27 dic. 2012

Natural selection



Sobrevive el más fuerte, o el más apto. Ya lo decía Darwin, y fue repetido por cientos a lo largo de los años. Más de una vez, eso que lo hace más apto no necesariamente es lo mejor objetivamente hablando.  La selección sexual, por ejemplo, puede favorecer algunas situaciones que, a pesar de favorecer al animal en particular, perjudica a la especie en general. Así, las aves del paraíso tienen plumas coloridas que incrementan las posibilidades de que el ave sea vista por otras y poder aparearse, pero a su vez, también pasa a ser más visible para los predadores.  En su caso, la reproducción sexual pasa a ser altamente ineficiente. Algo similar ocurre con los pavos reales, que intercambian agilidad y destreza física por un plumaje ornamental que sólo sirve para ser estéticamente más atractivo… pero que no brinda ningún beneficio para la especie, sino más bien, todo lo contrario. 

Pongámonos en situación:  una gacela en África intenta no ser comida por leopardos.  Sabiendo que el felino es mucho más rápido, lo lógico sería que las gacelas que lleguen a reproducirse fueran las más rápidas, y que a largo plazo, fueran incluso más rápidas que los leopardos. Lamentablemente, esto no es realmente así. La gacela solamente necesita ser más rápida que las demás gacelas, no que los leopardos.  Hay una vieja historia de un filósofo y su amigo, a quiénes estaba corriendo un oso. El amigo le dice “esto no es bueno, jamás vas a poder correr más rápido que el oso”. El filósofo le responde “no hace falta, solamente tengo que correr más rápido que tú”. La idea es la misma. Con los seres humanos, pasa algo parecido. El busto de la mujer es un claro ejemplo de algo que no le aporta nada a la supervivencia, objetivamente hablando, pero que sin embargo terminó ganando la lucha de los genes que llegan a reproducirse. 


26 dic. 2012

El gambito de Pascal



El gambito de Pascal es la sugerencia que expuso el matemático y filósofo francés Blas Pascal sobre el hecho de que incluso en la situación de que la existencia de Dios no puede ser determinada mediante la razón, una persona debería apostar a que Dios existe, simplemente porque de esa forma uno tiene todo para ganar y nada que perder. Nada más lejos de la realidad, especialmente en la época en la que Pascal vivía, la mayoría de los pensadores de la época empezaban a preguntarse temas existenciales de éste tipo…

Si Dios existe… ¡Genial! Entonces estaba en lo cierto. Si Dios no existe, uno simplemente cambia de creencia, total todos estaban en la misma situación… pero lamentablemente, probar la NO existencia de Dios no es algo demostrable, y justamente, en la duda es donde la religión hace más énfasis. La palabra fe no es más que negar la racionalidad de la creencia, es no prestarse al debate o a responder preguntas. Entonces, si alguien dice que cree en Dios lleva todas las de ganar.

En cambio, decir que uno no cree en Dios, especialmente hace más de un siglo, lo hacía propenso a que la gente lo mirara raro, como mínimo. Las eternas discusiones donde uno intenta imponer la ciencia y la razón por sobre la fe no hacían más que alterar a la mayoría de la gente que no tenía la posibilidad ni la capacidad de descubrir lo que los eruditos de la época sabían puertas adentro. No hay nada peor que ser ateo. Un asesino que cree en Dios, encuentra redención al confesar sus pecados y entregarse al señor. Un ateo inocente, no tiene solución. El peor pecado es negar su existencia, y eso lo hace propenso incluso a morir en la hoguera. ¿Qué no hay pruebas de la existencia de Dios? ¡Hereje! La fe no se discute. ¿Qué no hay pruebas de la NO existencia de Dios? Qué pena, deberías poder explicarlo al decir que no existe.

En mi caso, con navidad pasa lo mismo. No la quiero festejar. No me interesa que hace dos mil años se supone que nació el hijo de un carpintero (porque nunca hubo pruebas fehacientes más que lo que un grupo de personas escribió casi como un cuento de hadas basándose en cuentos paganos y religiones de otros lugares). Mucho menos me interesa si nació de una mujer virgen, y resucitó. Si digo eso de cualquier otro ser, me dirían loco. Pero discutir a Jesús… jamás. En navidad, ni siquiera me interesa toda la parafernalia pelotuda del arbolito, las comidas y las reuniones en familia que podrían darse en cualquier otro día. Recordemos que el festejo de navidad no es más que la apuesta del catolicismo para remplazar las fiestas paganas que se daban en las mismas fechas.

Sabiendo todo esto, sin embargo no me queda más que poner cara de póker y “festejar” navidad. Soy el bicho raro si no lo hago. Todos me van a condenar mentalmente si grito a viva voz todo lo que pienso… ¡incluso cuando ellos no pueden ni siquiera empezar a debatir la lógica de sus acciones en estos días!. Odio la navidad. Ni siquiera me gustan los regalos. Pero por hoy, mejor poner cara de póker y “festejar”. Total, a mí me cuesta un día. Pero mi paz mental, muy en el fondo, sigue intacta.

25 dic. 2012

White rabbit



El conejo blanco de Alicia pasaba corriendo a los gritos. “No llego, qué tarde estoy llegando… no llego”. Alicia decidió seguirlo, y cayó en el mundo de las maravillas. Algo parecido le pasó a Jack Shephard en Lost. Uno de los capítulos se llama “White Rabbit”, claramente en honor al conejo de Alicia. En ese capítulo, Jack persigue al fantasma de su padre, sólo para encontrar unas cuevas con agua potable. Básicamente, su conejo era el fantasma de su padre. En la película Matrix pasa algo parecido. “Estoy siguiendo mi conejo blanco” es como estar persiguiendo algo con fe ciega, sin pensar en el fin de la persecución ya que el mismo nunca es atrapar al conejo, sino más bien en la posibilidad de que seguirlo nos abra nuevas posibilidades de aventuras o una revelación final de descubrimiento.

Mi conejo blanco es viajar por el mundo. Sólo sé que salgo de mi casa, me subo a un avión y vuelvo diferente. Cuánto más exótico sea el viaje, en general, más cosas descubro. Sigo al conejo blanco, entro en el país de las maravillas y retorno a la realidad, aunque no tal cual me fui. Me faltan unos días más nada más… y ya estoy escuchando por dentro una vocecita que me dice “no llego, qué tarde estoy llegando… no llego”.