es lo que nos lleva a quererla, más que los momentos en sí.

Al momento de querer a otra persona, es como una montaña rusa de sentimientos alocados e inexplicables que nos inundan y nos hacen querer pasar todo el tiempo con ella, sin importar la excusa. Hacer algo tan aburrido como matar el tiempo en un consultorio médico haciéndole compañía a esa persona puede valer más en nuestra cabeza que una noche entera con la supermodelo top del momento. En estos casos lo mejor sería anotar puntualmente como uno se siente en esas situaciones, porque al leerlo mucho tiempo después uno se termina sorprendiendo…

Lamentablemente, una vez que todo ese sentimiento lindo pasó, muchas veces nos olvidamos por completo. Por más que querramos congelar el tiempo y mantenernos por siempre en esa situación, es inevitable que siempre cambie, y jamás vamos a poder tener el momento de nuevo. Es como ir por la ruta y que los momentos pasen fugazmente como pasan las casas cuando miramos por la ventana. El otro día me pasó y me dije “concentrate, Nico, acordate de todo esto porque se siente muy bien”, pero uno se acuerda el momento como si lo viviera, pero es casi imposible poder revivir el sentimiento frente a eso.

18 jul. 2010

Estar bien

Días como hoy pienso que me salen todas las cosas bien. Lo malo de cuando uno se siente así, es que generalmente no se extiende eternamente en el tiempo, y uno no se da cuenta de lo bien que estaba hasta que deja de estarlo. Hace un par de semanas que se me vienen dando un montón de cosas, y estoy muy contento... sin embargo no me olvido que estos momentos suelen ser efímeros. Dure lo que dure, esta vez lo voy a disfrutar. Hakuna matata.

Voy a hacer ese viaje increíble que planeamos, voy a seguir divirtiéndome en el trabajo, voy a seguir conociendo a esa gente que tanto quiero conocer, voy a seguir saliendo los días de semana aprovechando mis vacaciones por más que al otro día me arrepienta, y también voy a disfrutar poder jugar al mejor deporte del mundo una vez más por más que me duela hasta el alma la mañana siguiente. Estoy bien, y pocas veces uno dice esas palabras sin un "pero" que la arruine. Esta vez, estoy bien, y no pienso en nada más que eso. Espero que esta tranquilidad no sea la calma que antecede al huracán... pero si viene, al menos estos días, fueron increíbles.

14 jul. 2010

Discusiones lindas

- Basta, la tenés toda vos...
- No, mirá lo que tengo...
- ¡Ves que sí! ¡Mirá lo que tengo yo!
- Tenés más que yo...
- ¿Tengo frío, me das un poco más? Dale
- No
- Ahhh no, sos un tramposo, te vi... ¡la doblaste para parecer que tenías menos! ¡sos el peor!
- Mentiraaa
- Dale, compartí, no seas así
- Bueno un poquito nada más...
- ¿Tan generoso ibas a ser?
- Ves, ya te zarpaste, ahora no tengo nada yo
- Jodete por tramposo... ahhh no, esto es colmo, aparte te hacés el que tenés escalosfríos, ¡caradura!
- Jajaja daaale
- Bueno, tomá un poquito... nono, eso no es poquito, devolvé
- Egoísta
- Te odio
- Mentira. Te encanta.
- No, te odio
- Andá a dormir al puff entonces
- Sí, mentira, no te odio pero devolveme la sábana
- Nada, me dormí, chau
- Dormí, pero si te levantás sin sábana yo no fui ehh
- Jajaja bueno

11 jul. 2010

Fragmentos

"Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. "

Edgar Allan Poe, El gato negro


“Puede ser un niño que lo venció en una pelea en su infancia, la noviecita que lo dejó a los once años, el profesor que le llamaba burro. Cuando está cansado, le guerrero se acuerda de que él aún no vio su coraje. No piensa en venganza, porque el enemigo oculto no forma ya parte de su historia. Piensa solamente en mejorar su habilidad, para que sus hazañas corran por el mundo y lleguen a los oídos de quien lo hirió en el pasado. El dolor de ayer es la fuerza del guerrero de la luz.”

Paulo Coelho, Manual del guerrero de la luz

“Es solo que contigo me siento menos absurdo. Tú eres una de las cosas que no entiendo, pero la única que me gusta no entender”

Santiago Roncagliolo, Abril rojo

"Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible."

A. Pizarnik, La Condesa Sangrienta

Casita de naipes

Cuando uno es honesto y hace las cosas bien, la gente no lo reconoce, sino que simplemente, da por sentado que debe ser así sin valorar el esfuerzo que uno pone en hacer las cosas bien. Se puede pasar meses o años haciendo las cosas bien que jamás va a recibir un cumplido por eso. Cuando uno hace las cosas mal es diferente, una sola cagada importante basta para derribar todo tan fácil como se derriba una casita de naipes al soplarla. Es lo mismo que pasa con la mentira o con la fidelidad en la pareja: un solo desliz basta para pasar a una persona de la cual desconfiar. También pasa con los profesores, cuando te quieren cagar y te hacen una pregunta para ver si te pueden encajar una mala nota, y si les respondés bien, es como si jamás hubiera pasado (cuando realmente, te deberían poner una buena nota como corresponde).

Yo solamente tuve un mal día. No puede ser que si tuve cientos de días buenos, y algunos hasta espectaculares, de repente se borre todo y valga solo el mal día. Si el profesor me pregunta mil veces, y respondo bien todas salvo la última, no me puede clavar un uno... Con esto pasa lo mismo, yo sé que estuve mal, pero tampoco voy a pasar mi vida pidiendo disculpas. El de ese día no era yo, o al menos no era quien yo realmente soy, pero por momentos me lo creo… mirá como será, que cuando lo cuento lo hago en tercera persona, como si hubiera sido la historia de alguien ajeno a mí. Creo que, incluso más grave, es que cuando lo cuento, generalmente lo hago con mi psicóloga porque ni siquiera a mis amigos se los quiero decir. Un maldito día fue nada más.

Cuando pasó el momento, tenía la mano llena de sangre vaya uno a saber por qué, y sentía mucha impotencia. La gente miraba, y caminaba más rápido, como sin querer hacerse cargo. Alguien me vino a preguntar si estaba bien. Curiosamente, cambió un poco mi mal momento. No me iba a solucionar la vida que ya de por sí demasiado desarreglada estaba, pero solamente necesitaba que preguntaran si estaba bien. No, no estaba bien, estaba a la vista. Por suerte, a veces la vida nos cruza con ese tipo de personas. Sé cuanto valen, y por eso no pierdo el contacto. Si no fuera por quien en ese momento era una persona desconocida más, creo que no hubiera llegado a mi casa…

10 jul. 2010

Juguemos al cíclope...

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Rayuela, Julio Cortázar, 1963.

7 jul. 2010

Living a movie

A veces no entiendo lo que venden las películas que buena parte de las mujeres adora. Mejor dicho, entiendo pero no me gusta. En casi todas, hay un momento rondando la mitad en el que está todo bien, hasta que llega un quiebre y todo se pone un poco más dramático. El galancete o príncipe azul de turno, en ese momento, contra viento y marea, arregla todo mientras ella corre contenta a darle un abrazo, un beso y recordarle lo mucho que lo ama.

Uno a veces se piensa que puede vivir una película, que todo en la vida tiene que ser emoción y euforia. Esas ganas de vivir una película por momentos nos hacen llegar al punto donde un buen momento, tranquilo, estable y feliz pasa a ser molesto o incluso incómodo. Esas situaciones, sin darnos cuenta, nos llevan a autoboicotearnos para tener algún problema que resolver o algún drama que vivir, porque lo más lindo de todo es el momento que viene después del drama.

Las películas buscan que nuestra vida sea una montaña rusa emocional. Cuando la montaña rusa va tranquila y sin vueltas, no tenemos miedo pero en el fondo sabemos que queremos un poco de adrenalina, que obtenemos en las subidas y bajadas bruscas. Las subidas y bajadas bruscas dan miedo, pero uno en el fondo sabe que no hay peligro, es parte del juego. Eso pasa en las películas nada más, porque en la vida real subirse a una montaña rusa emocional puede costar demasiado caro.

Siempre que haya un problema, incluso provocado inconscientemente, en mi caso siempre busco la solución. Sea cual sea el drama, me calzo el traje azul y me doy vuelta al mundo en globo en su búsqueda. Después de una odisea, llego y la espero bajo una lluvia torrencial sin paraguas. En las pelis nunca falla, así que no puede salir mal, es el momento justo donde ella sale con cara de sorpresa, súper feliz, y me da un beso apasionado bajo la lluvia. Lo hace el actor, y es un romántico… lo hago yo, y soy un salame.

Mi caso es distinto. "Ah, sos vos... ¿qué pasa?". Sin beso, sin abrazo apasionado bajo la lluvia, sin siquiera un “estás mojado, mirá como llueve… ¿querés pasar?”. No sé para qué me pongo el traje azul, es evidente que me queda grande. Quizás me queda bien, pero pareciera que lo uso para aparentar... flaco, ya te recorriste el mundo en globo, ¿hacía falta caer vestido de azul y con cara de feliz cumpleaños también? Nono, definitivamente algo raro hay, y si no lo hay con la sospecha alcanza. Es fija: tengo que dejar de mirar películas, y especialmente, pensar que puedo vivir como si estuviera dentro de una.

5 jul. 2010

Te miro, no te miro...

No soy fácil, en general necesito que la gente me demuestre con sus actos que es especial para que yo me sienta cómodo, me libere un poco y me acerque más. Esta quizás es la causa por la cual suelo pensar mucho (a veces demasiado) las cosas, pero sin embargo esta vez, quien sabe por qué, me sentía diferente. El sentimiento era raro, ya que no había hecho más que leerla y sin embargo aún así estaba seguro que me gustaba. Sin darme cuenta se había vuelto una adicción, y desde la primer palabra que cruzamos sentí que necesitaba cada vez un poquitito más.

La llamé. Tenía todas las ganas de verla, para darme cuenta que no estaba tan loco por pensar que una persona que ni conocía podía ser especial. Si, especial, de esas que se cuentan con los dedos de una mano. Propuse encontrarnos en un bar por su barrio, ya que nos quedaba cómodo a ambos, pero ella no estaba tan segura como yo. Supongo que, en el fondo, no se debía sentir tan diferente a mí, y a pesar de la curiosidad y las ganas de vernos también se sentía rara la situación. Finalmente, después de un poco de insistencia bastante atípica en mí, accedió a encontrarnos.

No sabía qué podía esperar, pero sabía que si la charla en persona llegaba a ser la mitad que lo que era por escrito, yo estaba feliz. Llegué puntual donde nos íbamos a encontrar, pero ella iba a llegar un poco tarde. No había problema, hacía días que estaba esperando verla, no me iban a matar unos minutos más o menos. Miré para un costado y la vi venir. Me bastó un segundo reconocerla, e incluso distinguir a la distancia que caminaba con unos tacos considerables. Vaya uno a saber porqué, el impulso pudo más y como si fuera un nene chiquito no pude seguir mirando. Hacía años que no me ponía nervioso la presencia de una mujer…

Como si nada hubiera pasado, la saludé y me puse a hablar como si la conociera de toda la vida. Me di cuenta rápido que era una chica bastante tímida, y para el deleite de mis ojos, parte de su timidez la demostraba sonriendo casi sin interrupción. Si no fuera por el hecho de que tiene una sonrisa que enamora, quizás ni me hubiera dado cuenta de esos detalles, ya que con lo bien que la pasaba probablemente no hubiera tenido ni tiempo de prestarles atención. Imagino que ella también la habrá pasado bien, ya que además de la sonrisa, también se terminó yendo más tarde de lo que pensaba.

La acompañé hasta lo de una amiga y volví contento a casa al darme cuenta que tan loco no estaba, esta chica definitivamente era especial. Lo verdaderamente loco, quizás, era considerarla especial sin siquiera haberle dado un beso. Sabiendo todo esto, no me parece tan irrisorio ponerme nervioso al verla, pero me cuesta admitirlo. Al otro día, me comentó así como al pasar que no la había reconocido al venir. No supe bien qué responder, y desvié un poco el tema, pero creo que jamás hubiera admitido fácilmente que me habían temblado un poco las patitas al verla, y no me quedó otra que mirar para otro lado.

Cuando juego, en los amistosos soy el goleador, con lujos y magia. Me sirve a mí para subir mi ego, y para darle que hablar a mis amigos. Cuando juego en serio, en una final, me pesa la camiseta desde el momento que sé que no es un partido más del montón. En este caso me pasa lo mismo, y soy demasiado orgulloso para admitir que, a veces, todavía me pasan estas cosas. Mejor dicho, soy demasiado orgulloso para admitir que, incluso sin conocerla demasiado, desde el hola ya me tenía en el bolsillo y con ella jamás sentí que jugaba amistoso, y mucho menos hubiera querido tirar un lujo innecesario.

La conspiración de las mujeres hermosas

Cuando Jorge Allen, el poeta, se cruzaba con alguna mujer hermosa, caia en el mas hondo desasosiego. Esta muchacha no será para mi, pensaba, mientras la veia doblar para siempre la esquina. Es que cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretará nunca. Y ya se sabe que los hombres de corazón sueñan con vivir todas las vidas. En ocasiones especiales, Allen usurpaba el tranco de las más buenas mozas para decirles algo.

-Vea: si no me conoce, no podrá usted darse el lujo de olvidarme.

Pero casi siempre ocurría lo mismo. Las pibas de Flores no mostraban el menor interés en olvidar o recordar al poeta. Cabe ahora mismo salir al paso de la suspicacia general, aclarando que Allen era un joven de grata y recia figura. Además era muy versado en amorosas cuestiones. En verdad, casi no se ocupaba de otra cosa. Una tarde, envenenado por la fráa mirada de una morocha en la calle Bacacay, el hombre tuvo una inspiración: sospechó que la indiferencia de las hembras más notables no era casual. Adivinó una intencion común en todas ellas. Y decidió que tenía que existir una conjura, una conspiracion.

El la llamo La Conspiración de las Mujeres Hermosas. Allen nunca fue un sujeto de pensamientos ordenados. Pero su idea interesó muchisimo a las personas mas reflexivas del barrio de Flores. El primer fruto que se recuerda de estas inquietudes fue la memorable conferencia en el cine San Martin pronunciada por el polígrafo Manuel Mandeb. Su título fue "De las mujeres mejor no hay que hablar" vale la pena transcribir algunos parrrafos conservados en la dudosa memoria de supuestos asistentes.

"...Nadie puede negar el poder diabólico de la belleza. Se trata en realidad de una fuerza mucho mas irresistible que la del dinero o la prepotencia. Cualquiera puede despreciar a quien lo sojuzga mediante el soborno o el temor. Por el contrario uno no tiene mas remedio que amar a quien le impone humillaciones en virtud de su encanto. Y esta es una trágica paradoja.
"...Las mujeres hermosas de este barrio conocen perfectamente la calidad de sus armas y las utilizan con el único fin de provocar el sufrimiento de los hombres sensibles. Ostentan su belleza y sin embargo no permiten que uno la disfrute. Cuentan dinero delante de los pobres. Esta perversa conducta no puede ser inconsciente. Obedece, sin duda a un plan minuciosamente pensado.
"...Cada vez que me acerco a una señorita para presentarle mi respeto.
no recibo otra cosa que gestos de desagrado, gambetas ampulosas y aun amenazas de escandalo. Ya no se puede ceder el paso a una dama sin que se sospeche que esta por permitido perpetrarse una violacion."

Desde la cuarta fila, un grupo de colegialas le retruco al conferenciante, llamando su atencion acerca del comportamiento de los conductores de camionetas. Opinaban las niñas que estos profesionales, mas que requerirlas de amores parecían proponerse insultarlas. Este que escribe opina que la objecion es interesante. Con toda frecuencia se ven por las calles individuos que lejos de postularse como admiradores de las señoritas que se les cruzan, proceden a agraviarlas con frases puercas.

Aqui surge un tema polémico. En que consiste el piropo? Cual es su objeto y escencia? Algunos sostienen que se trata de un género artístico: Un hombre ve a una mujer, se inspira y suelta parrafos. No existe la esperanza de una recompensa, basta con la satisfacción de haber cumplido con los duendes interiores.
Si este es el criterio correcto, la actitud de los conductores de camionetas es perfectamente comprensible. Tal vez quepan reparos de índole académica. Se puede opinar que es artísticamente superior un madrigal que un manotazo, pero ambas expresiones se encuadran rigurosamente en la definicion que se ha sugerido anteriormente.

Otra corriente -menos desinteresada- piensa que todo piropo manifiesta la intención de comenzar un romance. Vale decir que se espera de la dama que lo recibe una respuesta alentadora. Dificil sera -por cierto- que alguien obtenga una sonrisa a cambio de uan groseria. El asunto es apasionante y fue desarrollado por el propio Mandeb, mucho despues, en un libro que se llamó "La objecion de las colegialas", título que despertó un equivocado entusiasmo entre los conductores de camionetas.
Pero volvamos a la conferencia.

Manuel Mandeb presentó durante su exposicion a un italiano y a un brasilero, quienes -dificultosamente-expresaron que, en sus países, los idilios se concertaban en forma rápida entre personas desconocidas y que muchas veces bastaba con leves gestos para entenderse bien. Curiosamente, el propio conferencista desautorizó a sus invitados.

"...Está muy bien reclamar la tolerancia de las señoritas. Pero todo amorio debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo."

La conferencia terminó en un tumulto. Varias conspiradoras asistentes empezaron a quejarse de recibir propuestas indecorosas de los caballeros vecinos. Probablemente se trataba de conductores de camionetas. Los Refutadores de Leyendas hicieron oír su voz algunos días más tarde. En una de sus habituales reuniones manifestaron que no creian en la posibilidad de la conspiracion. El argumento de los racionalistas merece consideracion: segun ellos las mujeres hermosas se odian entre sí y es inconcebible cualquier tipo de acuerdo. Declararon tambien que es falso que esta estirpe no haga caso de lso hombres: todos los dias uno ve hermosas muchachas acompañadas por algun señor.

Ya en el colmo de la locura, los Hombres Sensibles contestaron que allí estaba el punto: el señor que acompaña a las mujeres hermosas es siempre otro y esto provoca aún más tristeza que cuando uno las ve solas. No sería extraño que estas damas y sus acompañanates no fueran sino íncubos y súcubos que recorren el mundo para der dique a las almas sencillas. Ives Castagnino, el musico de Palermo, razonaba de este modo: si el propósito de las mujeres terribles es hacer sufrir a los hombres, tienen dos maneras de lograrlo: 1) No viviendo un romance con ellos. 2) Viviéndolo.

Segun parece, al músico lo aterrorizaba mucho más la segunda posibilidad. Como puede suponerse, las muujeres hermosas consultadas negaron siempre la existencia de la conjura,.De cualquier modo, hay que reconocer que la encuesta no fue demasiado amplia. En primer lugar, las señoritas entrevistadas desconfiaban de los encuestadores y pensaban -con toda razon- que trataban de seducirlas. Y por otra parte resulta una verdadera ingenuidad que, quienes son capaces de una gesta tan oscura, se presten a revelar el secreto precisamente a sus victimas.
Como suele ocurrir en estos casos, el tema de discusion se bifurcó innumerables veces y tomó el rumbo de los tomates.

Hubo quienes pidieron que se aclararan los limites de la hermosura para saber cabalmente quienes eran las mujeres que alcanzaban esa categoria.
La cuestion es ardua, como todo juicio estético. Se pueden tener en cuenta -quiza- algunos indicios. Se dice que si una dama es muy linda, las demas la tendrán por tonta. Pero no puede tomarse este lugar comun como precepto, pues es cosa evidente que existen mujeres que, siendo tontas, son al mismo tiempo feas. Inclusive hay gente que sostiene haber conocido señoritas hermosas e inteligentes, lo cual para mi gusto es demasiado.

El asunto se torna todavía más complejo a causa de la acción de los Agrandadores de Loros, unos caballeros más bien babosos, que con halagos y falsedades consiguen que ciertos bagayos se crean la reina del corso. Así, los hombres de corazon llegan a padecer la violencia de verse rechazados por damas que jamás pensaron seducir. La tarea de los Agrandadores ha ido muy lejos y ha llegado incluso a las tapas de las revistas y avisos de publicidad, donde se proponen a la admiracion de la gente de toda clase de pescados con disfraz de Colombina.

Pero los Hombres Sensibles siempre supieron cuando se hallaban ante la presencia de una mujer hermosa. Sentian lo que Mandeb describia como una patada en el corazón. Y no se equivocaban nunca. A decir verdad, jamás se alcanzaron a reunir pruebas convincentes sobre la existencia de la conspiracion. Pero sus efectos se siguieron padeciendo. Pese a todo, Allen, Mandeb y todos sus amigos siguieron recorriendo las esquinas haciendo fuerza para creer que detrás de alguna puerta iba a aparecer la mujer que les salvaría la vida.

Por suerte para los muchachos, hubo siempre entre las damas conjuradas algunas Traidoras Adorables. Naturalmente toda traición tiene su precio y muchas veces la exigencia era el amor eterno. Los Hombres de Flores pagaban una y otra vez este arancel. La denuncia de Jorge Allen ya ha sido olvidada en el barrio del Angel Gris. Pero aunque nadie converse sobre el asunto, basta con asomarse a la puerta para comprobar que las cosas siguen como entonces.

Allí están las mujeres hermosas, en Flores y en toda la ciudad, gritando con sus miradas de hielo que no estan en nuestro futuro ni en nuestro pasado. Allí esta la abominable secta de las Chicas con Novio, poniéndonos ante la espantosa verdad de que siempre hay un hombre mejor que uno. El camino para derrotar a esta muralla es largo y penoso, pero seguirlo es deber de los criollos arremetedores.

No hay más remedio que quererlas a pesar de todo. Y más todavía, tratar de que a uno lo quieran. Esta segunda labor es especialmente complicada y puede llevar la vida eterna. Consiste -por ejemplo- en ser bueno, aprender a tocar el piano, convertirse en heroe o en santo, estudiar las ciencias, comprarse una tricota nueva, lavarse los dientes, ser considerado y tierno y renunciar a los empleos nacionales. Una vez hecho todo esto, ya puede el hombre enamorado, pararse en la calle y esperar el paso de la primera mujer hermosa para decirle bien fuerte:
-He sufrido mucho nada mas que para saber su nombre.

Seguramente, la tipa fingira no haber oido, mirara al horizonte y seguira su camino.
Pero será injusto.

(Alejandro Dolina)