8 jun 2011
The uh-oh moment
In every doomed relationship, there comes what I like to call "The uh-oh moment". When a certain little something happens, and you know you've just witnessed the beginning of the end. And suddenly you stop and you think, "Uh-oh, iceberg ahead".
Esto mismo dice Alfie (Jude Law) cuando Nikki (Sienna Miller) torpemente y algo pasada de alcohol, rompe su copa al brindar con él, continuando con una risa escandalosa después del hecho. Ese momento, tal cual como nos pasa muchas veces a todos, es uno de los puntos de quiebre en cualquier relación interpersonal (y análogamente, con muchas de las situaciones que lidiamos cotidianamente). Casi todas las relaciones que acaban tienen un “uh-oh moment” tarde o temprano, donde te cae la ficha de que eso jamás podría funcionar.
¿Qué pasa entonces cuando una relación termina sin ese tipo de momentos? Creo que muchas veces son necesarios, para marcar un final definitivo, sea en una relación personal, en un proyecto o en un trabajo. Cuando uno se da cuenta que definitivamente algo no podría funcionar, por más que se intente, recién ahí uno se resigna a lo que por decantación terminaría siendo de todas formas, o bien simplemente pierde el interés. El problema no se da cuando llega el momento de quiebre, sino más bien cuando uno no lo encuentra y aún así abandona algo que al momento parece hacerle bien.
Quizás uno deja las cosas a medio hacer sin demasiadas razones, sin tener un punto de quiebre. Un viaje, un trabajo, una relación con una persona, un proyecto. Quizás, simplemente, porque a pesar de ser algo que le haga bien, no parece ser moralmente correcto, no condice con sus objetivos en ese momento, no se tiene tiempo o cualquier otra situación que simplemente hagan que uno deje de hacerlo. Las razones muchas veces parecen convincentes, pero jamás hubo un “uh-oh moment” que reafirme nuestras creencias con respecto al tema. El tema es que siempre queda la duda de “qué hubiera pasado si…”
Lo bueno es que la vida, muchas veces, nos deja darnos la cabeza contra la pared y probar que eso que parecía interesante, sigue siendo posible (o no). Con el paso del tiempo, uno empieza a ver que las razones que se tenían para tomar una decisión en un momento, pueden no ser válidas o importantes en otro. Ese pequeño raye de dejar la carrera de la facultad, quizás no coincidía demasiado con lo bien que le hacía a uno aprender y aplicar todo lo aprendido sobre el tema. Los objetivos de vida y prioridades cambian. La gente cambia… y por eso, muchas veces, uno tiene la posibilidad de retomar algo que había dejado colgado.
En lo personal, prefiero siempre sacarme las dudas con las cosas que me hacen bien. Esa persona especial que conocí y me encantaba compartir momentos, ese alocado plan de viaje que tantas ganas tenía de hacer, ese proyecto personal que hacía que por un rato deje de tener los pies sobre la tierra… si puedo retomarlos, lo voy a hacer. Nada me lo impide, más que los preconceptos internos que pueda llegar a tener con esas cosas. Como mucho, lo peor que me puede pasar sea llegar a ese momento donde piense “iceberg ahead” y me dé cuenta que no era para mí, y simplemente mire para otro lado.
Eso sí, con la duda no me quiero quedar jamás. Creo que lo peor que le puede pasar a alguien, es que cuando le cuente estas historias a sus nietos, no pueda parar de pensar “¿qué hubiera pasado si…?”. Claramente, creo que prefiero el “uh-oh moment” a la eterna duda. ¿Quién sabe? Quizás hasta resulte ser que eso que me hacía bien, me siga haciendo aún mejor ahora que ya no cuento con esos impedimentos que en otro momento no me dejaron apreciarlo como debía…
30 may 2011
El elefante y la estaca
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante, que, como mas tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenia cinco o seis años, yo todavía confiaba el la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imagine que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…
(Jorge Bucay)
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenia cinco o seis años, yo todavía confiaba el la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imagine que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…
(Jorge Bucay)
8 dic 2010
Citas
"Soledad era independencia, yo me la había deseado, y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas."
(El lobo estepario. Herman Hesse).
"El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos."
(El lobo estepario. Herman Hesse)
Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."
(Demian. Herman Hesse)
(El lobo estepario. Herman Hesse).
"El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos."
(El lobo estepario. Herman Hesse)
Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."
(Demian. Herman Hesse)
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