8 dic 2010

Veronika decide morir

-No sé lo que es un loco -susurró Veronika-, pero yo no lo soy. Soy una suicida frustrada.

-Loco es quien vive en un mundo propio. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.

-¿Como tú?

-Sin embargo -continuó Zedka, fingiendo no haber oído el comentario-, ya debes de haber oído hablar de Einstein, que afirmaba que nó había tiempo ni espacio, sino una fusión de ambos. O de Colón, que aseguraba que al otro lado del mar no había un abismo, sino un continente. O de Edmund Hillary, que confirmaba que un hombre podía llegar a la cumbre del Everest. O de los Beatles, que crearon una música diferente y se vestían de manera totalmente innovadora. Tódas estas personas, y millares de otras, también vivían en su mundo.

Esta demente está diciendo cosas con sentido , pensó Veronika, acordándose de las historias que su madre le contaba acerca de santos que afirmaban hablar con Jesús o con la Virgen María. ¿Vivían en un mundo aparte?

-Una vez vi a una mujer con un vestido rojo, escotado, con los ojos vidriosos, andando por las calles de Ljubljana cuando el termómetro marcaba cinco grados bajo cero. Pensé que estaría borracha y fui a ayudarla, pero ella rechazó mi abrigo.

-Quizás en su mundo fuese verano, y su cuerpo estuviera caliente por el deseo de alguien a quien esperaba. Y aunque esa otra persona existiese apenas en su delirio, ella tiene el derecho de vivir y morir como quiera, ¿no crees?

Veronika no sabía qué decir, pero las palabras de aquella loca tenían sentido. ¿Quién sabe si no era la misma mujer que había visto semidesnuda en las calles de Ljubljana?

-Te contaré una historia -dijo Zedka-. Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino colocó una poción mágica en un pozo del que todos sus habitantes bebían. Quien tomase aquella agua, se volvería loco.

A la mañana siguiente, toda la población bebió y todos enloquecieron, menos el rey, que tenía un pozo privado para él y su familia, donde el hechicero no había conseguido entrar El monarca, preocupado, intentó controlar a la población ordenando una serie de medidas de seguridad y de salud pública, pero los policías e inspectores habían bebido el agua envenenada, y juzgando absurdas las disposiciones reales, decidieron no respetarlas de manera alguna.

Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron del contenido de los decretos, quedaron convencidos de que el soberano había enloquecido y por eso disponía cosas sin sentido. A gritos fueron hasta el castillo exigiendo que renunciase.

Desesperado, el rey se declaró dispuesto a dejar el trono, pero la reina lo impidió diciendo: Vayamos ahora hasta la fuente y bebamos también. Así nos volveremos iguales a ellos.

Y así se hizo: el rey y la reina bebieron el agua de la locura y empezaron inmediatamente a decir cosas sin sentido. Al momento sus súbditos se arrepintieron: ahora que el rey estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejarle gobernar?

El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportasen de manera muy diferente a sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el fin de sus días.

Veronika se rió.

-Tú no pareces loca -dijo.

-Pero lo soy, aunque esté siendo curada, porque mi caso es simple: basta recolocar en el organismo una determinada sustancia química. Sin embargo, espero que esa sustancia se limite tan sólo a resolver mi problema de depresión crónica; quiero continuar loca viviendo mi vida de la manera que yo sueño y no de la manera en que otros desean. ¿Sabes lo que hay allá afuera, detrás de los muros de Villete?

-Gente que bebió del mismo pozo. -Exactamente -dijo Zedka-. Creen que son normales porque todos hacen lo mismo. Voy a fingir que también bebí de aquella agua.

(Paulo Coelho)

25 oct 2010

Uccidi a Beatrice, Dante

Dante Alighieri fue un gran poeta, que incluso al día de hoy, es impactante leer. En algunas de sus obras más importantes como “La Divina Comedia” o “Vida Nueva” no solamente es capaz de deleitar a cualquier lector sino que, además, también cuenta muchos de su vida. Además de ser un gran poeta y escritor, Dante también fue un amante empedernido. A la tierna edad de 9 años conoció a Beatrice Pontinari, de quien se enamoró perdidamente, sin condicionamientos. Curiosamente, este amor fue más bien unilateral… pero Dante, contra viento y marea, juró y perjuró su amor por Beatrice, incluso, dedicándole muchos de los mejores versos jamás escritos a una mujer, y que incluso hoy cerca de setecientos años después, se siguen leyendo en todos los idiomas.

Tal fue la importancia de Beatrice que fue casi la razón de su vida… pero lamentablemente, no solamente jamás pudo corresponder su amor, sino que además desgracidamente Beatrice falleció a los 25 años. Al año siguiente, Dante se casó con otra mujer, con quien tuvo cuatro hijos… pero eso no quitaría que, incluso decenas de años después, su amor siguiera siendo Beatrice. Incondicional. Eso era Dante… y quizás para más de una mujer, un romántico incurable, ese tipo ideal para agarrar y no soltar más. Beatrice evidentemente no pensaba lo mismo. Ni siquiera “La Divina Comedia” escrita para ella pudo hacer que la situación cambie.

Dante tiene que matar a Beatrice. Sí, leyeron bien. La tiene que matar, de una vez por todas. No puede ser que le siga jorobando la existencia muchísimos años después de haber dejado de existir en su vida. De hecho, en algún punto, ni siquiera se podría decir que alguna vez realmente “existió” en su vida, más que en su imaginario que derrochaba amor a granel mientras a Beatrice le daba igual. Ojalá se hubiera enamorado en serio de otra, especialmente, de su esposa y madre de sus hijos… pero lamentablemente, si así hubiera sido, jamás hubiéramos tenido “Divina Comedia”, ni mucho menos, estaríamos pensando en él y sus cosas. No es tan fácil matar a Beatrice… pero quizás, sólo quizás, si la mataba realmente (en su mente) hubiera sido mucho más feliz.



3 oct 2010

Amor

Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única. (Borges)

En un beso, sabrás todo lo que he callado. (Neruda)

Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. (Sam Keen)

El hombre y la mujer han nacido para amarse, pero no para vivir juntos. Los amantes célebres de la historia vivieron siempre separados.(Clarasó)

Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho. (Rousseau)

Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad. (Leibniz)

Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto. (Claraso)

Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado. (Shakespeare)

Los besos son como pepitas de oro o de plata, halladas en tierra y sin un gran valor, pero preciosas porque revelan que cerca hay una mina.

Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.(Nietzche)

El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.(Benavente)

Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva. (Mark Twain)

El amor puede esperar todavía cuando la razón desespera. (Lyttelton)