30 jun 2010

Juguemos a que no nos conocemos

Hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos. Estaría bueno poder robarte el msn buscando alguna casualidad para empezar poco a poco a conocerte, incluso sabiendo que vos me buscaste primero. Casi como por casualidad podrías darme tu celular, para combinar por mensajito de texto encontrarnos una tarde lluviosa en un McDonalds del centro con la excusa de que tenés que hacer tiempo, pero termine finalmente acompañándote hasta bien entrada la noche. Ojalá nuestra primer salida sea tan embolante como ir a tramitar el pasaporte juntos pero aún así pasarla genial.

En la segunda salida quizás yo te mire tu cara súper ilusionada pero igualmente me anime a decirte que te están mintiendo descaradamente. Me gustaría explicarte todo lo que veo cuando te digo que te mienten, y que me escuches atentamente, pero también estar ahí cuando necesites con quien llorar y descargarte porque finalmente no se te dio, y que todo ese gran proyecto que te vendía ese idiota eran espejitos de colores que jamás te iban a llevar lo lejos que te merecés llegar.

Me gustaría ser parte de tu vida poco a poco, sumergirme en tu mundo como si no lo conociera y sorprenderme como el primer día de tus contagiosas ganas de vivir, de tus proyectos utópicos y de tus ganas de superarte permanentemente, aunque todavía más me gustaría estar ahí para ver que incluso tus ideas más locas finalmente se te terminan cumpliendo porque sea como sea obtenés todo lo que te proponés. Incluso, me gustaría que te propusieras estar conmigo, y que me busques, mientras yo me hago que pienso que planeaste todo cuando realmente yo tenía aún más ganas que vos de estar juntos, pero jamás te lo confesaría.

Tengo ganas de que al verte se me revuelva la panza pensando en lo mucho que me gustás, y que el primer beso se haga esperar un poco pero que venga con un montón de adrenalina. Sería genial avanzar de a poco, pero a nuestro ritmo, haciendo de cuenta que jamás hubiéramos pasado infinitas noches juntos. Me gustaría mirarte a los ojos y ver todas las ganas que tenés de verme, cómo te ilusionás con cada palabra y siempre proponés algo más a todo lo que yo te propongo. Me enamoraría que en vos no existan los no, o al menos, que no existan para los no dirigidos hacia mí. También me encantaría descubrir tus miedos e inseguridades, y hacerte saber que estoy ahí para contenerte y acompañarte.

Quisiera olvidarme de los reproches, de los llantos y de las cicatrices, e incluso olvidarme de las risas y los buenos momentos, para poder vivirlas como si fueran algo nuevo que me sorprende por lo mucho que me encanta. Podría estallar de risa al leer tus mensajes inoportunos a cualquier hora, y que con originalidad me digas lo mucho que me extrañás, sorprendiéndome con tus ocurrencias como las de "mandá vampiresa al 2020 y teneme en unos minutos en la puerta de tu casa". Me gustaría que me asuste verte tan seguido y que seas una parte muy importante de mi vida, que cualquier excusa sea buena para que nos crucemos sin importar que tengamos como dos horas de viaje nada más que para compartir unos minutos. Me gustaría especialmente que, lo que más me asuste, sea que vos te sientas igual que yo...

Insisto, hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos... la verdad que sería genial, ¿no te parece?. Levantaría el teléfono, respiraría muy profundo, tomaría coraje y te llamaría para proponértelo, y si por una de esas casualidades te animaras a atender, te lo diría solamente una vez, y en esa complicidad que tan bien sé que tenemos, esperaría que te sumes aceptando tácitamente mientras empezás a jugar antes que yo (y súbitamente, me olvide de toda esa complicidad para empezar a descubrirla yo mismo, en el medio del juego). Me encantaría poder jugar a todo esto con vos... aunque en el fondo, creo, que lo que más me gustaría es que no fuera un juego, y que realmente no nos conociéramos ni un poquito, pero que de todas formas aún así la vida se las rebusque para cruzarnos por casualidad y que nos demos cuenta solitos de que esto puede ser especial.

28 jun 2010

Stop the world, I wanna get off

Teléfono. Del otro lado se escuchaba una voz que podía reconocer fácilmente, con la diferencia de que no sonaba como estaba acostumbrado. Se sentía como ahogada y sus palabras estaban más cerca de parecer un llanto que de formar oraciones entendibles. A duras penas podía decodificar algunas palabras, entre las que interpretaba que estaba muy mal y que me necesitaba, urgente. Esa era toda la información que tenía, ya que no podía entender lo que me quería decir y antes de darme cuenta, corta. Pruebo llamarla nuevamente, pero no atiende. No tenía otra forma de contactarla.

Salí corriendo de casa. Literalmente corriendo, ya que era de noche y no tenía tiempo de esperar ningún taxi o colectivo, y esas cerca de veinte cuadras que separaban mi casa de la suya de repente se hacían eternas en la desesperación por llegar lo antes posible. Toqué el timbre, me hicieron pasar sin problemas ya que en esa época pasaba más tiempo ahí que en mi propia casa, pero era la primera vez que llegaba súbitamente de noche y sin aviso. Evidentemente, algo había pasado, pero nadie estaba al tanto. Subo las escaleras para ir a buscarla, ya que suponía que iba a estar en su cuarto, pero en el camino la encuentro tirada en el medio de uno de los pasillos interiores… La imagen era demasiado fuerte como para ser real. No reaccionaba.

La nena se había tomado un cóctel de medicamentos, incluyendo muchos valium. Obviamente, no los había tomado por equivocación. Gritos, preguntas, culpas, llanto… Mucho huevo en la garganta y frases trilladas relacionadas con “vas a estar bien”, pero estaba a la vista que no estaba nada bien (es más, ni siquiera sabíamos si nos escuchaba). No sé cuánto habrá tardado en llegar la ambulancia, pero a mí me parecieron siglos. Lo único que se cruzaba por mi cabeza era desear que no fuera demasiado tarde. Aparentemente, yo no había sido al único a quien ella le había pedido ayuda: un amigo suyo también llegó más o menos cuando vino la ambulancia, y vaya uno a saber a cuanta gente más le habrá pedido sutilmente ayuda también (pero jamás aparecieron).

Hospital. Nadie decía nada, pero las caras de preocupación decían todo. Con el correr de los meses, se había transformado en una parte muy importante de mi vida como para siquiera considerar el hecho de que le pasara algo, pero lo que realmente me aterrorizaba era la idea de perderla. El simple hecho de separarnos por un rato por momentos se tornaba una eternidad, por lo que era impensable la idea de que no estuviera más, para siempre. Por suerte habíamos llegado a tiempo. Parecía que la nena iba a estar bien, lo cual me dejaba levemente más tranquilo. Vaya uno a saber qué hubiera pasado si no hubiera salido de casa a buscarla…

Iba a estar bien. Bien. Bien es relativo a veces. Bien, para el resto, era que pudiera contar la historia después, pero realmente ella no estaba bien. La historia la iba a poder contar, pero los días siguientes no quería siquiera salir de su cuarto salvo ocasiones que lo ameritasen, llegando al punto que más de una vez la madre llegó a llamarme por por teléfono para que la convenciera de salir de su cuarto para comer o bañarse. La carga de ser “la única persona a la que quería ver” era, de repente, una mochila muy pesada de cargar, incluso en el caso de que solamente quisiera llamar la atención. Afortunadamente para ella, la quería demasiado como para no hacerme cargo de lo que necesitaba.

Con el correr de los días, a simple vista uno podía ver sus brazos con pequeñas cicatrices de cortes. Ninguna era considerable o lo suficientemente profunda como para considerarla una herida, pero esos raspones de todas formas eran una clara muestra de su protesta en contra de la vida y su pedido a gritos de atención, que para su suerte, la mayoría de su gente cercana le podíamos brindar. Con un cutter en la cartera siempre listo, no tenía inconvenientes en amenazar con cortarse los brazos si no se hacía o decía lo que ella quería.

Por momentos, el aire de su habitación se hacía impenetrable, era demasiada la tensión para un solo lugar. La nena lentamente dejaba las malas costumbres de lastimarse, para empezar de a poco a estar mejor. Era algo impulsivo y esporádico, algo momentáneo que no se iba a extender en el tiempo (o al menos, eso creía su psicóloga, considerándolo simplemente un “acting out” para desviar la atención de todos hacia ella). Todos pensaban en las secuelas que eso podía acarrearle más adelante, esperando que estuviera bien. Lamentablemente, nadie pensó en las secuelas que podía tener todo esto en mí a futuro, y lo que es aún peor, es el día de hoy que creo que nadie siquiera atinó a preguntármelo... y sin embargo, mucho tiempo después, es el día de hoy que todavía por momentos se siente.

27 jun 2010

De sapos y príncipes

Les encanta el drama, admitámoslo. Son histéricas. Incluso cuando uno hace las cosas bien, ellas le encuentran algún defecto. Piensan que, si realmente nos interesa y nos preocupamos, lo hacemos de compromiso porque queremos ponerla. Si nos alejamos, somos unos desconsiderados y mentirosos, porque si tanto la queríamos no nos alejaríamos tan fácil y tan rápido. ¿Tan rápido se nos fue el amor? Seguro éramos un mentiroso más del montón… Si decimos que las queremos, es más que posible que se lo digamos a todas. ¿Qué las hace ser especiales para nosotros? Se lo preguntan un par de veces, y es motivo de sospecha. Ninguna piensa haber hecho nada como para merecer eso, cuando en realidad, los te quiero no son por merecimiento, simplemente se sienten y no se explican. A pesar de que lo que digamos sea sincero, más de una vez no ven eso sino que buscan la estrategia en lo que decimos.

Algunas hasta están seguras que esa amiga cercana, o esa mina que nosotros decimos que no nos interesa, debe ser nuestro garch´n´go o bien en el fondo nos interesa más de lo que le contamos (porque sí, a veces somos tan pelotudos que incluso les contamos esas cosas). La otra posiblemente es más linda, más flaca, más alta, más atrevida o desinhibida... y si no lo ven así, lo imaginan. Se contentan pensando que seguramente es un gato, una mina fácil, entregada… pero incluso en ese caso, su autoestima las hace pensar que son mejores que ellas a nuestros ojos, y cuando les decimos cosas lindas a ellas no somos del todo sinceros.

La mayoría de las mujeres se cruzó en su vida con un tarado que alguna vez les mintió, que les dibujó una cosa cuando realmente era otra, y las lastimó demasiado. Pasar por eso las hace reticentes a pensar que un hombre cualquiera pueda decir las cosas sinceramente, sin demasiada vuelta, sin significado oculto, sin peros, sin objetivos en concreto. Más de un buen pibe paga los platos rotos de los demás, sin protestar. Las mujeres son mucho más complejas que los hombres, les encanta dar mensajes ambiguos. El hombre es un poco más simple (y pelotudo), pero la mujer intenta entendernos desde su perspectiva, y no les cierra.

Sacando esos salames que se cruzaron en sus vidas, algunos de nosotros no le regalamos un “te quiero” a cualquiera, pero más de una no se cree merecedora de esas palabras. La vida a veces es más fácil de lo que la entendemos, y si va todo bien, es porque realmente va todo bien. Bien no necesariamente es perfecto. Algunos príncipes se confunden el traje a veces, y en vez de azul se visten de otros colores… es un detalle nada más, pero no, ellas siempre piensan que es otro sapo disfrazado. Es más fácil protestar porque hay muchos sapos, que besar sapos hasta encontrar al príncipe.

La mejor forma de obtener resultados diferentes, es simplemente hacer las cosas de forma diferente. Suena tonto y hasta redundante, pero cuando uno hace lo mismo de siempre, no puede esperar resultados que no sean más de lo obtuvieron hasta ese momento. Probar algo nuevo y confiar, no es más de lo mismo y por eso da miedo… Les cuesta entender que no todos pensamos con la cabeza de abajo, y que incluso si una mina linda nos tiene ganas podemos no interesarnos… es más, el hecho de tener opciones justamente puede hacer que más de uno tienda a elegir mejor, haciendo aún más especial recibir alguna palabra que la haga sentir diferente al resto. Jamás se sienten diferentes. Jamás se creen tampoco que nosotros podemos ser diferentes. Cuando les toca uno diferente tienen miedo, y después salen a gritar a viva voz que somos todos iguales…