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26 dic 2012

El gambito de Pascal



El gambito de Pascal es la sugerencia que expuso el matemático y filósofo francés Blas Pascal sobre el hecho de que incluso en la situación de que la existencia de Dios no puede ser determinada mediante la razón, una persona debería apostar a que Dios existe, simplemente porque de esa forma uno tiene todo para ganar y nada que perder. Nada más lejos de la realidad, especialmente en la época en la que Pascal vivía, la mayoría de los pensadores de la época empezaban a preguntarse temas existenciales de éste tipo…

Si Dios existe… ¡Genial! Entonces estaba en lo cierto. Si Dios no existe, uno simplemente cambia de creencia, total todos estaban en la misma situación… pero lamentablemente, probar la NO existencia de Dios no es algo demostrable, y justamente, en la duda es donde la religión hace más énfasis. La palabra fe no es más que negar la racionalidad de la creencia, es no prestarse al debate o a responder preguntas. Entonces, si alguien dice que cree en Dios lleva todas las de ganar.

En cambio, decir que uno no cree en Dios, especialmente hace más de un siglo, lo hacía propenso a que la gente lo mirara raro, como mínimo. Las eternas discusiones donde uno intenta imponer la ciencia y la razón por sobre la fe no hacían más que alterar a la mayoría de la gente que no tenía la posibilidad ni la capacidad de descubrir lo que los eruditos de la época sabían puertas adentro. No hay nada peor que ser ateo. Un asesino que cree en Dios, encuentra redención al confesar sus pecados y entregarse al señor. Un ateo inocente, no tiene solución. El peor pecado es negar su existencia, y eso lo hace propenso incluso a morir en la hoguera. ¿Qué no hay pruebas de la existencia de Dios? ¡Hereje! La fe no se discute. ¿Qué no hay pruebas de la NO existencia de Dios? Qué pena, deberías poder explicarlo al decir que no existe.

En mi caso, con navidad pasa lo mismo. No la quiero festejar. No me interesa que hace dos mil años se supone que nació el hijo de un carpintero (porque nunca hubo pruebas fehacientes más que lo que un grupo de personas escribió casi como un cuento de hadas basándose en cuentos paganos y religiones de otros lugares). Mucho menos me interesa si nació de una mujer virgen, y resucitó. Si digo eso de cualquier otro ser, me dirían loco. Pero discutir a Jesús… jamás. En navidad, ni siquiera me interesa toda la parafernalia pelotuda del arbolito, las comidas y las reuniones en familia que podrían darse en cualquier otro día. Recordemos que el festejo de navidad no es más que la apuesta del catolicismo para remplazar las fiestas paganas que se daban en las mismas fechas.

Sabiendo todo esto, sin embargo no me queda más que poner cara de póker y “festejar” navidad. Soy el bicho raro si no lo hago. Todos me van a condenar mentalmente si grito a viva voz todo lo que pienso… ¡incluso cuando ellos no pueden ni siquiera empezar a debatir la lógica de sus acciones en estos días!. Odio la navidad. Ni siquiera me gustan los regalos. Pero por hoy, mejor poner cara de póker y “festejar”. Total, a mí me cuesta un día. Pero mi paz mental, muy en el fondo, sigue intacta.

26 nov 2012

Camaleón



Ayer recordaba con sonrisa pícara al personaje de Gollum de “El Señor de los Anillos”. Es increíble como este ser puede tener sentimientos diametralmente opuestos jugando permanentemente en su cabeza. Por un lado, adora y admira a Frodo, pero por otro no dudaría en degollarlo si se le presentara la oportunidad. ¿Cómo puede convivir todo eso en su cabeza? A veces no todo es tan simple. Eso sí, si se lo preguntaras a Gollum, seguramente no sabría como explicarlo. Curiosamente, por más patético que suene, me di cuenta que en algún punto lo entiendo.

Mi mente también es extraña. Por momentos me cuesta mucho definirme. ¿Qué soy? ¿Cómo soy? Mi respuesta es “depende”, pero no debería serlo. Soy muy relativo y ambiguo. Puedo tener ideas diametralmente opuestas conviviendo en mi cabeza, pero aún así estar en paz conmigo mismo, ya que puedo jugar todos los roles dependiendo del contexto. Cuando veo algo inconcluso, algo no definido, intento tomar una postura firme al respecto, sin entender que a veces es mejor darse cuenta que lo gris no siempre es blanco y negro, por lo que a pesar de todo quedo rondando en el gris a pesar de decir blanco o negro.

Por momentos me pierdo en mí mismo, y me doy cuenta que estoy haciendo cosas que hacía segundos había dicho que no iba a hacer, o que me gustan cosas que antes aborrecía totalmente. Intento transpolar todo para encontrarle algo positivo a lo negativo, y viceversa… quizás por eso me interese ser abogado, ya que no tengo problemas en jugar a ser víctima o victimario, con la misma facilidad con la que alguien elige ponerse un calzoncillo u otro.

Jamás me había puesto a profundizar sobre estos temas de mi mente, ya que en algún punto me asusta descubrir que tengo cosas de mí que no me gustan. Prefiero resaltar mis puntos fuertes, e intentar minimizar los que no lo son, magnificando mis proezas y escondiendo mis errores. Me es imposible no ahondar en estos temas intentando buscar una respuesta coherente que me hagan ser un poco mejor, porque no soy conformista y sé que casi todo lo que tengo en definitiva depende de mí. Releo este párrafo. Lo hice de nuevo. Por un lado me asusta profundizar en estos temas, pero por otro me es imposible no hacerlo y hasta me causa un placer morboso el hecho de saberlo. Soy un desastre, y al mismo tiempo, me creo autosuficiente y al control de mis sentimientos e impulsos.

Por más ambiguo que parezca, soy una persona muy pasional y racional. Dependiendo el contexto, mis sentimientos pueden hacerme realizar acciones irrisorias e impensadas, dándole a lugar a la impulsividad que generalmente intento reprimir, porque en el fondo, soy una persona muy racional y pienso todo minuciosamente, detalle por detalle. Mi mente va a mil, y por momentos me da miedo, ya que tengo la sensación de que en cualquier momento explota mi cabeza dejando palabras inconclusas desperdigadas por toda mi habitación.

Generalmente pienso de más cuando suprimo mis sentimientos. Es inevitable que mis sentimientos por momentos tiendan a condicionar mi humor, ya que muchas veces terminan lastimando. No me permito estar mal, no me gusta estar mal, y suprimo todo pensamiento negativo… pero algo debe ocupar ese lugar, y ahí se prende mi cabeza, intelectualizo mis sentimientos. Me pregunto racionalmente todas las cosas que siento, y contesto fácil. Con la cabeza siempre se contesta fácil, especialmente cuando te creés que sos súper capaz e inteligente como mi innecesariamente elevada autoestima me hace creer que soy. El corazón, en cambio, siempre contesta para dónde se le antoja.

Racionalmente necesito hacer siempre las cosas bien, por lo que tiendo a tener una incongruencia entre lo que quiero y lo que pienso. Lo “mejor” no siempre es lo que “quiero”. Así, mientras que algo me puede parecer completamente desubicado y descabellado, al mismo tiempo puede darme placer si lo hago, o bien mientras que alguien racionalmente puede no ser lo que yo necesito, no puedo evitar no dejarme llevar y racionalizar que en algún punto no es tan malo para mí, y quizás en algún punto me sirva. Yo lo entiendo, pero si se lo explico a cualquiera piensan que estoy más cerca de ser un actor dramático que alguien auténtico. El tira y afloje entre lo que en el fondo quiero y lo que realmente sé que necesito me juega malas pasadas más de una vez.

No tengo preferencias marcadas. Me gusta todo, no me gusta nada. No tengo color favorito, comida favorita, música favorita. Me adapto. Soy simple, no tengo problemas con nada. Visto de otra forma, soy complejo: no podés ser todo. Escucho el tema “Bitch” de Alanis Morisette y se me pone la piel de gallina… soy yo, soy tal cual. I´m a little bit of everything, all roled into one.

No me contradigo, mi esencia es siempre la misma. Mis valores, mis códigos, mis creencias jamás cambian. Lo que cambia es mi personalidad, acorde las circunstancias, y especialmente mi respuesta a los estímulos ajenos. Cuando tengo que ser gracioso, soy un payaso. Cuando tengo que escuchar a algún amigo que tiene problemas, lo hago y soy el mejor consejero. Si necesitan reírse y pasarla bien, jamás falto. A la gente le gusta: soy completo. No hago problemas. Siempre sumo. Es como tener un equipo armado, y hacer los cambios dependiendo del rival. En cancha siempre está lo mejor.

Suena genial en los papeles, pero puede ser un problema. A veces está bueno no ser perfecto, no hacer las cosas bien, tener un defecto y no moldearlo, no cambiarlo. Es parte de mí, en definitiva. Es mi auténtico yo, por más que mi auténtico yo realmente sea alguien que se busca superar día a día, y no tiene problema en adaptarse a lo que tiene por una cuestión práctica buscando hacer las cosas simples. Mis límites son jamás mentir, ni ser algo que en el fondo no soy. No lo necesito, jamás lo necesité. Tengo bien en claro lo que soy y lo que valgo, con todos mis defectos y virtudes, así desastre como soy. Puede resultar difícil de creer que sea así, pero lo soy. Soy un poco de todo, y ese es mi auténtico yo, por más extraño que suene. Soy un camaleón.

8 jun 2011

The uh-oh moment


In every doomed relationship, there comes what I like to call "The uh-oh moment". When a certain little something happens, and you know you've just witnessed the beginning of the end. And suddenly you stop and you think, "Uh-oh, iceberg ahead".

Esto mismo dice Alfie (Jude Law) cuando Nikki (Sienna Miller) torpemente y algo pasada de alcohol, rompe su copa al brindar con él, continuando con una risa escandalosa después del hecho. Ese momento, tal cual como nos pasa muchas veces a todos, es uno de los puntos de quiebre en cualquier relación interpersonal (y análogamente, con muchas de las situaciones que lidiamos cotidianamente). Casi todas las relaciones que acaban tienen un “uh-oh moment” tarde o temprano, donde te cae la ficha de que eso jamás podría funcionar.

¿Qué pasa entonces cuando una relación termina sin ese tipo de momentos? Creo que muchas veces son necesarios, para marcar un final definitivo, sea en una relación personal, en un proyecto o en un trabajo. Cuando uno se da cuenta que definitivamente algo no podría funcionar, por más que se intente, recién ahí uno se resigna a lo que por decantación terminaría siendo de todas formas, o bien simplemente pierde el interés. El problema no se da cuando llega el momento de quiebre, sino más bien cuando uno no lo encuentra y aún así abandona algo que al momento parece hacerle bien.

Quizás uno deja las cosas a medio hacer sin demasiadas razones, sin tener un punto de quiebre. Un viaje, un trabajo, una relación con una persona, un proyecto. Quizás, simplemente, porque a pesar de ser algo que le haga bien, no parece ser moralmente correcto, no condice con sus objetivos en ese momento, no se tiene tiempo o cualquier otra situación que simplemente hagan que uno deje de hacerlo. Las razones muchas veces parecen convincentes, pero jamás hubo un “uh-oh moment” que reafirme nuestras creencias con respecto al tema. El tema es que siempre queda la duda de “qué hubiera pasado si…”

Lo bueno es que la vida, muchas veces, nos deja darnos la cabeza contra la pared y probar que eso que parecía interesante, sigue siendo posible (o no). Con el paso del tiempo, uno empieza a ver que las razones que se tenían para tomar una decisión en un momento, pueden no ser válidas o importantes en otro. Ese pequeño raye de dejar la carrera de la facultad, quizás no coincidía demasiado con lo bien que le hacía a uno aprender y aplicar todo lo aprendido sobre el tema. Los objetivos de vida y prioridades cambian. La gente cambia… y por eso, muchas veces, uno tiene la posibilidad de retomar algo que había dejado colgado.

En lo personal, prefiero siempre sacarme las dudas con las cosas que me hacen bien. Esa persona especial que conocí y me encantaba compartir momentos, ese alocado plan de viaje que tantas ganas tenía de hacer, ese proyecto personal que hacía que por un rato deje de tener los pies sobre la tierra… si puedo retomarlos, lo voy a hacer. Nada me lo impide, más que los preconceptos internos que pueda llegar a tener con esas cosas. Como mucho, lo peor que me puede pasar sea llegar a ese momento donde piense “iceberg ahead” y me dé cuenta que no era para mí, y simplemente mire para otro lado.

Eso sí, con la duda no me quiero quedar jamás. Creo que lo peor que le puede pasar a alguien, es que cuando le cuente estas historias a sus nietos, no pueda parar de pensar “¿qué hubiera pasado si…?”. Claramente, creo que prefiero el “uh-oh moment” a la eterna duda. ¿Quién sabe? Quizás hasta resulte ser que eso que me hacía bien, me siga haciendo aún mejor ahora que ya no cuento con esos impedimentos que en otro momento no me dejaron apreciarlo como debía…

7 sept 2010

Escribir

Tengo ganas de contar mis cosas, pero no sé a quién le puede llegar a interesar. ¿Acaso hay alguien a quien realmente le interese mis historias de amores fallidos o de conquistas exitosas, mis peleas con gente querida o mis meteduras de pata?De todas formas, en definitiva, son cosas del pasado, que se fueron para no volver. Por momentos recuerdo un montón de cosas lindas, y me quedo fantaseando por un rato. Por ahí esa es la causa por la cual no escribo, porque al hacerlo estaría indirectamente reviviendo un poco más nítidamente las cosas que no voy a volver a tener por más que me lo proponga.

Soy muy perfeccionista, y si quiero algo hago todo lo posible para tenerlo. Incluso, más de una vez intenté lo imposible para lograrlo, sorprendiéndome más de una vez, pero si hay algo que jamás voy a poder hacer es volver el tiempo atrás, o cambiar las cosas que no dependen exclusivamente de mí. La gente cambia, evoluciona, y uno tiene que seguir el ritmo porque sino se queda estancado en un mundo que se mueve demasiado rápido a veces como para seguirle el ritmo. Escribir, darle vueltas a asuntos imposibles de resolver, sería un sinsentido.

Insisto, tengo mil cosas que contar, pero simplemente no me largo a contarlas. A veces, ni a las personas más cercanas de mi vida se las cuento… mucho menos me voy a poner a divagar en este blog sobre esas cosas. Además, cuando escribo soy detallista, y si nadie tiene ganas de leer historias ajenas menos ganas van a tener de leer las que son demasiado largas. Quizás pueda escribir por capítulos, relatando todo con detalles, si es que la gente no se aburre. ¿La gente? ¿Cuántos leerán este blog? Pocos. ¿A cuántos le interesarán mis pavadas? Quizás a alguno, con suerte.

En definitiva, no soy especial, soy uno más del montón. Me pasaron algunas cosas geniales, y otras sorprendentemente decepcionantes, pero aún así soy uno más. No hay nada que me haga merecedor de que el resto pierda su tiempo en leerme, demasiado tienen con su propia vida e historias como para compenetrarse un poco con las mías (especialmente, si no me conocen). Qué se yo… quizás, de todas formas, me largue a escribir… quién sabe, quizás le llego al menos a una persona, y le cambio el día. En ese caso, creo, habrá valido la pena entonces…



24 ago 2010

De paradigmas, monos y tragos de boliche

Muchas veces, uno hace las cosas por costumbre, o simplemente porque siempre se hizo de esa forma, sin ponerse a pensar un poco en la causa, el desencadenador o la esencia que lleva a que uno actúe así. Siempre es más fácil hacer las cosas como un robot que ponerse a buscar el objetivo final a lo que hacemos, y si los medios que usamos para alcanzarlo son los más aptos. Al escribir estas palabras aparece gratamente en mi mente una historia interesante sobre un experimento psicológico que tuve la grata suerte de releer en el libro de Adrián Paenza “Matemática, ¿estas ahí?”.

Leído con una mente abierta y objetiva, es un claro ejemplo de la realidad que a veces encontramos en nuestra vida diaria sin darnos cuenta. A partir de este llamado al pensamiento abstracto - y aclarando que cualquier error, falta, omisión, defecto o supresión de virtud que vislumbren en ustedes mismos a partir de esta nota es de tácita inclusión e incumbencia de quien escribe -, los invito a seguir leyendo:

"Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula. En el centro de la misma, colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cada vez que un mono intentaba subir la escalera para agarrar las frutas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de cierto lapso de tiempo, cuando un mono pretendía subirse a la escalera, sus pares lo molían a palos.

Pasado algún tiempo más, ningún mono siquiera soñaba con treparse a la escalera, a pesar de la constante tentación de las bananas. En esa instancia, los científicos sustituyeron a uno de los monos. Por supuesto, por simple reflejo, lo primero que intentó el animal “nuevo” fue subir la escalera. Resultado esperable: de inmediato fue bajado y convenientemente surtido por los otros cuatro. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no volvió a intentar trepar.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Lo mismo ocurrió con el cuarto, hasta que el único que quedaba de la inicial camada de cinco monos abandonó la jaula también.

Los científicos estudiaron el comportamiento del nuevo grupo de animales que, aún cuando nunca habían recibido un baño de agua helada, continuaban golpeando con saña a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible hacer hablar a algunos de los monos, y se le preguntara acerca del motivo por el cual castigaban al que intentara subir la escalera, con certeza la respuesta habría de ser algo como: «No sé, las cosas siempre se han hecho así aquí...»" ¿Les resulta reconocible la circunstancia?

Esta historia es claramente otra metáfora de lo que pasa en la vida cotidiana. ¿Alguno se puso a pensar, por ejemplo, en lo estúpido que suena invitarle un trago a una mujer para levantársela? No conozco a nadie (literalmente) que alguna vez se haya levantado a una mina por invitarle un trago, o al menos, no que esa haya sido la principal causa de su éxito. Si se la levantan es siempre por otros atributos fuera de la “generosidad” de la invitación, o por méritos varios, pero no por invitar el trago.

El simple hecho de pagarle un trago trago a una extraña con ese objetivo denota, más bien, un comportamiento lamentable donde se intenta casi sobornar a la otra persona. Es más: pensar en esa situación hace que se me haga casi inevitable relacionarlo con la prostitución… ¿qué mujer, en su sano juicio, intercambiaría favores a cambio de un trago? Si la respuesta es ninguna, sería lógica. Si la respuesta es alguna, en ese caso le recomendaría a quien le invita el trago que vaya a un cabaret, porque entre entrada al boliche, invitaciones varias de trago y pernocte en un hotelucho de mala muerte termina costando más que una mujer que trabaja por la noche.

Vale agregar, además, que el porcentaje de éxito de invitarle un trago a alguien es casi nula, porque nos hace ver casi desesperados mostrando como única cualidad visible que invitamos el trago porque nos hace falta algo ya que con nosotros mismos no alcanza. Invitar un trago es decir, indirectamente, “hey, no veas todo esto que soy y no vale la pena, te invito este trago mejor”. Cualquier mujer decente, no dudaría en preguntarse que, siendo extraños, no es racional que alguien esté invitándole un trago sin sentido, salvo por la convención social que dicta que si se hace de esa forma hay un interés sexual de parte de quién lo ofrece. Sin embargo, definitivamente, no tiene razón de ser.

Teniendo en cuenta estos puntos, de todas formas nadie se detiene a pensalo, y cada vez que salgo veo como hombres sin demasiado criterio invitan un trago y piensan que si la mujer acepta tienen medio juego ganado, y hasta es casi la obligación de ellas después de la aceptación el hecho de concretar algo más. Wrong again. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Probablemente, al final de la noche se vuelvan solos a su casa y con la billetera muchísimo más flaca, y sin embargo, no se preguntarán por qué no funcionó su táctica que repiten hasta el cansancio todos los fines de semana.

PD: Cualquier similitud de estos hombres con los monos de la historia, es mera coincidencia.

17 ago 2010

Somebody to love

“Can anybody find me somebody to love?”, decía Freddy Mercury en uno de los temas más significativos de Queen. Es un temazo, pero pensándolo un poco mejor, no comparto ni un poquito. Esas cosas no se buscan, ni mucho menos, uno espera que otro las busque por uno… esas cosas, simplemente, suceden. Más de una persona busca que sucedan y hasta las fuerza para que pasen, y es en todo este proceso que aparecen un montón de “te quiero” irreales.

Hay algunos verbos que son muy fuertes. Te quiero, te amo, te odio. No deberían ser usados así como al pasar. Algunos dicen te quiero tan fácil como se aburren de lo que quieren. Para decir “te quiero” hay que estar seguros, y ser capaces de soportar las consecuencias considerando que la otra persona también sabe del valor que tienen estas palabras. En algún punto, decirlo indirectamente tiene la responsabilidad de hacerse cargo. Freddy, mejor que no te encuentren nadie a quien querer, porque cuando veas lo que es querer en serio vas a ver que no es tan lindo a veces, especialmente, cuando no es recíproco.



11 ago 2010

Sin límites

Lo que importa no es el tamaño del perro en la pelea, sino el tamaño de la pelea en el perro. Frase conocida, pero muy real. La realidad, es que al final, casi todo se define por la actitud que uno tenga frente a lo que se le presenta. No hay limitaciones de ningún tipo, no hay excusas, no hay peros. La vida me hizo darme cuenta que somos lo que generamos. Muchas veces, la vida es totalmente injusta, pero uno a la larga tiende a recibir lo que da, y cuando me refiero a dar, me refiero a darse a uno mismo.

Tal como aprendimos de chiquitos con el cuento de la cigarra y la hormiga, donde la cigarra trabaja durante todo el verano para sobrevivir el invierno mientras la cigarra se rasca, en la vida hay que ser hormiga. A pesar de que “al que madruga Dios lo ayuda”, también “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Sin saber cómo llegar donde queremos estar, no tiene sentido esforzarnos en vano ya que esos esfuerzos podrían ser con otros medios más útiles como para llegar donde queremos.

Los indios creían que eran capaces de hacer que llueva si hacían un ritual con una danza para que llueva. Curiosamente, siempre que danzaban terminaba lloviendo. Definitivamente, su esfuerzo para ellos valía la pena… Por ahí se pasaban ocho meses bailando y cuando finalmente llovía estaban convencidos de que lo habían logrado con la danza, cuando realmente no había ningún tipo de relación entre su danza y la lluvia.

Hace poco le conté a un amigo que me había levantado a las 5 de la mañana para ir a correr antes de ir al trabajo. Su respuesta fue que ni loco lo haría, hasta que recordó que esa mañana había llovido muchísimo. Ahí me dijo que estaba loco, estaba obsesionado. Yo le dije que confundía mi dedicación con obsesión, y que justamente por aplicar eso mismo a todos los aspectos de mi vida en general se me daba todo lo que busco mientras el resto se limita a protestar por lo que no tiene.

No soy perfecto, no soy omnipotente. De hecho, lejos estoy de ambas, pero si hay algo en lo que probablemente me destaque es en el esfuerzo y en la persistencia. Nadie me regaló nada, y justamente eso lo hace más meritorio. No nací siendo el mejor en nada… Puedo ser menos inteligente, menos lindo, menos rápido, menos fuerte o menos culto que otra gente, pero se requiere algo excepcional para laburar más que yo, y si de casualidad llego a ser el mejor en algo, es obvio que es por todo el laburo que hay detrás. Me gustan los desafíos, y no me voy a quedar con los brazos cruzados mirando.

Un día, me dijeron que tenía cáncer… bah, me dijeron que hacía tiempo tenía cáncer, y estaba muy avanzado. Pregunté si alguna vez iba a volver a jugar al rugby, y mi doctora me dijo que, con suerte, me iba a poder curar. Estadísticamente, tenía ínfimas probabilidades de supervivencia a 2 años, por lo que pensar en jugar al rugby era irrisorio. El otro día, me volví a poner los botines y debuté con un try…

Voy a seguir logrando cosas. Si la vida me caga a palos, vuelvo más fuerte, pero vuelvo. Si me dicen que tengo que ir caminando hasta el polo norte, no me pongo mal porque queda lejos, sino que empiezo a caminar y me pongo contento porque cada vez estoy más cerca. Lo mejor de todo, es que algún día, voy a llegar…



7 ago 2010

Ando ganas...

No sé si estará bien, pero tengo ganas. Quiero saber cómo estás, que me cuentes pavadas y nos riamos un rato. Quiero que me mires con esa mirada cómplice, entenderte, y que el resto del mundo no importe por un rato. Eso nada más, y creo que no estoy pidiendo demasiado. Lo curioso, es que quiero eso más que otras cosas. En este momento, prefiero un abrazo a una noche de lujuria (incluso sabiendo que puede ser genial).

Tengo ganas de que dejemos el orgullo de lado, que los caprichos anticuados le cedan el lugar a algo nuevo e interesante. Me encantaría explorar un poco hasta donde podemos llegar, pero aún más me gustaría que me dejes jugar libremente para sacarme la duda. Ambos sabemos que podemos hacer cosas increíbles, pero yo necesito al menos un poco de libertad como para poder hacerlo. Se tendría que ir dando solo, nada más falta el primer paso.

Te conozco bien, sé que cosas hacer para cambiarte el mundo en un ratito. Es más, tan bien te conozco que sé que te morís de ganas porque llegue y te genere todo eso que te encanta. Vos también me conocés bien, y sabés que no vas a caer tan fácil porque tu orgullo puede más, incluso sabiendo que te morís de ganas, sabiendo que te puedo.

Por momentos incluso fantaseo un poco, y se me ocurren cosas geniales. Sí, son fantasía, porque todavía no sé ni gatear y ya quiero correr maratones, pero igual me ilusiono fácil divagando con eso. Lo frustrante es cuando caigo en la realidad, y empiezo a razonar de que es una utopía. No me interesa, me encantan los desafíos, y soy la persona más persistente que existe. Tendré mil errores, pero no me rindo fácil. No me conforma la palabra “imposible”.

El único problema, es que todavía estoy viendo cómo. Perdón, el único problema además de que me está costando horrores volver a aprender a gatear…



20 jul 2010

De sentimientos y momentos

Creo que una de las peores cosas que te puede pasar es querer a alguien y haberte olvidado por qué. En el fondo, sabés que esa persona te produce un montón de sensaciones, pero ya no te acordás qué es lo que las estimula. Querer a alguien pero perder el sentido, la causa, la razón… es horrible. Cuando me pasa con pavadas me río: voy a la cocina a buscar algo, en el camino me olvido qué era, vuelvo a mi cuarto y digo “¿para qué había bajado? Ahhh sí…” vuelvo a bajar, me vuelvo a olvidar, vuelvo a mi cuarto y pienso que soy un idiota total. Es como si de repente, no me acuerdo porqué iba a la cocina, simplemente se mueven mis pies y van. Cuando hay sentimientos, deja de ser gracioso y pasa a ser frustrante.

Cuando uno intenta recordar las razones de por qué quiere a alguien, se vienen vagas ideas a la cabeza de cosas lindas que fueron pasando. Es increíble poder recordar, más que los lindos momentos, lo que uno sentía en cada momento ya que es lo más importante y sin embargo, también lo que generalmente uno olvida. Todo lo que nos produce la otra persona internamente es lo que nos lleva a quererla, más que los momentos en sí.

Al momento de querer a otra persona, es como una montaña rusa de sentimientos alocados e inexplicables que nos inundan y nos hacen querer pasar todo el tiempo con ella, sin importar la excusa. Hacer algo tan aburrido como matar el tiempo en un consultorio médico haciéndole compañía a esa persona puede valer más en nuestra cabeza que una noche entera con la supermodelo top del momento. En estos casos lo mejor sería anotar puntualmente como uno se siente en esas situaciones, porque al leerlo mucho tiempo después uno se termina sorprendiendo…

Lamentablemente, una vez que todo ese sentimiento lindo pasó, muchas veces nos olvidamos por completo. Por más que querramos congelar el tiempo y mantenernos por siempre en esa situación, es inevitable que siempre cambie, y jamás vamos a poder tener el momento de nuevo. Es como ir por la ruta y que los momentos pasen fugazmente como pasan las casas cuando miramos por la ventana. El otro día me pasó y me dije “concentrate, Nico, acordate de todo esto porque se siente muy bien”, pero uno se acuerda el momento como si lo viviera, pero es casi imposible poder revivir el sentimiento frente a eso.

18 jul 2010

Estar bien

Días como hoy pienso que me salen todas las cosas bien. Lo malo de cuando uno se siente así, es que generalmente no se extiende eternamente en el tiempo, y uno no se da cuenta de lo bien que estaba hasta que deja de estarlo. Hace un par de semanas que se me vienen dando un montón de cosas, y estoy muy contento... sin embargo no me olvido que estos momentos suelen ser efímeros. Dure lo que dure, esta vez lo voy a disfrutar. Hakuna matata.

Voy a hacer ese viaje increíble que planeamos, voy a seguir divirtiéndome en el trabajo, voy a seguir conociendo a esa gente que tanto quiero conocer, voy a seguir saliendo los días de semana aprovechando mis vacaciones por más que al otro día me arrepienta, y también voy a disfrutar poder jugar al mejor deporte del mundo una vez más por más que me duela hasta el alma la mañana siguiente. Estoy bien, y pocas veces uno dice esas palabras sin un "pero" que la arruine. Esta vez, estoy bien, y no pienso en nada más que eso. Espero que esta tranquilidad no sea la calma que antecede al huracán... pero si viene, al menos estos días, fueron increíbles.

11 jul 2010

Casita de naipes

Cuando uno es honesto y hace las cosas bien, la gente no lo reconoce, sino que simplemente, da por sentado que debe ser así sin valorar el esfuerzo que uno pone en hacer las cosas bien. Se puede pasar meses o años haciendo las cosas bien que jamás va a recibir un cumplido por eso. Cuando uno hace las cosas mal es diferente, una sola cagada importante basta para derribar todo tan fácil como se derriba una casita de naipes al soplarla. Es lo mismo que pasa con la mentira o con la fidelidad en la pareja: un solo desliz basta para pasar a una persona de la cual desconfiar. También pasa con los profesores, cuando te quieren cagar y te hacen una pregunta para ver si te pueden encajar una mala nota, y si les respondés bien, es como si jamás hubiera pasado (cuando realmente, te deberían poner una buena nota como corresponde).

Yo solamente tuve un mal día. No puede ser que si tuve cientos de días buenos, y algunos hasta espectaculares, de repente se borre todo y valga solo el mal día. Si el profesor me pregunta mil veces, y respondo bien todas salvo la última, no me puede clavar un uno... Con esto pasa lo mismo, yo sé que estuve mal, pero tampoco voy a pasar mi vida pidiendo disculpas. El de ese día no era yo, o al menos no era quien yo realmente soy, pero por momentos me lo creo… mirá como será, que cuando lo cuento lo hago en tercera persona, como si hubiera sido la historia de alguien ajeno a mí. Creo que, incluso más grave, es que cuando lo cuento, generalmente lo hago con mi psicóloga porque ni siquiera a mis amigos se los quiero decir. Un maldito día fue nada más.

Cuando pasó el momento, tenía la mano llena de sangre vaya uno a saber por qué, y sentía mucha impotencia. La gente miraba, y caminaba más rápido, como sin querer hacerse cargo. Alguien me vino a preguntar si estaba bien. Curiosamente, cambió un poco mi mal momento. No me iba a solucionar la vida que ya de por sí demasiado desarreglada estaba, pero solamente necesitaba que preguntaran si estaba bien. No, no estaba bien, estaba a la vista. Por suerte, a veces la vida nos cruza con ese tipo de personas. Sé cuanto valen, y por eso no pierdo el contacto. Si no fuera por quien en ese momento era una persona desconocida más, creo que no hubiera llegado a mi casa…

30 jun 2010

Juguemos a que no nos conocemos

Hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos. Estaría bueno poder robarte el msn buscando alguna casualidad para empezar poco a poco a conocerte, incluso sabiendo que vos me buscaste primero. Casi como por casualidad podrías darme tu celular, para combinar por mensajito de texto encontrarnos una tarde lluviosa en un McDonalds del centro con la excusa de que tenés que hacer tiempo, pero termine finalmente acompañándote hasta bien entrada la noche. Ojalá nuestra primer salida sea tan embolante como ir a tramitar el pasaporte juntos pero aún así pasarla genial.

En la segunda salida quizás yo te mire tu cara súper ilusionada pero igualmente me anime a decirte que te están mintiendo descaradamente. Me gustaría explicarte todo lo que veo cuando te digo que te mienten, y que me escuches atentamente, pero también estar ahí cuando necesites con quien llorar y descargarte porque finalmente no se te dio, y que todo ese gran proyecto que te vendía ese idiota eran espejitos de colores que jamás te iban a llevar lo lejos que te merecés llegar.

Me gustaría ser parte de tu vida poco a poco, sumergirme en tu mundo como si no lo conociera y sorprenderme como el primer día de tus contagiosas ganas de vivir, de tus proyectos utópicos y de tus ganas de superarte permanentemente, aunque todavía más me gustaría estar ahí para ver que incluso tus ideas más locas finalmente se te terminan cumpliendo porque sea como sea obtenés todo lo que te proponés. Incluso, me gustaría que te propusieras estar conmigo, y que me busques, mientras yo me hago que pienso que planeaste todo cuando realmente yo tenía aún más ganas que vos de estar juntos, pero jamás te lo confesaría.

Tengo ganas de que al verte se me revuelva la panza pensando en lo mucho que me gustás, y que el primer beso se haga esperar un poco pero que venga con un montón de adrenalina. Sería genial avanzar de a poco, pero a nuestro ritmo, haciendo de cuenta que jamás hubiéramos pasado infinitas noches juntos. Me gustaría mirarte a los ojos y ver todas las ganas que tenés de verme, cómo te ilusionás con cada palabra y siempre proponés algo más a todo lo que yo te propongo. Me enamoraría que en vos no existan los no, o al menos, que no existan para los no dirigidos hacia mí. También me encantaría descubrir tus miedos e inseguridades, y hacerte saber que estoy ahí para contenerte y acompañarte.

Quisiera olvidarme de los reproches, de los llantos y de las cicatrices, e incluso olvidarme de las risas y los buenos momentos, para poder vivirlas como si fueran algo nuevo que me sorprende por lo mucho que me encanta. Podría estallar de risa al leer tus mensajes inoportunos a cualquier hora, y que con originalidad me digas lo mucho que me extrañás, sorprendiéndome con tus ocurrencias como las de "mandá vampiresa al 2020 y teneme en unos minutos en la puerta de tu casa". Me gustaría que me asuste verte tan seguido y que seas una parte muy importante de mi vida, que cualquier excusa sea buena para que nos crucemos sin importar que tengamos como dos horas de viaje nada más que para compartir unos minutos. Me gustaría especialmente que, lo que más me asuste, sea que vos te sientas igual que yo...

Insisto, hoy tengo ganas de jugar a que no nos conocemos... la verdad que sería genial, ¿no te parece?. Levantaría el teléfono, respiraría muy profundo, tomaría coraje y te llamaría para proponértelo, y si por una de esas casualidades te animaras a atender, te lo diría solamente una vez, y en esa complicidad que tan bien sé que tenemos, esperaría que te sumes aceptando tácitamente mientras empezás a jugar antes que yo (y súbitamente, me olvide de toda esa complicidad para empezar a descubrirla yo mismo, en el medio del juego). Me encantaría poder jugar a todo esto con vos... aunque en el fondo, creo, que lo que más me gustaría es que no fuera un juego, y que realmente no nos conociéramos ni un poquito, pero que de todas formas aún así la vida se las rebusque para cruzarnos por casualidad y que nos demos cuenta solitos de que esto puede ser especial.

27 jun 2010

De sapos y príncipes

Les encanta el drama, admitámoslo. Son histéricas. Incluso cuando uno hace las cosas bien, ellas le encuentran algún defecto. Piensan que, si realmente nos interesa y nos preocupamos, lo hacemos de compromiso porque queremos ponerla. Si nos alejamos, somos unos desconsiderados y mentirosos, porque si tanto la queríamos no nos alejaríamos tan fácil y tan rápido. ¿Tan rápido se nos fue el amor? Seguro éramos un mentiroso más del montón… Si decimos que las queremos, es más que posible que se lo digamos a todas. ¿Qué las hace ser especiales para nosotros? Se lo preguntan un par de veces, y es motivo de sospecha. Ninguna piensa haber hecho nada como para merecer eso, cuando en realidad, los te quiero no son por merecimiento, simplemente se sienten y no se explican. A pesar de que lo que digamos sea sincero, más de una vez no ven eso sino que buscan la estrategia en lo que decimos.

Algunas hasta están seguras que esa amiga cercana, o esa mina que nosotros decimos que no nos interesa, debe ser nuestro garch´n´go o bien en el fondo nos interesa más de lo que le contamos (porque sí, a veces somos tan pelotudos que incluso les contamos esas cosas). La otra posiblemente es más linda, más flaca, más alta, más atrevida o desinhibida... y si no lo ven así, lo imaginan. Se contentan pensando que seguramente es un gato, una mina fácil, entregada… pero incluso en ese caso, su autoestima las hace pensar que son mejores que ellas a nuestros ojos, y cuando les decimos cosas lindas a ellas no somos del todo sinceros.

La mayoría de las mujeres se cruzó en su vida con un tarado que alguna vez les mintió, que les dibujó una cosa cuando realmente era otra, y las lastimó demasiado. Pasar por eso las hace reticentes a pensar que un hombre cualquiera pueda decir las cosas sinceramente, sin demasiada vuelta, sin significado oculto, sin peros, sin objetivos en concreto. Más de un buen pibe paga los platos rotos de los demás, sin protestar. Las mujeres son mucho más complejas que los hombres, les encanta dar mensajes ambiguos. El hombre es un poco más simple (y pelotudo), pero la mujer intenta entendernos desde su perspectiva, y no les cierra.

Sacando esos salames que se cruzaron en sus vidas, algunos de nosotros no le regalamos un “te quiero” a cualquiera, pero más de una no se cree merecedora de esas palabras. La vida a veces es más fácil de lo que la entendemos, y si va todo bien, es porque realmente va todo bien. Bien no necesariamente es perfecto. Algunos príncipes se confunden el traje a veces, y en vez de azul se visten de otros colores… es un detalle nada más, pero no, ellas siempre piensan que es otro sapo disfrazado. Es más fácil protestar porque hay muchos sapos, que besar sapos hasta encontrar al príncipe.

La mejor forma de obtener resultados diferentes, es simplemente hacer las cosas de forma diferente. Suena tonto y hasta redundante, pero cuando uno hace lo mismo de siempre, no puede esperar resultados que no sean más de lo obtuvieron hasta ese momento. Probar algo nuevo y confiar, no es más de lo mismo y por eso da miedo… Les cuesta entender que no todos pensamos con la cabeza de abajo, y que incluso si una mina linda nos tiene ganas podemos no interesarnos… es más, el hecho de tener opciones justamente puede hacer que más de uno tienda a elegir mejor, haciendo aún más especial recibir alguna palabra que la haga sentir diferente al resto. Jamás se sienten diferentes. Jamás se creen tampoco que nosotros podemos ser diferentes. Cuando les toca uno diferente tienen miedo, y después salen a gritar a viva voz que somos todos iguales…

21 jun 2010

Corazón delator

Feriado. Parciales. Justo el apunte que el profesor dijo que teníamos que prestar especial atención, mágicamente desaparece. Revuelvo el placard sin éxito. Pregunto a ver si mamá lo vio (porque en casa, mamá es omnisciente, sabe todo y si no lo sabe lo inventa). Nada. No puede ser. En algún lado tiene que estar… ¿Qué hace esto acá? Lo que menos quería era encontrarlo. Estaba en paz. Lo guardo, es demasiado fuerte mirarlo, me trae malos recuerdos. Me cuesta soltarlo, pero lo pongo en una bolsa, y a continuación la pongo en una caja. Listo, no va a volver. Sigo.

No tengo los apuntes todavía. ¿Dónde estarán? No sé, y ni siquiera me puedo concentrar en pensar donde están porque eso ya me cambió el humor. Nico, ¿te acordás cuando…? Sí, me acuerdo, pero basta. ¿Dónde están los apuntes? Ya está, no se puede así. Siento que me está llamando desde la caja. Voy a estudiar, tengo que estudiar... pero no puedo. Odio que esté ahí, odio tener que esconderlo, odio no poder ni mirarlo, pero especialmente odio que te represente tan bien. No estudio más, ya fue.

Me llama. Mentira, no me llama nada, no habla. Estoy loco, siento que me llama. Lo voy a buscar, saco la caja, abro la bolsa. Sigue ahí. Le grito, le pido que pare, pero es inútil... ni que una cosa inanimada fuera a escucharme, ya que tiene el mismo efecto que gritarle al control de la Playstation cuando el cuadrado no me hace caso al patear en el winning eleven. Guardo la caja, pero le pongo más cosas alrededor. Debería alcanzar, ¿no?. Bien sé que no.

Sigue ahí. Estoy paranoico. No puedo más. Me siento como si mi situación fuera una representación de “El corazón delator” de Poe. No puedo más, basta. Lo agarro, lo miro. Me acuerdo más cosas, por más que me hago el que no me interesa. Sonrío, recuerdo más, se siente bien. Nada, lindo nada, también me recuerda un montón de otras cosas más que pensé que tenía enterradas y cerradas. Basta. Agarro la caja, salgo de mi cuarto, necesito tomar aire.

Pienso qué decirle. Lo saco, lo miro y le digo que deje de torturarme. No hace nada… aparte me delira, me gasta, ya que no reacciona. Sé que no puedo esperar mucho más, no es su culpa, la culpa es de todo lo que representa. Ataque de ira, lo revoleo bien lejos para que no vuelva más. ¡Andá a torturar a algún vecino ahora! Para él seguro sos algo sin importancia, por más que para mí tengas un significado especial. Ya está, se fue. Debería poder estar en paz ahora. En qué estaba… ¿Los apuntes? Ya ni me acuerdo lo que buscaba, no quiero ni puedo estudiar. Me cagó el día… ¿pero quién me quita la sonrisa que tuve por unos segundos por esos recuerdos?

16 jun 2010

Hansel y Gretel

Un día Hansel le dijo a Gretel, “tiremos estas migas de pan, así podemos encontrar juntos el camino a casa, ya que perder nuestro camino sería lo peor que nos puede pasar”. Es cierto, perder su camino podría ser una de las cosas más crueles que les podría pasar, pero aún peor sería perder las razones para intentar volver juntos a casa. Olvidarse por qué están ahí, incluso después de recorrer tanto y buscar la forma de regresar, puede ser aún peor que no saber cómo regresar.

Alguna vez, yo también perdí el camino. Ya hace meses que estoy viajando, incluso sin saber mi rumbo. Algunas veces viajé solo, otras tantas alguien me acercó a algún lugar donde me pude sentir cómodo por un rato, pero jamás me volví a sentir en casa. De hecho, cuando llegaba a algún lugar nuevo me sentía que no era realmente yo, una sensación que podría describir como que me había perdido a mí mismo en el camino… y una vez que te perdés a vos mismo, el problema no es de nadie más que de uno.

Cuando estás perdido, te das cuenta de lo lindo que es saber donde estás parado y sentirte cómodo. De repente empezás a extrañar un montón de pequeñas cosas que dabas por seguras. Se dice que no solemos reconocer los momentos significativos de nuestra vida mientras están pasando, ya que crecemos complacientes de ideas, cosas y personas que damos por sentadas y usualmente no es hasta que las perdemos que nos damos cuenta cuanto las necesitamos en nuestra vida, cuanto las amamos.

Alguna vez me pregunté si nosotros creamos los momentos de nuestra vida, o son los momentos de nuestra vida los que terminan creando lo que somos. Jamás lo voy a saber, pero lo que sí sé es que puedo reconocer algunos momentos donde mi vida dio un vuelco grande y definió muchas cosas. Siempre hay un momento en nuestras vidas donde nos damos cuenta que nos fuimos fuera del camino que queríamos seguir.

En ese momento desesperante, debemos elegir una dirección… ¿seguiremos fuera del camino, perdidos en la nada? ¿Pelearemos para volver al camino? ¿No decidiremos, y después pensaremos en qué podría haber pasado? ¿Haremos un nuevo camino, desde cero, pero esta vez intentaremos hacerlo bien? Por momentos, se torna muy difícil saber para donde vamos, y peor aún, muchas veces donde queremos ir realmente no es donde terminamos.

Si pudiera elegir un momento de mi vida donde todo cambió, instantáneamente se me viene esa noche a la cabeza. Esa noche donde la bronca le ganó a la razón, y el impulso fue más fuerte que lo que sabía que debía hacer. Esa noche donde me dí miedo a mí mismo por primera vez, y es el día de hoy que no quiero ni recordarlo, ya que al hacerlo se me llenan los ojos de lágrimas. En ese momento creo que no me conocía ni yo mismo. Estaba volcado al lado del camino, esperando que venga alguien a ayudarme, ya que una cosa es desviarnos un poco, y otra muy diferente es desbarrancar y quedar lastimado, impotente y con bronca porque no tenía porqué tirar un volantazo así para terminar aún peor.

Quizás ese volantazo fue mi forma de decir “Gretel, me parece que nos estamos perdiendo en el medio del bosque, intentemos volver”. El problema es que quizás Gretel pensaba que iba a ser divertido un campamento en el bosque, pero no se daba cuenta que también estaba perdida conmigo y había dejado de ser divertido desde el preciso momento que ya no sabía como volver. Irse de campamento un rato puede ser divertido, pero con el paso de los días se torna insufrible: no tener cambio de ropa, sentirse sucio, tener la espalda dura de tanto dormir mal, y no tener ni un baño cerca. Un rato somos todos felices, pero cuando se extiende en el tiempo indefinidamente molesta. A mí me molesta.

Todavía me acuerdo de lo lindo que se sentía estar en casa, pero sé que es imposible volver a casa después del accidente que sufrimos al desbarrancar… y quizás ni siquiera es lo que quiero, pero sí quiero al menos vivir en el mismo barrio y poder saludarnos sin rencores. A veces me pregunto cómo llegó esa oscuridad a mi vida, y como no me di cuenta de que ahí estaba. ¿Fue algo que buscamos? ¿Fue algo que dejamos entrar como si no hubiera problema? ¿Qué es esta oscuridad? ¿Tiene algún nombre? ¿Tiene TU nombre?

Días como hoy, me hago un montón de preguntas pero no tengo ninguna respuesta. No busco ninguna respuesta tampoco, porque sé que no la hay. Si no salgo a buscarte, es porque sé que corro el riesgo de encontrarte. En todo caso, no perdería demasiado buscando esa respuesta, ya que no se puede romper un corazón roto, y los nuestros ya no tienen ni lugar para ponerle un nuevo parche. Cuando me dí cuenta que estaba cavando todavía un poco más, te pedí una escalera para salir y me tiraste una pala.

Hay cosas difíciles de entender. Si le preguntaras a Adán como es el paraíso, te podría dar infinitas respuestas de la belleza del lugar, de los magníficos paisajes y de todo su esplendor. Quizás, Adán simplemente contestaría “el paraíso es donde está Eva”. No hay nada más que decir para él, y quizás por momentos para mí tampoco. Somos dos idiotas Adán, vos también deberías saber que cuando uno se enamora es como si le diera a alguien el poder de destruirlo, pero confiando en que no lo va a hacer… pero a veces pecamos de confianzudos.

Según Rousseau, cuando uno escribe con sentimiento empieza sin saber lo que se va a decir, y termina sin saber lo que se ha dicho. Así me siento, como que tengo mucho que decir, y a pesar de ver palabras, no puedo llegar a expresar todo lo que tengo adentro. Lo único que sé es que nadie puede crear un nuevo comienzo, pero sí puede empezar ahora y crear un nuevo final. Eso quiero. Nada más, nada menos.